El testamento de un Papa que quiso morir como vivió, con humildad
En un gesto profundamente simbólico, el Vaticano ha hecho público el testamento del Papa Francisco, una pieza breve y serena, cargada de sentido espiritual y marcada por la misma austeridad que definió su pontificado. La noticia de su fallecimiento ha conmocionado a millones de fieles en todo el mundo, pero el documento que deja atrás ofrece consuelo y, a la vez, un poderoso mensaje: el papa que desafió protocolos, que reformó estructuras y que habló sin rodeos, ha querido despedirse como vivió, sin ostentaciones ni privilegios.
Francisco, el primer pontífice latinoamericano, fue siempre un líder incómodo para los sectores más conservadores de la Iglesia, pero profundamente querido por quienes vieron en él un pastor cercano, humano y preocupado por los pobres y marginados. En su testamento, fechado el 29 de junio de 2022, el Papa renuncia a un entierro fastuoso en la Basílica de San Pedro, como era tradición desde Pío X, y pide reposar en tierra, en una tumba sencilla y sin ornamento, en la Basílica de Santa María la Mayor. Allí, donde comenzaba y terminaba sus viajes apostólicos, depositando sus oraciones ante la imagen de la Salus Populi Romani, quiere ahora descansar.
El simbolismo de este deseo es evidente. Santa María la Mayor no es solo un templo romano de gran valor histórico y espiritual, sino también el santuario de la Virgen al que Francisco acudía en silencio, casi de incógnito, cada vez que salía o regresaba de misión. Este acto repetido, discreto pero constante, fue una muestra del corazón mariano del Papa, de su confianza plena en la Madre de Dios y de su voluntad de situar el ministerio petrino bajo el amparo materno. Su petición final es, por tanto, profundamente coherente: no una tumba monumental, sino tierra, sencillez y una sola palabra grabada: Franciscus.
Con este gesto, Francisco vuelve a situar la mirada de la Iglesia en lo esencial. El poder y la gloria del papado no están en el mármol, ni en las vestiduras, ni en las ceremonias; están en el servicio, en la entrega, en el sufrimiento ofrecido. En su escrito, menciona el dolor que marcó los últimos años de su vida, y cómo lo ofreció al Señor “por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos”. No hay que buscar en este texto grandes frases ni elaborados discursos teológicos. Lo que hay es verdad. Una verdad serena, luminosa y profundamente evangélica.
Además, el testamento introduce otro elemento relevante: los gastos de su entierro serán cubiertos por un benefactor privado, y las instrucciones han sido encomendadas a un comisionado específico. Este detalle, aparentemente menor, dice mucho sobre su voluntad de no cargar a la Iglesia con gastos innecesarios y su deseo de que todo se lleve a cabo con discreción.
Francisco quiso ser recordado no por su poder, sino por su fe. En un mundo que glorifica la imagen, él eligió el silencio; en una Iglesia aún sacudida por escándalos y tensiones internas, él ofreció cercanía y ternura. Y ahora, al marcharse, no deja sólo un hueco en el trono de Pedro, sino también una huella espiritual que permanecerá.
Estas son las últimas palabras del Papa Francisco, publicadas de forma íntegra por el Vaticano:
En el nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
Sintiendo que se acerca el fin de mi vida terrena y con viva esperanza en la vida eterna, deseo expresar mi voluntad únicamente respecto al lugar de mi sepultura.
Siempre he confiado mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal a la Madre de Nuestro Señor, Santa María. Por lo tanto, pido que mis restos mortales descansen en espera del día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor.
Deseo que mi último viaje terrenal termine precisamente en este antiguo santuario mariano donde iba a orar al inicio y al final de cada viaje apostólico, a confiar mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle su dócil y materno cuidado.
Pido que mi tumba sea preparada en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la mencionada basílica como indicado en el anexo adjunto.
El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus.
Los gastos para la preparación de mi entierro serán cubiertos por la suma del benefactor que he dispuesto. He proporcionado instrucciones pertinentes a Mons. Rolandas Makrickas, Comisionado Extraordinario del Capítulo Liberiano.
Que el Señor les dé la recompensa merecida a quienes me amaron y seguirán orando por mí. Ofrecí al Señor el sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos.
Santa Marta, 29 de junio de 2022.
Francisco
Un testamento breve, pero con la fuerza de una vida entera dedicada al Evangelio. Así se despide un Papa que no quiso tronos ni mausoleos, sino simplemente tierra y fe. @mundiario



