La presión de los socios con la legislatura en juego: ¿una cuestión de confianza a la vista?

Sánchez comparece ante el Congreso en una sesión que puede marcar el futuro del Gobierno, mientras la presión del caso Cerdán y las dudas sobre la credibilidad del PSOE acusan el momento más delicado de la legislatura.
Gabriel Rufián, portavoz de ERC. / Congreso de los Diputados
Gabriel Rufián, portavoz de ERC. / Congreso de los Diputados

Pedro Sánchez se enfrenta hoy a un examen político sin precedentes desde su llegada a La Moncloa. La comparecencia en el Congreso, centrada en las presuntas tramas de corrupción que afectan al PSOE y al Gobierno, no será solo un ejercicio de rendición de cuentas, sino un pulso con sus propios aliados. La legislatura pende de un hilo, y los socios que sostienen al Ejecutivo llegan a la cita entre la indignación, la desconfianza y la expectativa.

El caso Cerdán, con su dimensión judicial y política, ha golpeado el núcleo de poder de Sánchez. Su entrada en prisión ha dinamitado cualquier intento del presidente por encapsular la crisis, que se acumula con la imputación del exministro de Transportes José Luis Ábalos y las denuncias de acoso contra el exdirector de la Coordinación Institucional de La Moncloa, Francisco Salazar. Este triángulo de crisis ha minado la autoridad del presidente y generado dudas sobre su capacidad de liderazgo.

Sánchez comparece sin que haya prevista una votación, lo que otorga una red de seguridad institucional, pero no política. Los grupos parlamentarios no se pronunciarán hoy en forma de sí o no, pero sí lo harán con sus discursos, sus exigencias y sus silencios. Desde el Grupo Mixto, Coalición Canaria y Més-Compromís ya han planteado explícitamente la necesidad de que el presidente se someta a una cuestión de confianza. Sumar, por su parte, ha elevado el tono: “La confianza está agotada”, ha advertido el diputado de Compromís (Iniciativa) Alberto Ibáñez.

Desde los Comunes, Gerardo Pisarello ha hablado abiertamente de esta comparecencia como una posible “antesala de una cuestión de confianza formal”, alertando de que, si Sánchez no está a la altura, la viabilidad del Ejecutivo se verá aún más erosionada. Aunque no hay una amenaza concreta de ruptura inmediata, la presión es real y creciente.

La incógnita Sumar: entre la crítica y la lealtad tensa

El socio de coalición del PSOE llega a la cita en un momento de profunda división interna y con una agenda propia que busca diferenciarse del ala socialista. Yolanda Díaz había previsto intervenir directamente en el pleno —algo sin precedentes— para marcar distancia con el presidente. La repentina muerte de su padre pone en duda finalmente su presencia, pero no diluye el mensaje: Sumar exige medidas anticorrupción contundentes y un giro social que recupere el pulso de la coalición.

El distanciamiento con el PSOE es tan evidente como calculado. Desde la Vicepresidencia Segunda aseguran que no existe ningún pacto con Sánchez para repartirse los papeles. Díaz quería visibilizar el contraste entre quienes apuestan por reformar en serio y quienes, según ella, se aferran a la inercia. Aunque el tono es duro, Sumar no plantea represalias inmediatas, lo que revela una presión más simbólica que práctica.

El independentismo catalán y vasco: presión por su agenda

Junts per Catalunya y Esquerra Republicana han situado sus reivindicaciones como condición sine qua non para continuar apoyando al Gobierno. El expresident catalán Carles Puigdemont exige el cumplimiento de los acuerdos pactados para permitir la investidura de Sánchez, con especial énfasis en la transferencia de competencias en inmigración y la oficialidad del catalán en Europa. ERC, más pragmática, centra su presión en la agenda anticorrupción —con medidas como la inhabilitación de por vida a corruptores— y en el cumplimiento del pacto de financiación singular para Cataluña, así como el traspaso de Cercanías “revertir el déficit de inversiones” y “más soberanía en los sectores estratégicos” para este territorio.

El portavoz Gabriel Rufián ha descartado una cuestión de confianza si no hay medidas convincentes, pero ha advertido que si la crisis escala, “Lo que decimos es que, si esto sigue escalando, al final la gente tiene que decidir lo que tiene que ser del PSOE, del Gobierno y de este país. No convienen puntos intermedios. Si todo queda aquí, este Gobierno tiene que seguir, pero si escala la gente tiene que decidir. Cosas intermedias, son un salseo”, afirmó Rufián. Junts, por su parte, se mueve entre el escepticismo y la vigilancia. Su confianza, admiten, está “al límite”.

Los nacionalistas vascos mantienen una posición de expectante cautela. Desde el PNV se insiste en que lo importante es el cumplimiento de los acuerdos de investidura —como el traspaso de la gestión de la Seguridad Social— y evitan por ahora elevar el tono. Sin embargo, no descartan “abrir carpetas” si la situación se deteriora. En un momento en que el PP corteja activamente sus votos, los jeltzales se reservan el papel de árbitro en la sombra.

EH Bildu, por su parte, ha endurecido su discurso y reclama reformas estructurales en la adjudicación pública, sanciones ejemplares a las empresas corruptoras y una regeneración institucional efectiva. La formación abertzale, sin embargo, se mantiene dentro del marco de apoyo tácito al Gobierno, siempre que se avance en su agenda plurinacional.

Podemos, en ruptura simbólica, pero sin riesgo

Podemos, en franca descomposición y ubicada ya en el Grupo Mixto tras su divorcio con Sumar y salida traumática del primer Gobierno de coalición del PSOE, ha sido la más tajante en su diagnóstico: la legislatura está políticamente “arrasada”. Sin embargo, la secretaria general Ione Belarra descarta exigir una cuestión de confianza o forzar elecciones. Su mensaje se centra en la necesidad de construir una alternativa al bipartidismo y cuestiona tanto al PSOE como al PP por sus prácticas políticas.

Su actitud revela el desgaste de una alianza que ya no se sostiene en la confianza ni en una hoja de ruta común, sino en los equilibrios parlamentarios que impiden una alternativa viable a corto plazo.

La sesión de este miércoles en el Congreso no decidirá formalmente el futuro del Gobierno, pero sí marcará el punto de inflexión de una legislatura cada vez más frágil. Sánchez llega debilitado, con sus principales colaboradores cuestionados judicialmente y con la credibilidad interna y externa en mínimos. Sus socios, aunque molestos, aún no han cruzado el Rubicón. Pero la advertencia está sobre la mesa: si no hay un cambio de rumbo creíble, la legislatura puede encallar definitivamente.

Por ahora, nadie contempla una moción de censura liderada por el PP, que además requeriría del apoyo de Vox y una eventual convocatoria a elecciones que beneficie probablemente a la ultraderecha, pero sí se extiende la sensación de que el tiempo político del presidente se agota. La cuestión de confianza se ha instalado como amenaza latente. Todo dependerá de la capacidad de Sánchez para reconectar con sus apoyos y traducir sus anuncios en hechos. Porque el margen de error, en esta fase, es cero. @mundiario

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