El Líbano avanza hacia el desarme de Hezbolá: una decisión histórica bajo múltiples presiones
En una de las decisiones más significativas en años recientes dentro de la política libanesa, el Gobierno del primer ministro Nawaf Salam ha solicitado formalmente al Ejército que elabore, antes de que finalice el año, un plan para garantizar que sólo las instituciones estatales posean armas. Esta resolución apunta directamente al desarme de Hezbolá, el grupo armado chií respaldado por Irán que durante décadas ha operado como un Estado dentro del Estado libanés, con una estructura militar paralela al Ejército nacional.
La medida se produce en medio de una creciente presión internacional, especialmente por parte de Estados Unidos, que desde hace meses ha instado a Beirut a tomar acciones concretas para limitar el poder militar de Hezbolá. Durante una visita clave en julio, el enviado estadounidense Tom Barrack entregó una hoja de ruta al Gobierno libanés para desarmar al grupo como condición para retomar las negociaciones con Israel y evitar más ataques al territorio libanés donde hay presencia de la milicia.
Según la declaración del primer ministro Salam tras una maratoniana sesión de seis horas del Gabinete, la intención del Ejecutivo es reforzar el monopolio estatal sobre el uso de la fuerza, un principio que, aunque consagrado en la teoría, rara vez se ha cumplido en la práctica libanesa. El plan se someterá a debate antes de su aprobación, pero el simple hecho de su elaboración ya ha generado un terremoto político.
El trasfondo es claro: tras catorce meses de hostilidades con Israel, culminadas en un alto el fuego mediado por Estados Unidos en noviembre pasado, Hezbolá ha sufrido bajas significativas, con líderes muertos, miles de combatientes perdidos y gran parte de su capacidad armamentística comprometida. El contexto actual ha debilitado a la organización hasta niveles impensables hace apenas dos años, lo que ha abierto una ventana de oportunidad política para impulsar su desarme.
La presión de Estados Unidos: estrategia y objetivos
Washington considera que la presencia armada de Hezbolá constituye no solo un obstáculo para la estabilidad del Líbano, sino también una amenaza directa a los intereses de seguridad de Israel y para la estabilización de Oriente Próximo. El plan presentado por el enviado Barrack incluye el compromiso libanés de desarmar al grupo a cambio de la retirada israelí de cinco enclaves ocupados en el sur del país y el cese de ataques sobre territorio libanés. No obstante, Beirut ha caminado con cautela: el equilibrio sectario del país y el apoyo popular con el que aún cuenta Hezbolá entre la población chií hacen de este un terreno políticamente minado.
En este sentido, el Gabinete optó por dar un paso intermedio —elaborar el plan— sin comprometer aún su ejecución inmediata, lo cual ya fue suficiente para detonar la respuesta airada del grupo.
Apenas horas después del anuncio, Hezbolá emitió una declaración en la que calificó la medida como un “pecado grave” y la atribuyó a “dictados estadounidenses” que, según el grupo, solo benefician a Israel. En su declaración, el movimiento chií aseguró que actuará como si la decisión “no existiera” y acusó al Gobierno de querer despojar al Líbano de su capacidad de resistencia frente a la agresión israelí.
Además, revelaron que sus ministros chiíes abandonaron la reunión del Gabinete como forma de protesta antes de que se tomara la decisión. Aunque el grupo se declaró dispuesto a dialogar sobre una estrategia nacional de seguridad, dejó claro que no aceptará ningún desarme unilateral ni condicionado a presiones externas.
El líder adjunto del grupo, Naim Qassem, fue aún más contundente: rechazó cualquier calendario de desarme impuesto mientras Israel siga violando el alto el fuego y advirtió de que una “agresión a gran escala” por parte del Estado israelí sería respondida con una nueva guerra.
¿Qué está en juego?
La decisión del Gobierno libanés marca un punto de inflexión en la política nacional. Hasta hace poco, Hezbolá no solo era considerado un actor militar imprescindible para la “resistencia” contra Israel, sino también un socio político fundamental con poder de veto en las instituciones estatales. El nuevo paso sugiere que ese equilibrio de poder está comenzando a cambiar, empujado por la presión internacional, el desgaste militar del grupo y una voluntad —aún incipiente— de reconfigurar el control sobre las armas en el país.
Sin embargo, aún está por verse si este plan podrá implementarse sin detonar una crisis interna. El Líbano es un país de complejos equilibrios confesionales, donde los acuerdos políticos suelen estar atados a pactos de poder informal. El intento de imponer el monopolio estatal sobre las armas podría abrir una confrontación abierta si no se gestiona con extremo cuidado.
El encargo al Ejército libanés de elaborar un plan para desarmar a Hezbolá representa un cambio notable en la postura oficial del Estado y refleja una coyuntura regional e interna distinta a la de años anteriores. Aún no hay garantías de que el proceso llegue a concretarse, pero el hecho de que se esté discutiendo ya constituye un desafío sin precedentes al monopolio de facto que durante décadas mantuvo Hezbolá sobre la política de defensa libanesa. @mundiario


