Sánchez se queda solo en la cumbre de la OTAN: una apuesta de alto riesgo por la defensa
La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebrada esta semana en La Haya ha servido de escenario para uno de los episodios más significativos —y arriesgados— de la política exterior española reciente. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se convirtió en el único líder de los países aliados en rechazar abiertamente el compromiso de aumentar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB para 2035, una decisión que lo ha dejado aislado en la escena internacional y ha provocado una dura respuesta de EE UU, encabezada por el presidente Donald Trump.
Lejos de acatar las exigencias del bloque transatlántico, Sánchez optó por mantener el objetivo del 2,1 %, escudándose en la necesidad de compatibilizar las inversiones en seguridad con la protección del Estado del bienestar. “Es suficiente, realista y compatible con nuestro modelo social”, defendió el presidente en su intervención. Esta postura no solo lo distanció del núcleo duro de la OTAN, sino que también generó malestar entre socios como Polonia, Dinamarca y Bélgica, que llegaron a calificar irónicamente su actitud de “genialidad” o “mal ejemplo”. Incluso el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, dejó claro que no existía acuerdo con España, en una declaración que desmentía las interpretaciones del Ejecutivo español sobre un pacto para evitar llegar al 5 % del PIB.
Las consecuencias políticas y diplomáticas no se hicieron esperar. Trump, desde el mismo escenario de La Haya, lanzó una amenaza directa: una posible guerra comercial contra España. “Les voy a hacer pagar el doble”, advirtió el republicano, visiblemente irritado. A sus palabras se sumaron las del secretario de Estado, Marco Rubio, quien criticó a España dentro de la OTAN por negarse a asumir mayores responsabilidades militares. Washington ve en esta negativa no solo un gesto de deslealtad, sino una vulnerabilidad estratégica para el conjunto de la Alianza.
Pero el contexto interno también es clave para entender la decisión de Sánchez. La legislatura atraviesa una crisis profunda, marcada por las sospechas de corrupción que salpican al PSOE a raíz del caso Koldo y por la fragilidad de una mayoría parlamentaria sostenida con alfileres. En este marco, un incremento significativo del gasto militar podría detonar la ruptura con sus socios parlamentarios —como Sumar, ERC o EH Bildu—, reacios a que se recorte en sanidad, educación o pensiones para financiar inversiones en defensa. Moncloa calcula que alcanzar el 5 % supondría movilizar más de 300.000 millones hasta 2035. “¿De dónde salen esos fondos? ¿De más impuestos o de recortes sociales?”, se preguntó Sánchez.
El aislamiento de Sánchez en La Haya
Sin embargo, el precio internacional de esta postura ha sido elevado. El presidente del Gobierno, habitual protagonista de los corrillos diplomáticos, se mostró inusualmente aislado durante la cumbre. Sin reuniones bilaterales ni intercambios visibles con otros mandatarios, su imagen quedó en segundo plano frente a la de líderes como Emmanuel Macron, Keir Starmer o Mette Frederiksen. Ni siquiera se produjo un saludo con Trump, a pesar de que ambos compartieron espacio físico en la sesión plenaria. Una actitud que, aunque justificada por Moncloa como “casualidad”, simboliza la brecha que separa ahora a España de sus principales aliados.
En Bruselas, Sánchez tendrá este jueves la oportunidad de recomponer su perfil internacional en el marco del Consejo Europeo. Pero lo ocurrido en La Haya marca un punto de inflexión. Mientras algunos analistas ven en la defensa del 2 % un gesto de coherencia interna con su proyecto político, otros alertan del riesgo que supone distanciarse del eje atlántico en un momento de creciente tensión geopolítica por la amenaza de Rusia y la inestabilidad en Oriente Próximo. La Alianza Atlántica ha acordado revisar el plan del 5 % en 2029, pero el mensaje es claro: el compromiso militar será cada vez más exigente.
El Gobierno insiste en que España está cumpliendo sus obligaciones y que su contribución se ajusta a lo pactado, pero la presión externa aumenta. La amenaza de aranceles estadounidenses podría tener efectos tangibles en la economía española, ya golpeada por otras disputas comerciales con Washington. Por ello, en Moncloa se manejan con cautela: no se prevé una respuesta diplomática inmediata y se confía en que la mediación comunitaria amortigüe el golpe.
La apuesta de Sánchez, por tanto, es de alto riesgo: defender la coherencia de su agenda social a costa de enfrentarse al núcleo duro de la OTAN. Puede reforzar su imagen entre los suyos, pero también debilitar la ya deteriorada posición internacional de España en un momento en el que la unidad del bloque occidental se considera estratégica. La incógnita es si la legislatura resistirá los embates de una decisión que ha dejado al presidente solo ante el mundo. @mundiario





