La resistencia de Hezbolá al desarme impulsa a Israel a desatar una ola de bombardeos sobre el Líbano

Tel Aviv acusa a Hezbolá de reorganizar sus fuerzas pese al alto el fuego y lanza una nueva oleada de ataques aéreos tras el rechazo chií al plan del Gobierno libanés que busca el desarme de las milicias.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @IsraeliPM
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @IsraeliPM

El sur del Líbano volvió a ser escenario de intensos bombardeos israelíes este jueves, en lo que constituye una de las mayores ofensivas desde el cese de hostilidades pactado a finales de 2024. Las explosiones, concentradas al este de la ciudad de Tiro, provocaron al menos una víctima mortal, varios heridos y la suspensión de clases en una amplia franja de municipios, donde el pánico se extendió rápidamente entre la población civil.

El ejército israelí, a través de su portavoz en árabe, Avichay Adraee, anunció ataques “selectivos” contra lo que calificó como “infraestructura militar de Hezbolá”. Sin embargo, las autoridades libanesas denuncian que los bombardeos impactaron zonas residenciales y carreteras, generando un nuevo desplazamiento de civiles en localidades como Abasiyeh, Tair Deba y Aita el Shab.

El portavoz había emitido siete comunicados distintos en los que avisa de bombardeos inminentes sobre diversos municipios libaneses. En algunos de estos comunicados, se incluyen mapas con edificios marcados en rojo, instando a la población civil a alejarse de ellos al menos 500 metros por su propia seguridad.

Los ataques coinciden con un momento político delicado en Beirut. El Gobierno del primer ministro Nawaf Salam, respaldado por el presidente Joseph Aoun, estudia un plan para desarmar a Hezbolá y otras facciones armadas no estatales, una medida impulsada por el Ejército libanés con el apoyo de varios socios occidentales.

Hezbolá, por su parte, ha rechazado frontalmente la iniciativa. En una carta dirigida al Ejecutivo y al Parlamento, el movimiento chií instó a las autoridades a concentrarse en “mantener el alto el fuego con Israel” en lugar de “ceder ante presiones externas para desarmar la resistencia”. Según la organización, la insistencia en retirarles las armas “permite a Israel explotar la situación y condicionar el fin de sus violaciones del alto el fuego a la rendición del Líbano”.

Un equilibrio militar y político en crisis

La negativa de Hezbolá al desarme no es nueva, pero ahora se produce en un contexto de creciente presión internacional. El grupo, respaldado por Irán, sostiene que sus armas son una “garantía de defensa nacional” frente a las incursiones israelíes. “El enemigo no solo ataca a Hezbolá, sino al Líbano en su totalidad”, afirmó la organización, que reivindica su derecho a resistir lo que considera “una ocupación y agresión continuada”.

Israel, en cambio, acusa a Hezbolá de utilizar el alto el fuego para reconstruir su poderío militar en el sur libanés. “No permitiremos que vuelvan a armarse ni que recuperen su capacidad para amenazar al Estado de Israel”, declaró la portavoz gubernamental Shosh Bedrosian, justificando los ataques como una acción preventiva.

La escalada actual remite inevitablemente a la ofensiva israelí del año pasado, cuando más de 500 personas murieron en un solo día de bombardeos sobre el sur del Líbano. Aquel episodio marcó el inicio de una guerra de dos meses que concluyó con una tregua mediada por Estados Unidos, pero que nunca logró consolidar una paz estable.

Desde entonces, tanto Israel como Hezbolá se han acusado mutuamente de incumplir el cese al fuego. Según el Ministerio de Salud libanés, más de 270 personas han muerto y unas 850 han resultado heridas en ataques israelíes desde la implementación del alto el fuego. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha confirmado que al menos 107 de esas víctimas eran civiles.

Entre la diplomacia y la confrontación

El Gobierno de Joseph Aoun ha intentado mantener una línea de equilibrio entre la presión internacional y las divisiones internas. Aunque ha criticado las incursiones israelíes y la ocupación de varios puntos fronterizos, también se ha mostrado dispuesto a negociar para reducir tensiones. Sin embargo, el desafío de desarmar a Hezbolá —una fuerza política y militar profundamente arraigada— parece, por ahora, un objetivo inalcanzable.

El dilema para Beirut es evidente: ceder al desarme podría fracturar el frágil equilibrio político interno, pero no hacerlo aumenta el riesgo de una nueva ofensiva israelí de gran escala ante el rearme chií.

La oleada de bombardeos de esta semana refleja que el alto el fuego vigente desde 2024 se sostiene sobre una base extremadamente precaria. Con el sur del Líbano bajo fuego y la frontera norte de Israel en alerta constante, cualquier nuevo enfrentamiento podría arrastrar a ambos países a una repetición del conflicto pasado.

Mientras tanto, la población civil —entre la huida, la incertidumbre y la fatiga de la guerra— vuelve a ser la principal víctima de un pulso que, pese a las treguas y promesas diplomáticas, sigue sin encontrar una salida sostenible. @mundiario

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