El arquitecto de los ataques más audaces de Ucrania dimite bajo las presiones de Zelenski

En un momento clave del conflicto, el presidente ucraniano reordena su equipo de seguridad y reasigna al jefe de los servicios de inteligencia, Vasyl Maliuk, para que se centre en operaciones asimétricas contra Rusia.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski y Vasyl Maliuk, exjefe del SBU. / @ZelenskyyUa
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski y Vasyl Maliuk, exjefe del SBU. / @ZelenskyyUa

La dimisión de Vasyl Maliuk como jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) no puede entenderse como una simple salida forzada ni como un relevo administrativo convencional.

Se produce en el marco de una amplia reestructuración del Ejecutivo impulsada por el presidente Volodímir Zelenski, en la que confluyen el desgaste de casi cuatro años de guerra, tensiones políticas internas y la necesidad de adaptar el aparato de seguridad a una fase del conflicto cada vez más marcada por la guerra no convencional.

Maliuk, considerado el arquitecto de algunas de las operaciones más audaces de Ucrania contra Rusia, deja el cargo bajo presión directa del presidente, pero no abandona el sistema. Al contrario: Zelenski ha dejado claro que seguirá dentro del SBU, concentrado en lo que mejor sabe hacer, según sus propias palabras: diseñar y ejecutar “operaciones asimétricas de nivel mundial” destinadas a infligir el “máximo daño” a Moscú. El mensaje oficial busca subrayar continuidad operativa pese al cambio en la cúpula.

El movimiento resulta llamativo porque Maliuk no es un funcionario más. Bajo su mando, el SBU amplió de forma notable su papel en la guerra, pasando de un enfoque clásico de contrainteligencia a convertirse en un actor clave de los ataques encubiertos dentro y fuera de Ucrania.

La llamada Operación Telaraña, en la que drones ucranianos atacaron aeródromos situados a miles de kilómetros del frente y destruyeron una parte significativa de los portamisiles estratégicos rusos, consolidó su reputación tanto dentro del país como entre aliados occidentales.

A esa operación se suman otros golpes simbólicos y estratégicos: ataques repetidos contra el puente de Kerch, infraestructuras clave en Crimea ocupada, y el uso de drones navales Sea Baby, que en diciembre alcanzaron un submarino ruso en el puerto de Novorosíisk. Estos episodios reflejan una doctrina basada en compensar la inferioridad convencional con creatividad tecnológica, sorpresa y profundidad operativa, un terreno en el que Maliuk ha sido especialmente influyente.

¿Por qué, entonces, forzar su salida como jefe del SBU? La respuesta no es única. Oficialmente, Zelenski habla de la necesidad de “caras nuevas” y de reorganizar el poder tras años de guerra. Sin embargo, el contexto político sugiere más capas. La etapa de Maliuk estuvo marcada por controversias, sobre todo por el papel del SBU en operaciones contra organismos anticorrupción, que provocaron críticas de la sociedad civil y de socios internacionales sensibles a la gobernanza y al Estado de derecho en Ucrania.

Además, la dimisión se produce en paralelo a otros movimientos de calado: el nombramiento del jefe de la inteligencia militar, Kirilo Budánov, al frente de la Oficina Presidencial; el traslado de Oleh Ivashchenko a la jefatura de la Dirección Principal de Inteligencia (HUR); y la llegada de Mijailo Fédorov exministro de Transformación Digital, al Ministerio de Defensa.

El regreso al equipo de figuras como el exministro de Exteriores Dmitro Kuleba refuerza la impresión de que Zelenski busca reequilibrar su entorno tras la salida de Andrí Yermak y su círculo más cercano.

En este tablero, Maliuk aparece como una figura demasiado poderosa y popular para desaparecer del todo, pero quizá incómoda para seguir al frente de una institución tan sensible como el SBU en un momento de escrutinio político.

Su reasignación permite a Zelenski mantener su talento operativo, al tiempo que introduce un nuevo liderazgo formal. El elegido como jefe interino, Yevhenii Khmara, comandante de la unidad especial Alpha, es un perfil respetado dentro de las fuerzas de seguridad y asociado a la eficacia táctica más que a la política.

La decisión también tiene una lectura estratégica. Al separar la gestión institucional del SBU de la conducción directa de operaciones encubiertas, Zelenski podría estar buscando una mayor flexibilidad y una cadena de mando más clara. Maliuk, liberado de la carga administrativa y del foco político, se concentraría exclusivamente en acciones de alto impacto contra Rusia, justo cuando Kiev necesita mantener la iniciativa en un conflicto cada vez más prolongado. @mundiario

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