Sánchez abre el melón de las tropas de paz españolas en Ucrania cuando acabe la guerra

El presidente del Gobierno ha anunciado una ronda de contactos con la mayoría de los grupos parlamentarios para abordar la eventual participación de España, en una hipotética misión de paz que prepara la Coalición de Voluntarios para la posguerra.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y Margarita Robles, ministra de Defensa. / La Moncloa
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y Margarita Robles, ministra de Defensa. / La Moncloa

El Gobierno español ha comenzado a preparar el terreno político para un escenario que, hasta hace poco, se consideraba prematuro: la posibilidad de que España contribuya con capacidades militares a una misión de paz en Ucrania cuando termine la guerra. El anuncio de Pedro Sánchez de abrir una ronda de contactos con la mayoría de los grupos del Congreso no implica una decisión cerrada, pero sí marca un punto de inflexión en el debate sobre el papel español en la arquitectura de seguridad europea que se está diseñando para la posguerra.

El contexto es clave. Tras casi cuatro años de invasión rusa, los aliados de Ucrania llevan meses hablando abiertamente de otorgar un marco de garantías de seguridad que permitiría un alto el fuego y, eventualmente, una paz duradera. En ese esquema se inscribe la llamada Coalición de Voluntarios, integrada por 35 países principalmente europeos, entre ellos España, que trabaja en planes para proteger a la población civil y respaldar la estabilidad territorial ucraniana.

El Ejecutivo insiste en una premisa central: no habrá tropas españolas en Ucrania mientras dure la guerra. Cualquier despliegue estaría supeditado a la firma de un acuerdo de paz con garantías “muy fuertes” por parte de Rusia, que disuadan futuros ataques y nuevas pérdidas territoriales. Este matiz no es menor, ya que asume implícitamente que el eventual acuerdo podría incluir concesiones territoriales por parte de Kiev, un coste político que solo sería asumible si las garantías de seguridad resultan creíbles y vinculantes.

Desde París, tras la reunión de la Coalición de Voluntarios copresidida por Francia, Reino Unido y Alemania, Sánchez defendió que “empieza a cobrar forma” un marco de seguridad que abre la puerta al fin del conflicto. En ese contexto, España —según el presidente— debe estar presente tanto en la reconstrucción económica como en el diseño de las garantías de seguridad, incluidas las de carácter militar.

El Congreso como actor imprescindible

La decisión de convocar a los grupos parlamentarios responde también a una exigencia institucional. La Ley de Defensa establece que el Congreso debe autorizar previamente cualquier misión de las Fuerzas Armadas fuera del territorio nacional. Sánchez ha subrayado que informará a la Cámara y a la ciudadanía cuando los planes estén más definidos, pero el simple anuncio de la ronda anticipa un debate político de calado.

El presidente ha precisado que contactará con “la mayoría” de los grupos, una fórmula que previsiblemente incluirá al PP y a los socios habituales del Gobierno que son abiertamente contrarios a incrementar el gasto en defensa, pero que hasta ahora ha dejado fuera a Vox en rondas similares. La iniciativa busca, al menos formalmente, compartir información y explorar consensos en un asunto sensible que trasciende el corto plazo y afecta a la política exterior, la defensa y la posición internacional de España.

El planteamiento del Gobierno se inscribe en una dinámica más amplia. Algunos países —Francia, Reino Unido, los nórdicos y los bálticos— ya han avanzado su disposición a desplegar tropas en una futura misión de paz, e incluso a crear centros de entrenamiento en territorio ucraniano. Otros, como Alemania, Italia o Polonia, se muestran más prudentes, aunque Berlín no descarta participar desde países vecinos.

España y el nuevo equilibrio europeo

EE UU, que participó por primera vez de forma directa en la reunión de París, aparece como garante último del esquema de seguridad, con un papel destacado en la supervisión del alto el fuego. Este respaldo es interpretado en Europa como un paso relevante, especialmente en un contexto de incertidumbre sobre el compromiso estadounidense a largo plazo.

Para España, la eventual participación en una misión de paz en Ucrania supondría alinearse con la idea de que la seguridad europea ya no es un asunto periférico. Como recordó Sánchez, el país ha desplegado tropas en misiones internacionales en otras regiones; la novedad ahora es que el escenario estaría en las puertas del continente y vinculado a la redefinición del orden de seguridad tras la invasión rusa.

Pese al tono más explícito del presidente, el Gobierno insiste en que no hay plazos ni decisiones inmediatas. El debate se abre ahora, cuando todavía no existe un acuerdo de paz firmado y cuando muchos elementos —financiación, mandato, reglas de enfrentamiento— siguen por definir. La ronda con los grupos parlamentarios busca, en ese sentido, preparar el terreno político y evitar que una decisión futura se adopte sin un mínimo de contraste interno. @mundiario

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