Sánchez se atrinchera frente a la tormenta: las claves de su comparecencia por el caso Cerdán
En una de sus intervenciones más exigentes desde que asumió la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez compareció este miércoles en el Congreso para dar explicaciones por el escándalo que ha salpicado al PSOE, con el encarcelamiento del exsecretario de Organización Santos Cerdán, y responder a las acusaciones de pasividad y connivencia. En el marco de un pleno monográfico solicitado tanto por él como por la oposición, el presidente presentó un plan de 15 medidas contra la corrupción que aspira a marcar un punto de inflexión y contener la hemorragia de credibilidad que sufre su Ejecutivo.
Sánchez se dirigió a dos públicos claramente diferenciados: sus socios de investidura, de cuyo apoyo depende la estabilidad del Gobierno, y la ciudadanía, cuyo juicio empieza a reflejarse en encuestas desfavorables. El presidente no eludió la autocrítica al admitir haber cometido errores al confiar en Cerdán y José Luis Ábalos, y aseguró que llegó a plantearse dimitir. Pero también trazó un cortafuegos de defensa política, reivindicando su voluntad de agotar la legislatura y comprometiéndose a cumplir hasta el último punto del plan presentado.
El corazón del discurso de Sánchez fue su Plan Nacional contra la Corrupción, diseñado junto a sus socios, principalmente Sumar, la OCDE y con la implicación de actores sociales. Este contempla medidas estructurales en prevención, castigo y reparación del daño causado. Entre los ejes clave se encuentran la creación de una agencia independiente de integridad pública, la fiscalización patrimonial aleatoria a altos cargos, y la utilización de inteligencia artificial en la contratación pública para detectar fraudes.
En el ámbito sancionador, el plan propone el decomiso preventivo de bienes sin condena penal previa, el endurecimiento del Código Penal, y la creación de listas negras que impidan a empresas corruptas contratar con la Administración. Además, se plantea una reforma de las leyes de financiación de partidos para retirar subvenciones a formaciones que mantengan a condenados por corrupción en sus filas o estructuras directivas.
El componente político: una defensa del relato y un contrataque al PP
Más allá del contenido técnico, la comparecencia fue también una operación política de contención y ofensiva. Sánchez volvió a encender el ventilador y tirar del manual de comparación con el Partido Popular, rescatando cifras de la era del Gobierno de Mariano Rajoy: 1.236 cargos imputados, más de 60 causas abiertas y 123 millones esquilmados en la trama Gürtel, frente a los cinco millones en los que la Guardia Civil cifra provisionalmente la trama del caso Koldo.
El presidente fue especialmente duro al acusar al PP de haber alimentado “una corrupción estructural” y de mirar hacia otro lado. También citó expresamente a la llamada “policía patriótica”, deslizando que bajo gobiernos del PP se habría obstruido activamente la acción de la justicia. “Sigue habiendo corruptos y corruptores. Sigue habiendo políticos y cargos públicos de todas las ideologías procesados por malversación, por cohecho o por blanqueo de capitales. Sigue habiendo también pocos, pero los hay, miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por ejemplo, el comisario Villarejo, acusados de revelación de secretos, falsedad documental y organización criminal”, sostuvo el presidente del Gobierno.
Sánchez no evitó referirse a la naturaleza de su vínculo con Cerdán y Ábalos. Reconoció que confiaba en ellos, que les dio responsabilidades y que fue un error no haber atendido con mayor precaución las señales que, según admitió, comenzaron a llegar. Mostró su “estupor” al conocer el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y pidió disculpas públicamente a la ciudadanía. Aunque afirmó que el PSOE no conocía el contenido del documento antes de su publicación en prensa, a pesar de que varias semanas atrás algunos medios ya habían comenzado a publicar nuevas ramificaciones del caso Koldo.
El presidente vinculó su continuidad no solo a una voluntad personal, sino a su compromiso con la transformación del país y con una mayoría parlamentaria que, dijo, sigue apoyando su agenda progresista. “Tirar la toalla no es una opción”, repitió con insistencia.
El mensaje de fondo: Sánchez elige resistir
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, acusó a Sánchez de encubrir la corrupción, de arremeter contra sus propios compañeros —por las alusiones a Felipe González— y de actuar como si el escándalo fuera una “anécdota personal”. Feijóo denunció la “hipérbole mendaz” del Gobierno al minimizar el caso Cerdán y cuestionó la credibilidad del plan anticorrupción.
Desde el PNV, su portavoz Maribel Vaquero advirtió de que la confianza en el Gobierno “está en la UCI”. ERC pidió medidas más drásticas y recordó al presidente que “puede llegar el momento en el que usted no frene a la extrema derecha” y que esa amenaza no puede ser un cheque en blanco. Y desde Junts se deslizó que el apoyo a futuras medidas dependerá de avances concretos en la agenda catalana, como el reconocimiento del catalán en las instituciones europeas.
Sánchez concluyó su intervención con un mensaje de perseverancia. Insistió en que su Ejecutivo es “el más limpio de la democracia”—dijo que el otro sería el de José Luis Rodríguez Zapatero— y se comprometió a evitar que casos como el de Cerdán se repitan. Rechazó la idea de un adelanto electoral y descartó someterse a una cuestión de confianza, desafiando al PP a presentar una moción de censura si realmente cree que el Gobierno ha perdido la legitimidad. @mundiario





