Cómo serán las exequias del Papa Francisco: particularidades, rituales y claves del próximo cónclave
La muerte de un Papa no es simplemente el fallecimiento de un jefe de Estado. Supone la desaparición del máximo referente espiritual de más de mil millones de católicos. Llegado este momento para el Papa Francisco, se activa un protocolo solemne y milimétrico establecido en la carta apostólica Universi Dominici Gregis, con las actualizaciones introducidas por Benedicto XVI en Normas nonnullas.
El primer acto será la certificación oficial de su fallecimiento a cargo del cardenal camarlengo, Kevin Farrell, que representa además los bienes de la Santa Sede desde que se declara la sede vacante, y quien sellará el estudio y los aposentos pontificios y notificará formalmente al Colegio Cardenalicio. Se iniciará entonces el periodo de sede vacante, donde todo se detiene... excepto la maquinaria para elegir a su sucesor.
Las exequias del Papa Francisco se celebrarán durante nueve días consecutivos —las llamadas novemdiales— en sufragio por su alma. El cuerpo será trasladado a la Basílica de San Pedro, donde quedará expuesto a la veneración pública este miércoles. La liturgia será sobria pero cargada de simbolismo, probablemente marcada por el estilo austero que ha caracterizado su pontificado.
Aunque se espera una afluencia masiva de fieles, autoridades civiles y eclesiásticas de todo el mundo, las ceremonias mantendrán una atmósfera recogida, sin imágenes del Papa en agonía ni fotos sin los ornamentos litúrgicos. Tal como dictan las normas, solo podrán tomarse imágenes con permiso del camarlengo y siempre con el pontífice revestido con sus hábitos.
El camarlengo y el delicado manejo del vacío de poder
Durante la sede vacante, el cardenal camarlengo se convierte en la figura clave del Vaticano. Supervisa los preparativos del funeral, anula el anillo del Pescador (símbolo de la autoridad pontificia que evoca a San Pedro) y destruye el sello de plomo con los que se suelen avalar documentos oficiales, con la intención de que nadie pueda utilizarlos sin consentimiento. Además, junto a tres cardenales extraídos por sorteo de cada orden, gestiona los asuntos ordinarios del Estado hasta la elección del nuevo Papa, evitando que nadie ocupe ni utilice el apartamento papal.
Es un tiempo en el que la Iglesia se despoja de rostro visible y se prepara para ser guiada por el Espíritu Santo a través del próximo cónclave. La discreción, el silencio y la oración impregnan cada rincón del Vaticano. Una vez celebradas las exequias del Papa Francisco, los cardenales celebrarán una misa “pro eligendo Papa”. A partir de allí y en “hábito coral, en solemne procesión e invocando con el canto del Veni Creator la asistencia del Espíritu Santo”, avanzarán a la Capilla Sixtina para iniciar el proceso de elección
La elección del sucesor: entre secreto y solemnidad
Pasados entre 15 y 20 días tras la muerte del Papa, comenzará el cónclave en la Capilla Sixtina. Hasta 120 cardenales menores de 80 años se reunirán en la Casa Santa Marta, aislados del mundo exterior, sin móviles, prensa, ni contacto alguno con el exterior. Quienes lo atienden —médicos, confesores, personal de servicio— deberán jurar secreto perpetuo.
El voto, emitido en papeletas con la fórmula Eligo in Summum Pontificem, se introduce en una urna y se recuenta en voz alta. Si nadie alcanza los dos tercios necesarios, el proceso se repite hasta dos veces por día, con la fumata negra como signo de no elección. Cuando finalmente se logra el consenso, una fumata blanca anunciará al mundo que hay nuevo Papa.
¿Qué particularidades marcarán el final del pontificado de Francisco?
El pontificado de Jorge Mario Bergoglio ha estado marcado por una apertura pastoral sin precedentes, un estilo directo y cercano, y una visión reformadora. Es muy probable que las exequias reflejen su sensibilidad hacia los pobres y su visión global del catolicismo. Su decisión de residir en la Casa Santa Marta en lugar del Palacio Apostólico o su insistencia en la “Iglesia en salida” son pistas de una despedida que podría sorprender por su sobriedad y mensaje simbólico.
Además, Francisco ya ha insinuado en varias ocasiones que, llegado el momento, preferiría no ser enterrado en las Grutas Vaticanas. Esta elección, si se confirma, rompería con siglos de tradición y abriría un nuevo capítulo en la liturgia papal.
Las exequias del Papa Francisco no serán solo una despedida, sino el pórtico hacia un nuevo tiempo para la Iglesia Católica. Serán, al mismo tiempo, un ejercicio de continuidad y de transición, de respeto al rito y de apertura al porvenir. Como en toda muerte pontificia, el mundo observará con atención no solo lo que ocurre en San Pedro, sino lo que empieza a gestarse en la Capilla Sixtina: el próximo rostro de la Iglesia Católica.
Y aunque Francisco se haya preparado para que su final no sea fastuoso, el peso de su legado se medirá no solo en lágrimas, sino en la dirección que tome el próximo cónclave. @mundiario





