Tamames y Abascal evidenciaron que aún existe la España casposa

Son minoría, pero aún así millones en todo el Estado los que asumen el discurso clasista, machista xenófobo, antigallego, iliberal y antidemocrático de Tamames y Abascal, de Abascal y Tamames. Pero Feijóo aún no ha expresado lo único que puede decir.

Santiago Abascal y Ramón Tamames. / RR SS
Santiago Abascal y Ramón Tamames. / RR SS

Abascal y Tamames –Tamames y Abascal– mostraron en el pasado debate parlamentario de la moción de censura de Vox una vuelta a la España de la caspa (acaso algunos vivan en ella), mientras el PP de Núñez Feijóo no fue capaz de distanciarse de la propuesta del extremismo ni votando en contra ni proyectando en la opinión pública un mensaje claro de alejamiento respecto de semejante nivel de casposidad.

Las mayorías sociales en toda Europa  entendemos los valores de la convivencia plural y de la tolerancia. Siendo plurales nuestras sociedades es  lógico que las personas que son sus representantes políticos tengan distinto aspecto y presencia, distintas maneras de vestir y de expresarse. Abascal piensa que hay una sola manera de vestir con dignidad en los parlamentos, porque le niega la cualidad de la ciudadanía a millones que votamos distinto. Ese es su radical alejamiento con todo lo que sienten y piensan las mayorías. La definición política de la españolidad que esas palabras reflejan son propias de una España monolítica, autoritaria y clasista.

Por su parte, Tamames asumió las tesis anticientíficas del pseudohistoriador Pío Moa para defender que la guerra civil comenzó en  1934 e intentar situar al mismo nivel de desprestigio la legalidad republicana y –en mi país, Galicia– estatutaria y la genocida agresión de los rebeldes franquistas. También intentó vincular indisolublemente el régimen del 78 a la mera evolución monárquica del própio régimen franquista, cuando dató la “democracia española” en la aprobación de la ley de reforma política de 1976 en vez de vincularla al proceso complejo de aprobación de la Constitiución y de los Estatutos de las nacionalidades que la llenan, amplían y dotan de un profundo sentido plurinacional que ahora los novios del régimen del 78 desechan.

Reflejó también Tamames su adhesión clasista a las peores propuestas económicas de la derecha española, al rechazar un muy discreto SMI de 1082 €/mes que por lo visto “España no se lo puede permitir” y al propugnar la extensión de la sanidad privada en nuestro sistema prestacional de la salud pública. Y como el bienestar público siempre va vinculado al autogobierno, propugnó al tiempo que esa extensión de la sanidad privada habría de  desarrollarse al amparo de una gestión sanitaria única, recentralizada desde ese Madrid donde quieren negociar exclusivamente las grandes empresas del sector. También propugnó esa misma recentralización en la gestión y contenidos de la educación, que habría ser unilingüe en castellano.

Proyectaron Tamames y Abascal –Abascal y Tamames– unas sociedades donde mujeres, inmigrantes, colectivos LGTBI, personas trabajadoras y librepensadoras y todas aquellas que anteponemos nuestra cualidad nacional gallega, catalana o vasca a la formal ciudadanía española no deberíamos tener espacio ni voz propias. Proyectaron una España de la casposidad que rechaza los valores liberales y democráticos de la Europa plural de 2023.

Son millones en todo el Estado los que apoyan el mensaje clasista, machista, iliberal y antigalega de Tamames y Abascal. Lo más grave es que aun no vemos la única reacción posible de Núñez Feijóo: romper de una vez con estos enemigos de la democracia y de la convivencia. @mundiario

 

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