La tecnología algorítmica ADNe®, la nueva aliada de la salud mental

Una mujer sonriendo. Reese Harvey en Unsplash
Una mujer sonriendo. / Reese Harvey en Unsplash
La detección precoz de potenciales desequilibrios neurotransmisores es el objetivo de la tecnología algorítmica ADNe®, la cual trabaja bajo la premisa de que un algoritmo es una fórmula donde un resultado se convierte en una nueva variable.
La tecnología algorítmica ADNe®, la nueva aliada de la salud mental

¿A qué nos referimos cuando mencionamos que una persona sufre un desequilibrio? 11La respuesta a esta pregunta es muy simple: todo lo relacionado con nuestro comportamiento es dependiente de la flexibilidad excitatoria/inhibidora de nuestros sistemas neuromoduladores. Así que una persona desequilibrada es aquella que tiene comprometida dicha flexibilidad y en dependencia de las exigencias percibidas, sus respuestas poseen descompensaciones.

Existen dos parámetros relativamente medibles que no son otros que la ocasionalidad o recurrencia de dicho desequilibrio, y la intensidad de los efectos del mismo. Hasta la fecha ninguno más.

Debe saber que las neuro-imágenes, a menudo coloreadas artificialmente, tan solicitadas en las RRSS no pueden identificar el flujo neurotransmisor y que la concentración hormonal (evidentemente en sangre) no es representativa de la síntesis de las moléculas neurotransmisoras en el cerebro. Así estamos… con escasos recursos y con mucha imaginación.

Por ello, la detección precoz de potenciales desequilibrios neurotransmisores es el objetivo de la tecnología algorítmica ADNe®, la cual trabaja bajo la premisa de que un algoritmo es una fórmula donde un resultado se convierte en una nueva variable. Así funciona todo. Realmente se trata de un algoritmo universal.

¿competencia de Prevención de Riesgos Laborales o de Recursos Humanos?

En la salud mental existe un amplio espectro de desórdenes y trastornos que lejos de ver esclarecidas sus causas, son abordados desde sus consecuencias. De hecho, hasta el mundo de los negocios anda algo revuelto con respecto a este concepto.

¿Por qué? Parece ser que se obvian las evidencias científicas para entrar de lleno en la especulación ausente de medida y de rigor.

A día de hoy todavía no está claro si este tema es competencia de la los profesionales en Prevención de Riesgos Laborales o bien de los departamentos de Recursos Humanos. Lo cierto es que si nos referimos a la salud mental en serio, está claro que necesitamos coordinación entre psicólogos clínicos, psiquiatras, neurólogos, genetistas y biólogos moleculares para acallar la avalancha de predicadores emocionales.

¿Por qué cree que Daniel Goleman no mide la Inteligencia Emocional o Howard Gardner tampoco lo hace con sus Inteligencias Múltiples?

La salud mental está de “moda” 

Es fácil hablar de salud mental pero muy difícil fijar los parámetros que la definen y más desde la observación o la apreciación de síntomas escasamente definidos.

Se conoce que la predisposición biológica de cada individuo para gestionar las oscilaciones neurotransmisoras es única e intransferible. Es como una huella dactilar irrepetible. Por ello, ante un mismo estímulo cada persona reacciona de forma distinta y a menudo, dentro de un rango que no denota ningún problema de salud aunque nos empeñemos en exagerarlo.

Ya le digo que la inmensa mayoría estamos sanos. El estrés que padecemos está dentro de rango de normalidad. Los sufrimientos cotidianos son banales... que si el salario emocional, que si ese jefe que me presiona… que si “ya no puedo más”… que “no tengo tiempo para nada”. Mire. Usted así y se lo ha buscado. De hecho, lo busca continuamente. Quizás su “infelicidad” sea su felicidad.

Actualmente se pretende que la “consecuencia” sea tratada como “origen”, señalando al estrés, al burnout o a cualquier reacción natural como un síndrome tan impreciso como dañino basado en la citación de un neurotransmisor concreto, o la sumo dos.

Para aquellos que proponen alegremente un incremento en la liberación de la “famosa” y desconocida dopamina, solo decirles que su déficit (localizado) está asociado a la enfermedad de Parkinson y su superávit, a la esquizofrenia.

Así mismo, la “ilustre” serotonina es un factor determinante en la depresión profunda y en las iniciativas suicidas.

Es importante tomar consciencia sobre que estas oscilaciones neurotransmisoras se comportan como vasos comunicantes y que la acción de uno conlleva reacciones en cadena en el resto. Lo que realmente vemos o apreciamos como efecto, es la respuesta retardada sin posible resolución.

Gracias a la tecnología ADNe®, que replica el modelo sináptico, se empieza a conocer la sensibilidad de las personas con respecto a la Salud Mental. Hasta ahora hemos hecho caso a eso de “el que evita la ocasión, evita el peligro” como premisa preventiva ausente de predicción.

Otra idea que prolifera en el mundo empresarial es la de relacionar la Felicidad con la salud mental. Lo cierto es que no siempre existe esta relación. Según estudios realizados por el Nobel en medicina Eric Kandel, “Algunas patologías despiertan destrezas y emociones escondidas que sorprendentemente son positivas”.

Parece ser que estamos viviendo “el mundo al revés”. Actualmente se supone que toda persona es débil mentalmente. Hemos llevado la sensibilidad emocional a extremos absurdos. Gracias a ello hemos estrechado tanto el espectro saludable que la mayoría somos sospechosos de “estar enfermos”. @mundiario

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