Renuncia a los cazas F-35 de EE UU: el PP retoma el pulso con la política de defensa de Sánchez

La oposición solicita la comparecencia de la ministra Robles para esclarecer una renuncia que, a juicio de los populares, compromete la operatividad de la Armada y deja sin respuesta inmediata la sustitución de los Harrier AV8B.
Maragrita Robles, ministra de Defensa y José Antonio Agüero, Comandante del Comando de Operaciones. / Ministerio de Defensa
Maragrita Robles, ministra de Defensa y José Antonio Agüero, Comandante del Comando de Operaciones. / Ministerio de Defensa

El Partido Popular ha reaccionado con contundencia ante la decisión del Gobierno de renunciar a la adquisición del caza F-35 de la estadounidense Lockheed Martin, una medida adelantada por El País que ha generado preocupación en la oposición por sus posibles consecuencias en las capacidades operativas de la Armada española.

La formación liderada por Alberto Núñez Feijóo ha solicitado la comparecencia urgente de la ministra de Defensa, Margarita Robles, en la Comisión de Defensa del Congreso para que explique públicamente las razones de esta decisión y las alternativas que maneja el Ejecutivo para suplir la capacidad aérea embarcada que perderá la Armada a partir de 2030.

El Ministerio de Defensa ha confirmado que España no adquirirá los F-35, pese a que había abierto la puerta a esa posibilidad a través de una RFI (Request for information) no vinculante. El presupuesto de 2023 incluso incluía una partida de 6.250 millones de euros destinada a la compra de aviones sustitutivos de los Harrier de la Armada y de los F-18 del Ejército del Aire y del Espacio.

Sin embargo, la aprobación en abril del nuevo plan de seguridad y defensa, que contempla una inversión de 10.471 millones de euros para alcanzar el 2 % del PIB en gasto militar, ha condicionado las futuras adquisiciones. Según ese plan, el 85 % de los fondos deben invertirse en productos europeos, lo que descarta de facto la compra de tecnología estadounidense como el F-35.

Sustituir los Harrier

El PP teme que esta decisión deje a la Armada sin aviación embarcada durante al menos una década. La única aeronave actualmente disponible con capacidad de despegue vertical que puede sustituir a los Harrier AV8B es precisamente la versión naval del F-35, el modelo F-35B. Sin él, el buque Juan Carlos I solo podrá operar helicópteros, a la espera de un eventual portaviones cuya viabilidad ya está siendo evaluada por Navantia.

También el Ejército del Aire y del Espacio había mostrado interés en el F-35 como puente hasta la llegada del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS), previsto para 2040, aunque su margen temporal es mayor.

Además de la solicitud de comparecencia, el PP ha registrado una batería de preguntas escritas en el Congreso para conocer en profundidad los criterios técnicos que han llevado a descartar la compra del F-35, qué otras opciones se están barajando para sustituir los Harrier, y cómo se garantizará el despliegue aéreo de la Armada a corto y medio plazo.

También quieren saber si el Gobierno contempla prolongar la vida útil de los Harrier actuales, algo que fuentes militares descartan por completo, ya que EE UU e Italia —los únicos países que seguían utilizándolos— están retirándolos del servicio y ya no habrá disponibilidad de repuestos ni soporte técnico.

El PP registra una batería de preguntas

Desde las filas populares se insinúa que la decisión de descartar el caza estadounidense podría responder más a condicionamientos políticos que a razones estrictamente técnicas, señalando veladamente la posible influencia de Sumar, socio del PSOE en el Gobierno. Sin embargo, el PP evita pronunciarse de manera explícita sobre si España debe o no adquirir el F-35, limitándose a exigir transparencia, análisis riguroso y una hoja de ruta clara para preservar la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas.

El debate sobre la renovación de los sistemas de combate aéreo se entrelaza así con las tensiones políticas en el Congreso y con el equilibrio estratégico que España intenta mantener entre su compromiso europeo y su cooperación militar con Estados Unidos.

El rechazo al F-35, uno de los cazas más avanzados del mundo, supone también una señal sobre el tipo de autonomía estratégica que el Gobierno busca consolidar, pero no está exento de críticas en un contexto geopolítico cada vez más inestable, donde la capacidad de respuesta rápida y el dominio aéreo siguen siendo piezas clave. @mundiario

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