Cordialidad diplomática en El Vaticano entre las tensiones por la política migratoria de Trump

La reunión entre el papa Francisco y el vicepresidente estadounidense J.D. Vance reflejó el desacuerdo ideológico entre el Pontífice y el actual Gobierno de EE UU, especialmente en relación con las controvertidas deportaciones masivas.
El vicepresidente de EE UU, J.D. Vance y el papa Francisco. / @VP
El vicepresidente de EE UU, J.D. Vance y el papa Francisco. / @VP

Este Domingo de Resurrección, uno de los días más importantes del calendario cristiano, el papa Francisco recibió en su residencia del Vaticano, la Casa Santa Marta, al vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance. El saludo fue breve, duró solo unos minutos, y se limitó al intercambio de felicitaciones pascuales y regalos, según informó la oficina de prensa de la Santa Sede.

El encuentro se produjo en medio de una atmósfera de desacuerdo ideológico, especialmente en lo que respecta a la política migratoria y al trato a los migrantes del Gobierno del presidente estadounidense Donald Trump, de la cual Vance es uno de los principales defensores. El Pontífice ha sido abiertamente crítico con los planes de deportación masiva de migrantes, mientras que Vance representa a una corriente del catolicismo estadounidense alineada con posiciones más restrictivas sobre inmigración.

Las tensiones tienen su origen en febrero, cuando el vicepresidente acusó a la Conferencia de Obispos Católicos de EE UU de reubicar a “inmigrantes ilegales” con el fin de obtener financiamiento federal. Estas afirmaciones fueron rápidamente descalificadas por el cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, quien las calificó de “escandalosas” y “desagradables”. Sin embargo, lo que resultó aún más preocupante es la interpretación que Vance ha hecho de un concepto teológico para contradecir la actuación de los obispos y los recortes masivos de la Casa Blanca a la ayuda exterior.

El “ordo amoris”, que se traduce como “orden del amor”, es una noción que sugiere el nivel de responsabilidad en la forma en que debemos dirigir nuestro amor y cuidado hacia los demás. Según Vance, este concepto justifica la dura política de inmigración de la Administración Trump, argumentando que debemos priorizar a la familia, luego a los vecinos y la comunidad, y finalmente a aquellos que se encuentran en el extranjero. Sin embargo, esta interpretación es, en el mejor de los casos, una simplificación excesiva y, en el peor, una distorsión de la enseñanza católica.

Varios académicos han señalado que la visión de Vance ignora un principio fundamental del catolicismo: la obligación de ayudar a los extraños en necesidad urgente. La enseñanza católica no se limita a una jerarquía de amor que excluye a los forasteros; más bien, aboga por un amor que trasciende fronteras y que se extiende a todos los seres humanos, especialmente a aquellos que sufren. La interpretación de Vance, basada en una cita medieval de Santo Tomás de Aquino, parece más un intento de justificar políticas restrictivas que un verdadero entendimiento de la fe católica.

Aunque la reunión no abordó oficialmente estos temas, el trasfondo político fue ineludible. Días antes, Francisco había enviado una carta a los obispos de Estados Unidos advirtiendo de que las políticas de persecución y deportaciones masivas “lastiman la dignidad de muchos hombres y mujeres, de familias enteras” y dejan a los migrantes en una situación de “vulnerabilidad e indefensión”. Un mensaje que, si bien no menciona directamente a Vance, parece una respuesta directa a sus discursos en los que ha sugerido que la doctrina católica respalda estas políticas.

Vance, convertido al catolicismo en 2019 y parte del ala más conservadora del Partido Republicano, se ha mostrado respetuoso ante las palabras del papa. Ha declarado sentirse aún en proceso de formación en su fe, afirmando que es un “católico bebé” y que, aunque acepta las críticas, mantendrá sus posturas políticas. Durante su visita a Roma, también se reunió con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, con quien conversó sobre los conflictos globales, la situación de los migrantes y los presos, según un comunicado de la Santa Sede.

El papa Francisco, de 88 años y convaleciente tras una neumonía bilateral, ha retomado su agenda de forma gradual. A pesar de su delicado estado de salud, este domingo reapareció públicamente para impartir la tradicional bendición Urbi et Orbi, desde el balcón de la basílica de San Pedro. En su mensaje pascual, leído por monseñor Diego Ravelli, el sumo pontífice volvió a lanzar un llamado en favor de los más vulnerables, incluyendo a los migrantes y desplazados por conflictos armados.

“Cuánto desprecio se tiene a veces hacia los más débiles, los marginados y los migrantes”, lamentó Bergoglio  en su mensaje, en el que también condenó las guerras y crisis humanitarias en distintas regiones del mundo. Pidió la paz en Tierra Santa, el fin del conflicto en Gaza, apoyo humanitario urgente, una paz justa y verdadera en Ucrania y el desarme global. Su tono, como es habitual, fue firme pero esperanzador.

La breve reunión entre el papa y Vance no cambió sustancialmente el curso de las tensiones entre el Vaticano y la administración Trump, pero representó un gesto diplomático importante. En un momento en el que la política interna estadounidense está profundamente polarizada por las agresivas políticas de la Administración Trump y el constante intento de algunas figuras del entorno del presidente por incluir una característica cristiana a su defensa.

La visita de Vance, aunque de carácter informal, simboliza el complicado equilibrio entre la diplomacia vaticana y la doctrina social de la Iglesia. Un equilibrio que, bajo el pontificado de Francisco, ha estado cada vez más en tensión con los sectores conservadores tanto dentro como fuera de la Iglesia. @mundiario

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