Rusia acusa a Ucrania de matar a 24 civiles con drones, mientras Putin estrena 2026 con un nuevo ataque

El Kremlin denuncia que Kiev lanzó un ataque con tres drones a territorio ocupado, aunque las fuerzas rusas desplegaron una ofensiva con 200 aeronaves sobre infraestructura energética y zonas residenciales ucranianas.
Los servicios de rescate de Ucrania utilizan generadores para un centro de apoyo vital. / Servicio de Estado de Emergencia de Ucrania
Los servicios de rescate de Ucrania utilizan generadores para un centro de apoyo vital. / Servicio de Estado de Emergencia de Ucrania

El comienzo del 2026 estuvo marcado por una nueva escalada en el conflicto entre Rusia y Ucrania. Moscú acusó a las fuerzas ucranianas de haber causado la muerte de al menos 24 civiles en un ataque con drones contra la localidad de Jorli, en la región de Jersón, territorio ocupado por Rusia. Según las autoridades rusas, el ataque alcanzó un restaurante y un hotel donde vecinos celebraban la llegada del Año Nuevo, dejando además medio centenar de heridos, varios de ellos en estado grave.

De acuerdo con la versión oficial rusa, tres drones impactaron contra el complejo, uno de ellos con carga incendiaria, provocando un fuego que se propagó rápidamente. Las autoridades locales, encabezadas por el gobernador impuesto por Moscú, Vladímir Saldo, sostienen que todas las víctimas eran civiles y que el ataque constituye uno de los episodios más letales atribuidos a Ucrania desde el inicio de la guerra. Moscú calificó lo ocurrido como un “ataque terrorista” y aseguró que responderá en el campo de batalla.

Sin embargo, la versión rusa ha sido cuestionada por medios internacionales y las fuentes ucranianas. Diversos portales, como Most o Oboz, apuntan a que en Jorli operan estratégicas instalaciones militares rusas, incluidos centros de mando y entrenamiento. Según estas fuentes, el lugar alcanzado podría haber albergado personal militar, lo que explicaría la magnitud del ataque. También ponen en duda la cifra de civiles reunidos en un pequeño municipio de apenas unos 400 habitantes, aunque reconocen que existen precedentes de ataques con alto número de víctimas en localidades pequeñas.

La falta de verificación independiente complica la reconstrucción precisa de los hechos. No obstante, el propio contexto del ataque —en plena noche de Año Nuevo, en una zona bajo ocupación militar— ilustra el grado de exposición de la población civil en un conflicto que, a casi cuatro años de su inicio, continúa desdibujando la frontera entre objetivos militares y espacios civiles.

Un conflicto que se recrudece mientras se habla de paz

El episodio se produce en un momento especialmente sensible. Mientras Moscú acusa a Kiev de matar civiles, Ucrania denuncia una nueva oleada de ataques rusos contra su territorio. Según Kiev, más de 200 drones fueron lanzados durante la noche del 31 de diciembre contra infraestructuras energéticas y zonas residenciales en regiones como Odesa, Járkov, Donetsk y Zaporiyia. Las autoridades ucranianas informaron de al menos dos muertos y decenas de heridos, además de daños significativos en instalaciones críticas en pleno invierno.

Este cruce de ataques se produce, paradójicamente, cuando ambas partes hablan de avances diplomáticos. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que un eventual acuerdo de paz estaría “al 90%”, aunque advirtió que el tramo final —relativo a cuestiones territoriales y de seguridades el más complejo. En paralelo, Estados Unidos y varios países europeos han intensificado contactos para explorar fórmulas de desescalada, mientras Moscú insiste en que cualquier negociación debe reconocer sus demandas territoriales.

El ataque en Jorli se ha convertido rápidamente en un elemento más de la guerra informativa. Para Rusia, refuerza el argumento de que Ucrania ataca deliberadamente a civiles; para Kiev, se trata de una manipulación que oculta la presencia militar rusa en zonas ocupadas. La ausencia de observadores independientes y el control informativo en áreas bajo ocupación dificultan establecer una versión concluyente.

Mientras tanto, la presunta ofensiva ucraniana fue condenada por varios funcionarios rusos. Valentina Matviyenko, presidenta de la Cámara Alta del Parlamento de Rusia, el Consejo de la Federación, afirmó que el ataque “reforzó” la determinación de Rusia para lograr rápidamente sus objetivos en su invasión de casi cuatro años a Ucrania. “El ataque demuestra una vez más la validez de nuestras demandas iniciales”, declaró Matviyenko.

Esta declaración sigue a las afirmaciones de Moscú de que Ucrania lanzó un ataque con drones de largo alcance contra una de las residencias oficiales del presidente ruso, Vladímir Putin, en el noroeste de Rusia. Kiev ha calificado las acusaciones como un ardid para desviar las negociaciones de paz en curso, que se han intensificado en las últimas semanas en ambos lados del Atlántico.

Lo que sí resulta evidente es que el inicio de 2026 no ha traído una desescalada del conflicto, sino una intensificación del sufrimiento civil. La coincidencia entre los ataques, las acusaciones cruzadas y los contactos diplomáticos revela una paradoja cada vez más marcada: mientras se habla de paz, la guerra sigue marcando el día a día sobre el terreno. @mundiario

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