Francisco: el Papa que unió a los líderes del mundo en su despedida
En un mundo dividido por conflictos, rivalidades geopolíticas y polarización ideológica, pocas figuras logran convocar un respeto transversal y auténtico. La muerte del Papa Francisco, anunciada un día después de su última bendición Urbi et Orbi desde el balcón de San Pedro, ha detonado una ola global de condolencias que trasciende fronteras y posturas. La reacción de los líderes internacionales revela no solo el impacto del primer pontífice latinoamericano, sino también la fuerza de su legado humanitario, que supera lo doctrinal.
El presidente estadounidense Donald Trump, a pesar de haber tenido una relación tensa con el Vaticano durante su primer mandato, escribió un breve mensaje en su plataforma Truth Social: “¡Descansa en paz, Papa Francisco! ¡Que Dios lo bendiga a él y a todos los que lo amaron!” La simplicidad del mensaje contrasta con sus habituales expresiones grandilocuentes y refleja las tensiones que ambos protagonizaron, especialmente las diferencias ideológicas sobre el trato a los migrantes.
Horas después, el mandatario anunció en la Casa Blanca que había firmado una orden ejecutiva para que todas las banderas federales y estatales ondearan a media asta. Además, definió a Bergoglio como "un buen hombre" que "trabajó duro y amaba el mundo".
Más emotivo fue su antecesor, Joe Biden, católico practicante y frecuente interlocutor del Papa. Biden lo calificó como “uno de los líderes más relevantes de nuestro tiempo” y reconoció que su vida cambió para mejor tras conocerlo. Dos presidentes opuestos en casi todo coincidieron en despedir con respeto al hombre que lideró la Iglesia católica con un estilo pastoral y terrenal.
Incluso Vladímir Putin, presidente de Rusia, elogió a Francisco como “un constante defensor de los altos valores del humanismo”. Subrayó su papel en fomentar el diálogo entre las iglesias cristianas, particularmente entre el Vaticano y la Iglesia Ortodoxa Rusa. Este elogio cobra especial relevancia, considerando las tensiones actuales entre Rusia y Occidente por la guerra de agresión que perpetra el Kremlin en Ucrania, conflicto en el que la Santa Sede ha mediado.
La respuesta desde Europa fue igualmente conmovedora. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, reconoció que su influencia fue más allá del catolicismo y destacó su “humildad y amor por los más pobres entre los pobres”. Líderes como Pedro Sánchez, Giorgia Meloni, Emmanuel Macron y Friedrich Merz coincidieron en subrayar su compromiso con la justicia social, la paz y los más vulnerables.
Incluso figuras monárquicas como el rey Carlos III del Reino Unido, quien recientemente había visitado al Papa, emitieron mensajes de pesar cargados de respeto personal. Las campanas de Notre Dame resonaron 88 veces en París, y la Torre Eiffel se iluminó en su memoria, un gesto simbólico que habla de la profunda conexión entre Francisco y el alma europea.
Desde Israel, el presidente Isaac Herzog lo describió como “un hombre de profunda fe, paz y compasión”. Y en una región marcada por el conflicto, Ucrania le agradeció su labor humanitaria y oraciones constantes por la paz. El presidente Volodímir Zelenski y el primer ministro Denís Shmihal recordaron con cariño el apoyo espiritual que recibieron durante los peores momentos de la guerra.
"Sabía cómo dar esperanza, aliviar el sufrimiento a través de la oración y fomentar la unidad. Oró por la paz en Ucrania y por los ucranianos. Lloramos junto con los católicos y todos los cristianos que buscaron apoyo espiritual en el Papa Francisco", escribió el mandatario ucraniano en sus redes sociales.
En Estados Unidos, otras voces católicas destacadas también se sumaron al tributo. El vicepresidente J.D. Vance, converso al catolicismo desde 2019, compartió su emoción por haberlo visitado en el Domingo de Resurrección, justo un día antes de su muerte. Su recuerdo de la homilía papal durante los primeros días de la covid-19 resaltó una de las mayores virtudes de Francisco, que comparten los líderes globales: su capacidad de consolar a través de la palabra.
Francisco no solo fue el líder de los católicos del mundo. Fue un testigo incómodo de las desigualdades, un defensor de la justicia ecológica y social, y un pastor que se atrevió a incomodar tanto a los poderosos como a su propia Iglesia. En tiempos de cinismo, su figura fue —y es— un recordatorio de que la compasión puede ser también una forma de liderazgo. @mundiario


