Venezuela (2): De Hugo Chávez a Nicolás Maduro

La justificación occidental a favor de la democracia y el bienestar en Venezuela tampoco es creíble, mientras callen ante de las violaciones de los derechos humanos en Oriente Próximo (Arabia Saudí, Egipto…), y los crímenes de lesa humanidad cometidos por Israel en los Territorios Palestinos ocupados.
Hugo Chávez y la reina Isabel II. / Captura de pantalla
Hugo Chávez y la reina Isabel II. / RR SS

Desde la caída del muro de Berlín (1989) y el derrumbe de los regímenes de Europa del Este, llamados a sí mismos socialistas, aunque no lo fueran en absoluto, los Estados Unidos se consideraron con el “derecho divino” (es decir, por encima del derecho internacional) a actuar como vigilantes de un orden mundial que, por supuesto, debe priorizar sus intereses particulares por encima de los del resto del mundo. En esta estrategia imperialista si un pequeño país como Venezuela, con enormes reservas de petróleo (y parece que también de oro) no respeta ese orden internacional debe ser castigado y sus gobernantes destituidos sin que importe el modo y las formas.

Un objetivo al que el Imperio se viene aplicando desde hace algunas décadas, particularmente desde que Hugo Chavez ganará sus primeras elecciones democráticas (1998) e iniciará su mandato con la osadía de promulgar “una ley de tierras y desarrollo agrario” con la que quiso iniciar una reforma agraria “para profundizar la lucha contra el latifundio, recuperar los predios del Estado ocupados por terratenientes y promover la inclusión de los campesinos al aparato productivo nacional” (10 de diciembre del 2001) 

“Pocos gobiernos en el mundo son objeto de campañas de demolición tan cargadas de odio como Hugo Chávez, presidente de Venezuela. Sus enemigos no han vacilado ante nada: golpes de Estado, huelgas petroleras, éxodo de capitales, intentos de atentados, mentiras e insidias. ¿Por qué tanto odio contra Chávez?”. Este titular de Le monde diplomatique en marzo de 2008 podría perfectamente reescribirse en la actualidad cambiando solamente el nombre de Chavez por el de Maduro. Señalo esto porque carece de rigor cualquier balance que se haga sobre Venezuela si no tiene en cuenta estas evidencias. ¿Como, por ejemplo, valorar debidamente los informes emitidos en mi anterior artículo Venezuela (I): De Hugo Chávez a Nicolás Maduro  sin tener en cuenta estas realidades que condicionaron fuertemente la acción política y la marcha económica del gobierno venezolano desde el ascenso de Chavez a la Presidencia de Venezuela?. Un largo período durante el cual se celebraron en ese país más elecciones democráticas (6 elecciones parlamentarias en 20 años) que en cualquier otro país latinoamericano. Elecciones en las que nunca se pudo evitar la constante injerencia de los Estados Unidos y la permanente puesta en cuestión de los resultados.

El ascenso de Hugo Chavez al poder en Venezuela (1998) marcó el inicio de un período en el que Latinoamérica giró a la izquierda: Brasil en 2002 (Luiz Inacio Lula), Uruguay en 2004 (Tabaré Vazquez, José Mujica), Bolivia en 2005 (Evo Morales, Luis Arce), Ecuador en 2007 (Rafael Correa), Paraguay en 2008 (Fernando Lugo). Un período en el que “tras una etapa de estancamiento económico y aumento de la desigualdad social, los años que van de 2002 a 2008 registraron crecimiento económico y disminución de la desigualdad, desmintiendo las informaciones y augurios de la prensa norteamericana” (JOSEP FONTANA: El siglo de la revolución). Destacar que, en el caso que nos ocupa, Hugo Chávez con su revolución bolivariana “consiguió resultados tan notables como reducir a la mitad las cifras de la miseria y aumentar el crecimiento del PIB de una tasa del 0,3% al 5,6% en 2012. Chávez redistribuyó los beneficios del petróleo para mejorar los niveles de vida de la mayoría. Un sistema de beneficios sociales que dependía de los precios del petróleo y que no estuvo acompañado por un esfuerzo paralelo para transformar la economía venezolana, algo que pagaría duramente su sucesor” (J. F.) Nicolás Maduro.

Durante el mandato de Hugo Chavez (1999-2013), que coincidió con las presidencias en Estados Unidos de Bill Clinton, George W. Bush Jr y Barack Obama, Venezuela fue víctima de una continua práctica de acciones subterráneas por parte del Imperio que buscaban su destitución o aniquilamiento. Un acoso que cobraría nueva fuerza “en la campaña contra Nicolás Maduro, que llegó al poder tras la muerte de Chavez en marzo del 2013. Maduro quiso seguir la política de su predecesor y no supo adaptarse a las nuevas circunstancias de crisis agravadas por la caída de los precios del petróleo, que había de incidir duramente en una economía que importaba el 70% de los alimentos que consume” (J.F.). Circunstancias que facilitaron que perdiera las elecciones parlamentarias del 2015. Por cierto, una de las pocas elecciones celebradas en Venezuela que no fueron cuestionadas por el Imperio estadounidense y sus satélites.

Un acoso que, como señalaba antes, adopta formas diversas y que en no pocos casos se puede calificar de criminal. Mientras escribo estas líneas se conoce un nuevo atentado de los Estos Unidos contra el derecho internacional con Venezuela como víctima: la confiscación en la República Dominicana del avión oficial de Nicolás Maduro. Con acciones de esta naturaleza, auténticamente de piratas, y que se viene a sumar a otras anteriores, pierden valor las críticas estadounidenses al régimen bolivariano. 

Acciones de acoso y derribo que se intensificaron durante el mandato de Barack Obama (2015) y entre las que cabe destacar el bloqueo por la banca internacional de las cuentas del estado venezolano, grandes empresas que dejan de comercializar con Venezuela, altos funcionarios perseguidos y encarcelados, embargo de las exportaciones de crudo, prohibición internacional de venta de recursos esenciales, prohibición de la utilización de sus reservas de oro para pagar alimentos, combustible, medicinas y otras importaciones, impedimento del acceso a dólares, entre otras. “Los economistas Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs calcularon los efectos de esa guerra económica: 40.000 muertes solo entre 2017 y 2018. Y la relatora especial de Naciones Unidas Alena Douhan informó que unos 2,5 millones de venezolanos sufrían de inseguridad alimentaria y 300.000 estaban en peligro de muerte por haber caído las importaciones en un 73%, debido a las sanciones y a pesar de que Venezuela tenía recursos para pagarlas. Según esta relatora, las sanciones provocaron que sólo pudiera funcionar el 20% del equipo hospitalario del país. Incluso se bloqueó el pago de vacunas contra el Covid para que el gobierno de Maduro no pudiera contar con ellas: 

La guerra ilegal contra Venezuela de la que no se hablaEn este contexto y mientras continúe su apoyo a estas acciones, los gobiernos occidentales, y sus portavoces mediáticos, no están legitimados para criticar al actual régimen venezolano a pesar de sus grandes errores y déficits democráticos. No están legitimados porque su justificación de querer que progresen la democracia y el bienestar en Venezuela tampoco es creíble mientras mantengan un doble rasero que queda en evidencia con su clamoroso silencio delante de las violaciones de los derechos humanos cometidas en Oriente Próximo (Arabia Saudí, Egipto…), sus respuestas incoherentes a los crímenes de lesa humanidad cometidos por Israel en los Territorios Palestinos ocupados, su desigual comportamiento frente a los que huyen de las guerras según vengan de Ucrania o de Afganistán y Siria. Dispares comportamientos que confirman que el apoyo de Occidente a los derechos humanos es selectivo e interesado: Informe 2022/23 Amnistía Internacional: La situación de los derechos humanos en el mundo. @mundiario

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