Los socios de Sánchez se dividen ante el caso Cerdán: respaldo parlamentario sin cheques en blanco
Pedro Sánchez ha salido del pleno extraordinario sobre corrupción celebrado en el Congreso con una victoria parcial y condicionada. Ninguno de sus socios de investidura ha pedido su dimisión —excepto Podemos, PNV y las formaciones minoritarias fuera del grupo de socios UPN y Coalición Canaria—, pero todos han exigido, con diferentes grados de severidad, una respuesta política clara ante el escándalo del exnúmero tres del PSOE, Santos Cerdán, investigado por el presunto cobro de comisiones a cambio de adjudicaciones públicas. El respaldo parlamentario se mantiene, aunque el mensaje apunta, a pesar de todo, que el apoyo no viene en un cheque en blanco.
La intervención de Sánchez, centrada en la presentación de un plan anticorrupción con 15 medidas estructurales, ha sido recibida con una mezcla de comprensión, prudencia y advertencias. En los grupos que sostienen al Ejecutivo se ha impuesto la estrategia del equilibrio: reforzar la estabilidad política sin quedar asociados a la imagen de tolerancia con la corrupción.
Desde ERC, Gabriel Rufián ha marcado una postura de exigencia creciente. Aunque no ha pedido la dimisión de Sánchez, sí ha avisado de que “si esto escala”, su grupo podría exigir la convocatoria de elecciones. El portavoz republicano ha instado al presidente a salir de la “bunkerización” y “pasar a la ofensiva” contra la derecha, pero también le ha recordado que la corrupción en la izquierda conlleva una “penalización mayor” y que puede dejar a muchos votantes “huérfanos”. Rufián no descartó que la continuidad del Ejecutivo acabe favoreciendo a la derecha si no se actúa con firmeza, y advirtió a Sánchez de que “puede llegar el momento en el que usted no frene a la extrema derecha”.
Más tajante ha sido Junts per Catalunya. Miriam Nogueras ha descrito al Gobierno como “en prórroga” y ha dejado claro que sus siete diputados no están para garantizar estabilidad, sino para representar a los intereses catalanes. Junts ha reclamado “medidas profundas y estructurales” y ha recordado que las reformas anunciadas por Sánchez ya habían sido reclamadas por la Comisión Europea. De todas maneras, los independentistas recordaron que su respaldo al Gobierno pasa por el cumplimiento de los acuerdos del pacto de investidura y los intereses de Cataluña.
El PNV y Coalición Canaria: la confianza al límite
El tono más duro llegó desde el PNV. Su portavoz, Maribel Vaquero, afirmó que la confianza en Sánchez “va camino de la UCI” y propuso tres opciones: cuestión de confianza, dimisión con relevo parlamentario o convocatoria electoral. Los nacionalistas vascos han elevado su exigencia a la categoría de ultimátum político. Sánchez replicó que para él y su familia “sería lo más fácil, dar un paso a un lado y dejar que efectivamente o fueran las urnas o fueran sus señorías quienes eligieran a otro presidente o presidenta al frente del Gobierno, pero creo señorías que no es la solución”.
Coalición Canaria, por su parte, pidió también una cuestión de confianza y aseguró que no teme unas nuevas elecciones. La diputada Cristina Valido advirtió del “desgarro” que está sufriendo la democracia española ante el avance de los escándalos, y reclamó que “sea la gente la que hable” en las urnas si el Ejecutivo no logra recomponer su credibilidad.
La unidad progresista
Sumar, socio directo en el Ejecutivo, no rompió con Sánchez, pero pidió un “cambio de rumbo” y un “giro social”. Yolanda Díaz aseguró que no permitirá que “esta la luz se apague”, en alusión al proyecto progresista de la coalición, pero reclamó con claridad un refuerzo de la agenda de izquierdas.
Desde Més-Compromís, Àgueda Micó fue especialmente explícita al señalar que “voy a serle sincera, no damos la legislatura por acabada, pero no tenemos interés en salvarlo a usted”. La diputada valenciana advirtió al presidente de que su continuidad puede poner en riesgo el legado político de la izquierda si no se actúa con contundencia.
Su intervención reveló con claridad que el respaldo de algunos socios responde más a la necesidad de frenar a la derecha que a una confianza sólida en la gestión actual. “Sabemos lo que es tener un Gobierno de PP y Vox, y no vamos a ser partícipes de facilitar su llegada, pero no vamos a ser cómplices de titulares que nos den vergüenza así que reaccionen y cumplan los compromisos”, lanzó la diputada escindida del grupo parlamentario de Sumar y ahora estrenada en el Grupo Mixto.
La nota discordante la puso Podemos. Ione Belarra calificó de “decepcionante” la intervención del presidente y aseguró que el Ejecutivo “no ha aprendido nada”. Aunque el grupo morado no cuenta con el peso parlamentario de otras fuerzas, su ruptura discursiva subraya el deterioro de los lazos con la izquierda alternativa que contribuyó a llevar a Sánchez al poder en 2018.
La comparecencia de Sánchez ha demostrado que, pese al desgaste, sigue contando con el respaldo suficiente para mantener la legislatura viva. Pero la cohesión de sus apoyos es frágil y está atada a una combinación de pragmatismo y temor al ascenso de la derecha. Los socios no le han retirado el apoyo, pero tampoco le han ofrecido un cheque en blanco. Sánchez gana tiempo, pero ya no gana margen. @mundiario





