Tregua estratégica en el PP: Ayuso evita el choque con Feijóo y acepta el modelo de primarias
Isabel Díaz Ayuso ha decidido no librar la batalla por el sistema de primarias en el Partido Popular. En una jugada medida y estratégica, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha optado por no enmendar la ponencia de estatutos del PP que será aprobada en el próximo congreso nacional de julio, donde se recupera el modelo de elección indirecta del líder a través de compromisarios, y se abandona definitivamente el sistema de voto directo por parte de las bases.
Con esta renuncia, Ayuso evita un enfrentamiento abierto con Alberto Núñez Feijóo en un momento político especialmente delicado, marcado por la crisis interna del PSOE y los escándalos que afectan al entorno del presidente Pedro Sánchez. En este contexto, la líder madrileña ha optado por evitar tensiones internas que puedan restar protagonismo a los populares y ha sellado un pacto de mínimos con la dirección nacional para suavizar el nuevo sistema de elección del líder.
El modelo aprobado elimina la doble vuelta en la que los afiliados elegían primero a los candidatos y luego los compromisarios designaban al presidente. A partir de ahora, serán estos delegados quienes voten directamente al líder, aunque serán elegidos por los militantes en listas cerradas asociadas a cada candidato. Esta modificación, impulsada tras semanas de negociación con el PP de Madrid, pretende mantener cierta vinculación entre la voluntad de las bases y el resultado final del congreso.
Desde el entorno de Ayuso, se señala que, aunque el modelo no representa el ideal de “un afiliado, un voto”, sí se ha logrado preservar “el protagonismo del afiliado” al establecer una conexión directa entre su elección de compromisarios y el candidato a la presidencia del partido. En palabras de fuentes madrileñas, “la voz del afiliado se respeta, puesto que el compromisario se debe a lo votado por el afiliado, ya que en su voto va intrínseco el respaldo a un candidato”.
Evitar un conflicto interno en plena crisis del PSOE
El giro de Ayuso ha sido interpretado como un gesto de responsabilidad en un momento en que la oposición observa con atención las grietas del Gobierno. La propia presidenta, de viaje oficial en Nueva York, ha asegurado que “no es el momento de ir al choque” y que el foco debe estar en consolidar una alternativa de Gobierno. Ha confirmado que trabajará con la nueva dirección del partido para desarrollar los detalles del sistema en el futuro Reglamento Marco de Congresos.
La decisión llega tras días de intensas conversaciones entre la dirección nacional del PP y el equipo madrileño, encabezado por Alfonso Serrano, secretario general del PP de Madrid, que negoció hasta el último momento con Miguel Tellado, portavoz parlamentario y figura clave de la dirección de Feijóo. Ambas partes han buscado una salida discreta y sin ruido, conscientes de que un conflicto interno desluciría un congreso concebido para reforzar el liderazgo de Feijóo.
Más allá de la pugna estatutaria, la renuncia de Ayuso a forzar una votación interna revela un cálculo político claro: evitar una fractura que pueda ser explotada por el adversario, justo cuando el caso Cerdán ha generado inestabilidad en el Gobierno de coalición. En los días previos, desde el entorno de Ayuso se admitía en privado que “no es el momento de tensiones internas”, y que el adversario —no el rival interno— debía concentrar todos los ataques.
Ayuso seguirá marcando perfil propio
Sin embargo, este paso atrás no implica una retirada total. Ayuso seguirá marcando perfil propio en el congreso que se celebrará en Madrid, donde será anfitriona y pronunciará un discurso con peso político. Además, queda abierta la posibilidad de introducir enmiendas a la ponencia política, que recoge el ideario del partido, lo que le permitirá fijar posiciones y reforzar su liderazgo autonómico sin desafiar directamente a Feijóo.
El acuerdo alcanzado refuerza, en apariencia, la unidad del PP en torno a su líder nacional. Pero también deja claro que el debate sobre el modelo de partido sigue abierto. Si bien el equipo de Feijóo ha logrado imponer su visión organizativa, la presión ejercida por Ayuso ha permitido matizar un sistema que, de haberse aprobado en su versión más restrictiva, habría supuesto un retroceso significativo en la participación de las bases.
La tregua interna llega en un momento crucial, a las puertas de un congreso que deberá proyectar solidez, claridad programática y ambición electoral. En ese escenario, la renuncia de Ayuso a la confrontación formal con Feijóo aparece no como una derrota, sino como un reposicionamiento táctico, que le permite conservar capital político, evitar fracturas y seguir jugando un papel central en el presente y futuro del Partido Popular. @mundiario





