Macron y Merz elevan el tono en Año Nuevo y alertan de la amenaza rusa: Europa ante un cambio de era
Los mensajes de Año Nuevo suelen ser ejercicios de equilibrio entre balance y esperanza. Sin embargo, los pronunciados por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, han coincidido en un diagnóstico poco complaciente: Europa se enfrenta a un contexto de amenaza estructural que trasciende la coyuntura de la guerra en Ucrania y apunta directamente a Rusia como factor desestabilizador continental.
Sin estridencias, pero con una claridad inusual para este tipo de alocuciones, ambos dirigentes han situado la seguridad europea en el eje del debate político del nuevo año. No se trata solo de solidaridad con Kiev, sino de la percepción de que el ataque ruso forma parte de un plan más amplio que afecta al conjunto del continente.
Merz fue especialmente explícito. En su primer discurso de Año Nuevo como canciller, insistió en que la invasión de Ucrania “no se trata de una guerra lejana que no nos afecta, porque cada vez vemos más claro que el ataque de Rusia era y es parte de un plan dirigido contra toda Europa. Alemania también es objeto diario de sabotajes, espionaje y ciberataques” que forman parte, a su juicio, de una presión cotidiana que confirma que las pretensiones del Kremlin van más allá del territorio ucraniano.
El mensaje del canciller conecta con una idea que empieza a consolidarse en el debate europeo: la seguridad ya no puede delegarse de forma casi automática en EE UU. Merz lo expresó con cautela diplomática, pero con firmeza política, al señalar que los europeos deben defender sus intereses “con sus propias fuerzas”. El trasfondo es claro: el vínculo transatlántico sigue siendo clave, pero ya no basta como única garantía.
Macron y la “Europa de la defensa”
Desde París, Macron reforzó esa misma tesis con un enfoque más estratégico. En su discurso, alertó del “regreso de los imperios”, del cuestionamiento del orden internacional y de un mundo dominado por guerras comerciales, rivalidades tecnológicas e inestabilidad. En ese marco, Rusia aparece como uno de los actores que ponen a prueba la capacidad de Europa para preservar su independencia y sus libertades.
El presidente francés volvió a reivindicar la necesidad de acelerar la construcción de una “Europa de la defensa”, una idea recurrente en su mandato, pero que ahora adquiere un tono más urgente. La referencia a la reunión en París de la llamada Coalición de Voluntarios —una treintena de países dispuestos a ofrecer garantías de seguridad a Ucrania— apunta a un intento de traducir el discurso en compromisos concretos.
Ambos líderes coincidieron también en vincular la amenaza rusa con un contexto global más amplio. Merz habló abiertamente de un “cambio de era” en el que la guerra, el proteccionismo y la instrumentalización de las dependencias económicas se entrelazan. No es una reflexión abstracta: Alemania arrastra dos años de recesión y un 2025 de crecimiento nulo, lo que refuerza la sensación de vulnerabilidad estratégica.
Macron, por su parte, trató de contraponer ese “desorden del mundo” con la capacidad de resistencia de Francia, subrayando la fortaleza de sus instituciones, su ejército y su economía. Sin embargo, incluso en ese tono más optimista, el mensaje central fue que la estabilidad interna depende cada vez más de la capacidad de Europa para protegerse frente a amenazas externas, incluidas las injerencias en procesos electorales.
Una advertencia compartida, no un alarmismo
Las intervenciones de Macron y Merz pueden leerse como un intento de preparar a la opinión pública europea para decisiones difíciles: mayor inversión en defensa, más coordinación militar y una asunción gradual de costes políticos y económicos. La advertencia sobre Rusia funciona así como un marco explicativo de reformas y cambios que, en otras circunstancias, resultarían difíciles de justificar.
En vísperas de un año clave para la UE, con elecciones en varios países y un escenario internacional volátil, los discursos de Año Nuevo han servido para fijar un punto de consenso entre París y Berlín. Europa, sugieren ambos líderes, ya no puede permitirse la ambigüedad estratégica. La amenaza rusa no es solo un desafío externo: es el catalizador de una transformación profunda del proyecto europeo. @mundiario





