Zelenski reestructura su Ejecutivo ante el bloqueo diplomático y apuesta por la resistencia

Con las negociaciones de paz nuevamente estancadas, el presidente Ucrania impulsa una profunda remodelación del Gobierno para priorizar la capacidad tecnológica y cerrar la etapa política marcada por la salida de Andrí Yermak.
Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. / @ZelenskyyUa
Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. / @ZelenskyyUa

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha iniciado una reestructuración de su Ejecutivo y del aparato de seguridad del Estado en un momento de especial desgaste político y militar. El movimiento llega cuando las expectativas de una salida negociada al conflicto con Rusia se han debilitado y cuando Kiev asume que el horizonte inmediato pasa por sostener la resistencia y reforzar sus capacidades defensivas.

La reorganización, además, tiene una clara lectura interna: pasar página de la etapa asociada al dimitido jefe de Gabinete, Andrí Yermak, y redefinir los equilibrios de poder en torno a la presidencia.

Zelenski ha justificado los cambios con un argumento central: si los aliados occidentales no consiguen presionar a Moscú para detener la guerra, Ucrania debe prepararse para forzar a Rusia a desgastarse. En ese escenario, el presidente considera imprescindible contar con “fuerzas frescas” y estructuras más ágiles, capaces de responder a una guerra cada vez más marcada por la tecnología, la producción de drones y la protección de infraestructuras críticas.

La reestructuración se plantea, por tanto, como una adaptación estratégica más que como un simple ajuste político.

Entre los nombramientos más llamativos figura el de Mijailo Fedorov como nuevo ministro de Defensa. Hasta ahora viceprimer ministro y responsable de Transformación Digital, Fedorov no procede de las estructuras militares tradicionales, un hecho que ha generado escepticismo en algunos sectores.

Sin embargo, su perfil tecnológico encaja con la evolución del conflicto, donde Ucrania ha apostado de forma intensiva por el desarrollo de drones, sistemas digitales de mando y soluciones innovadoras para compensar su inferioridad material frente a Rusia. Desde esta perspectiva, su falta de trayectoria en Defensa puede interpretarse también como una oportunidad para introducir reformas en un ministerio a menudo criticado por su lentitud y opacidad.

Otro movimiento relevante es el traslado de Denís Shmigal al Ministerio de Energía. El sector energético se ha convertido en uno de los principales frentes de la guerra, tanto por los ataques rusos a infraestructuras clave como por los problemas de gestión y los escándalos que han afectado a anteriores responsables. Zelenski ha destacado el enfoque “sistemático” de Shmigal como una cualidad necesaria para estabilizar un ámbito vital para la economía y la resistencia civil del país, especialmente de cara a los inviernos y a la presión sobre la red eléctrica.

La reconfiguración del núcleo presidencial se completa con el nombramiento de Kirilo Budánov, hasta ahora jefe de la inteligencia militar, como responsable de la administración presidencial. A su lado, Zelenski ha situado a Serguí Kislitsia, exembajador ante la ONU, como primer adjunto.

Este tándem combina experiencia operativa y diplomática, en un momento en el que Kiev necesita coordinar la guerra sobre el terreno con la batalla política en los foros internacionales. El relevo simboliza también un giro hacia perfiles directamente vinculados a la seguridad nacional, en detrimento de figuras más políticas.

Sin embargo, no todos los cambios han sido pacíficos. La dimisión de Vasil Maliuk al frente del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) ha provocado una reacción poco habitual: varios altos mandos militares han salido públicamente en su defensa.

Comandantes clave han advertido de que un relevo en la cúpula del SBU podría suponer un riesgo operativo en un momento crítico. Maliuk ha sido una figura controvertida, especialmente por su papel en episodios de fricción relacionados con organismos anticorrupción, pero también se le atribuyen algunas de las operaciones más audaces contra objetivos rusos, incluidas acciones profundas en territorio enemigo.

Esta tensión refleja uno de los dilemas centrales de la reorganización: cómo equilibrar la eficacia militar, la cohesión interna y la credibilidad institucional. Parte de la oposición y de la sociedad civil cuestiona que Zelenski concentre aún más el poder en un círculo reducido de leales y alerta de los riesgos de realizar cambios profundos en plena guerra. Al mismo tiempo, el presidente parece decidido a asumir el coste político de estas decisiones para mantener el control del rumbo estratégico.

En conjunto, la reestructuración del Ejecutivo ucraniano evidencia un cambio de prioridades. Con la vía diplomática en punto muerto, Zelenski apuesta por un Gobierno orientado a la resistencia, la tecnología y la gestión de una guerra de desgaste. El objetivo no es tanto enviar un mensaje de ruptura como ajustar el Estado a una realidad que se prolonga más de lo previsto. @mundiario

Comentarios