El funeral del Papa Francisco: así será el último adiós del pontífice que eligió la sobriedad
El Vaticano ya ha puesto en marcha el minucioso protocolo que regula las exequias de un pontífice, y en el caso de Francisco, estas ceremonias adquieren una carga simbólica y política inusitada. No solo se trata de despedir al primer Papa latinoamericano y jesuita de la historia, sino de rendir homenaje a una figura que quiso redefinir el papado como un servicio, no como una corona. El funeral de Francisco, que tendrá lugar este sábado a las 10 de la mañana en la plaza de San Pedro, reunirá a líderes mundiales y mostrará al mundo una Iglesia Católica que abraza la sobriedad que decidió Jorge Mario Bergoglio para su despedida.
Francisco, coherente con su visión pastoral, dejó todo atado y bien atado. En abril de 2024, aprobó una versión revisada del Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, el manual que regula los funerales papales. Su deseo era claro: ser enterrado “con dignidad, pero como todo cristiano”. No habrá catafalcos, ni triple ataúd de ciprés, plomo y roble, ni apelativos grandilocuentes. Será recordado como Pastor, Obispo de Roma, Romanus Pontifex, desprovisto de títulos como “Soberano del Estado del Vaticano” o “Sumo Pontífice de la Iglesia Universal”.
El cuerpo del Papa será expuesto a los fieles durante tres días en la Basílica de San Pedro, y su sepultura tendrá lugar en la basílica de Santa María la Mayor, tal y como dejó escrito en su testamento firmado en 2022, cuando ya intuía que su ocaso estaba próximo.
La trascendencia de la figura de Francisco va más allá de lo eclesiástico. Su funeral será un acontecimiento geopolítico de primer nivel. Entre los asistentes confirmados figuran líderes de los cinco continentes: los Reyes de España, Emmanuel Macron (Francia), Volodímir Zelenski (Ucrania), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Donald Trump (EE UU), Olaf Scholz (Alemania), Keir Starmer (Reino Unido) y Javier Milei (Argentina), entre muchos otros.
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, ha cancelado su agenda internacional para estar presente en la primera fila de las exequias del sumo pontífice, y también la acompañarán la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa y la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola. Tanto el presidente portugués Marcelo Rebelo de Sousa como su primer ministro en funciones, Luís Montenegro, estarán en el Vaticano ese día, junto al presidente del Estado federal alemán Frank-Walter Steinmeier, al igual que la presidenta del Consejo Federal de Suiza, Karin Keller-Sutter.
La presencia de Milei es especialmente significativa, no solo por el origen argentino del Papa, sino por las tensiones que ambos mantuvieron en vida. El mandatario libertario ha asegurado que “las diferencias hoy resultan menores”, en un gesto de reconciliación que da cuenta de la dimensión histórica de la figura del Pontífice.
El gesto final de Francisco
En sus últimas horas, el Papa quiso salir una vez más al encuentro del pueblo. El domingo anterior a su fallecimiento se asomó al balcón del Vaticano y pidió recorrer la plaza en papamóvil. Fue su última bendición popular. Esa misma noche, tras cenar y retirarse a descansar, se sintió indispuesto al amanecer. Murió a las 7.35 del lunes 22 de abril. “No sufrió, sucedió todo rápidamente”, han señalado fuentes vaticanas. Su último gesto fue un saludo de despedida a su enfermero personal, Massimiliano Strappetti.
La maquinaria del futuro ya está en marcha
Mientras el mundo despide a Francisco, el Vaticano ya trabaja en el porvenir. Este martes tuvo lugar la primera de las congregaciones generales previas al cónclave que se celebrará la primera semana de mayo. En estos encuentros, los cardenales intercambian impresiones sobre el rumbo que debe tomar la Iglesia y empiezan a perfilar al próximo Papa.
Actualmente hay 135 cardenales electores, aunque ya se han producido las primeras ausencias por motivos de salud, como la del español Antonio Cañizares. La mayoría necesaria se sitúa ahora en 89 votos.
Todo el diseño de las exequias, desde el ataúd de madera y zinc hasta la eliminación de elementos como el báculo o el doble velatorio, responde a una idea clara: la del Papa como servidor, no como figura de poder. Francisco, al igual que hizo con el funeral de Benedicto XVI, ha querido dejar su sello hasta el final.
El suyo no será un adiós solemne al estilo renacentista, sino una despedida evangélica. Un testimonio de vida que se despide con sobriedad, dejando un legado que marcará a su sucesor: una Iglesia más cercana a los pobres, más crítica con el poder y más consciente de su papel en un mundo en crisis. @mundiario





