El ciclo de ataques continúa: Israel bombardea Yemen tras interceptar ofensivas hutíes
La confrontación entre Israel y los rebeldes hutíes de Yemen ha sumado un nuevo episodio con los recientes bombardeos israelíes contra objetivos en Saná. El detonante, según Tel Aviv, fue la utilización por parte de los insurgentes de bombas de racimo contra territorio israelí, un armamento cuya peligrosidad ha reavivado las preocupaciones regionales y que apunta a un refuerzo tecnológico atribuido a Irán.
El Ejército israelí confirmó que el ataque del domingo tuvo como objetivos un complejo militar que alberga el palacio presidencial, dos centrales eléctricas y un depósito de combustible. El ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró que el palacio presidencial de los hutíes fue “destruido” en la operación, presentada como una respuesta directa a las incursiones con misiles y drones que los rebeldes han dirigido en los últimos meses contra Israel.
Los hutíes, por su parte, denunciaron que la ofensiva israelí alcanzó infraestructuras civiles y provocó víctimas mortales. Según las cifras actualizadas por el Ministerio de Salud gestionado por los rebeldes, al menos seis personas fallecieron y más de 80 resultaron heridas. Esta divergencia entre el carácter militar o civil de los blancos atacados se ha convertido en un punto de fricción constante entre ambas narrativas.
El trasfondo inmediato es el lanzamiento, días antes, de un proyectil hutí que Israel identificó como una nueva variante de munición en racimo, un arma diseñada para fragmentarse en múltiples explosivos al impactar. Aunque fue interceptado antes de causar daños, la maniobra ha generado alarma en la Fuerza Aérea israelí, que considera este tipo de armas un desafío adicional a sus sistemas defensivos. Según fuentes militares citadas por los medios israelíes, este desarrollo confirma un salto cualitativo en la capacidad de los rebeldes, al que se le atribuye apoyo directo de Teherán.
El país persa, sin embargo, ha rechazado esas acusaciones y condenó “enérgicamente” los bombardeos israelíes, calificándolos de “crimen de guerra y contra la humanidad”. El Ministerio de Exteriores iraní denunció que los ataques contra centrales eléctricas y almacenes de combustible buscan paralizar la vida en Yemen y forman parte de una estrategia israelí de “hostilidad contra el progreso de la región”.
La dinámica de ataques y contraataques entre Israel y los hutíes se extiende ya por más de un año, en un contexto marcado por la guerra en Gaza. Los rebeldes, que controlan buena parte del territorio yemení, justifican sus operaciones contra Israel y contra la navegación en el mar Rojo como actos de solidaridad con los palestinos. A través de sus canales de comunicación, prometieron continuar con las ofensivas mientras “no se detenga la agresión ni se levante el asedio a Gaza”.
Este intercambio de golpes revela una doble dimensión: por un lado, la capacidad de Israel para proyectar fuerza más allá de sus fronteras inmediatas; por otro, el riesgo de que los hutíes diversifiquen sus arsenales con armas que complican la defensa israelí y extienden la tensión hacia nuevos frentes.
En ese tablero, Irán desempeña un papel clave, ya sea como respaldo material a los rebeldes o como actor diplomático que denuncia los bombardeos. Este tímido avance iraní busca consolidar nuevamente su rol como contrapunto regional a Tel Aviv, pocos meses después de que se decretara la tregua auspiciada por el presidente de EE UU, Donald Trump en junio, que detuvo la llamada Guerra de los Doce Días, en la que Irán sufrió varias bajas de altos funcionarios y gran parte de sus lanzadores de cohetes. @mundiario


