Netanyahu advierte de que Israel actuará en el Líbano “según sea necesario” si Hezbolá no se desarma
En una declaración que reaviva la tensión en la frontera norte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, advirtió este domingo de que Israel intervendrá en el Líbano “según sea necesario” si Hezbolá no cumple con el desarme impulsado por el Ejecutivo del presidente libanés Joseph Aoun y EE UU.
El líder israelí denunció que la milicia chií “intenta rearmarse y reorganizarse”, a pesar de las condiciones del alto el fuego alcanzado en noviembre de 2024. La advertencia coincide con un aumento de los ataques transfronterizos y con la creciente frustración de Washington ante lo que ha considerado públicamente como “la parálisis” del Gobierno libanés.
Durante la reunión semanal de su gabinete, Netanyahu insistió en que Israel ejercerá su “derecho a la legítima defensa” si el frente libanés vuelve a representar una amenaza. “Esperamos que el Gobierno libanés cumpla sus compromisos, en particular el de desarmar a Hezbolá. Pero está claro que ejerceremos nuestro derecho a la autodefensa, según lo estipulado en los términos del alto el fuego”, dijo el primer ministro. “No permitiremos que Líbano se convierta en un nuevo frente contra nosotros, y haremos lo que sea necesario”, añadió.
Las declaraciones se produjeron después de un ataque israelí el sábado por la noche contra un vehículo en las cercanías de la ciudad de Nabatieh, a más de diez kilómetros de la frontera. Según el Ejército israelí, el misil mató a cuatro miembros de la Fuerza Radwan, la unidad de élite del brazo armado de Hezbolá. Netanyahu aseguró que el ataque se dirigió contra “operativos implicados en la transferencia de armas y el restablecimiento de infraestructura” en el sur del país, en violación del acuerdo de tregua.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, reforzó la advertencia. Acusó al presidente Aoun, de “demorarse” en el cumplimiento de las obligaciones pactadas y afirmó que las tropas “intensificarán sus operaciones” para garantizar la seguridad en el norte de Israel. “Hezbolá está jugando con fuego”, señaló Katz, quien recordó que la milicia debía ser expulsada del sur de Líbano y sustituida por el Ejército libanés. Sin embargo, la realidad sobre el terreno muestra una situación mucho más ambigua.
Fuentes del Ejército libanés citadas por Reuters aseguraron que han destruido tantos depósitos de armas de Hezbolá que “se han quedado sin explosivos” y esperan completar su labor en el sur antes de que acabe el año. No obstante, las hostilidades diarias continúan: según la ONU, solo en la última semana de octubre murieron 16 personas por bombardeos israelíes, cifra que eleva a más de un centenar los civiles libaneses fallecidos desde la firma del alto el fuego.
En Washington, la situación ha despertado creciente impaciencia. El enviado especial estadounidense para Siria calificó recientemente al Líbano como “un Estado fallido” y criticó su “Gobierno paralizado”, al tiempo que reafirmó el compromiso de apoyo a Israel. “América no va a involucrarse más profundamente con una organización terrorista extranjera y un Estado fallido que dictan el ritmo y piden más recursos y dinero”, declaró.
Aunque reconoció que “no es razonable pedirle al Líbano que desarme por la fuerza a uno de sus partidos políticos”, en referencia a Hezbolá, que mantiene una influencia decisiva en el sistema político y social libanés, también aseguró que el Ejeutivo debe tomar acción, usando como ejemplo a Damasco: “Siria muestra el camino”, en lo referente a la exigencia de Israel de crear una zona desmilitarizada que los divida.
El contexto regional añade complejidad a esta nueva fase del conflicto. Mientras Siria y Estados Unidos avanzan en conversaciones de distensión, Israel mantiene posiciones en al menos cinco puntos estratégicos dentro del territorio libanés, justificando su presencia por las “violaciones” de Hezbolá al alto el fuego. Desde Beirut, el Gobierno denuncia que los bombardeos israelíes afectan a zonas civiles y a infraestructuras esenciales, lo que agrava una crisis humanitaria y económica ya extrema.
El pulso entre Israel y Hezbolá, en el que Líbano aparece atrapado entre la presión externa y su propia fragilidad institucional, refleja una disputa que excede lo militar: se trata de quién definirá el equilibrio de poder en un Oriente Próximo que, aún tras los recientes realineamientos diplomáticos, sigue sin hallar un punto de estabilidad. @mundiario


