Hamás exige garantías para el alto el fuego en Gaza mientras Trump se mantiene optimista
Las conversaciones indirectas celebradas en Egipto para poner fin a la guerra en Gaza avanzan hacia una fase decisiva. Pese al optimismo exhibido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio, el proceso continúa condicionado por la profunda desconfianza entre Israel y Hamás. Ambas partes coinciden en que se ha avanzado en buena parte del texto del acuerdo, pero los puntos restantes —precisamente los más sensibles— amenazan con alargar las negociaciones.
Hamás ha insistido en que no entregará a los rehenes sin garantías firmes de que Israel cumplirá su parte del acuerdo. Según el portavoz del grupo, Fawzi Barhum, el movimiento islamista exige “un alto el fuego permanente y completo”, junto con la “retirada total” de las tropas israelíes, la reconstrucción inmediata de Gaza y el retorno de los desplazados. Para la organización, el cese de hostilidades no puede depender de condiciones parciales ni de compromisos vagos.
Trump, por su parte, ha asegurado este martes en el Despacho Oval que hará “todo lo posible para asegurarse de que todos respeten el acuerdo”, prometiendo que Washington ejercerá su influencia para garantizar su aplicación. Sin embargo, no ofreció detalles concretos sobre los mecanismos de supervisión ni sobre el papel exacto que desempeñará Estados Unidos. Sin embargo, su apuesta es clara: convertir el plan de paz para Gaza en un paso hacia un acuerdo más amplio en Oriente Próximo.
Los mediadores —Egipto, Qatar y Estados Unidos— intentan reducir las tensiones y acercar posiciones. El primer ministro qatarí, Mohamed bin Abdulrahman Al Thani, viajó a El Cairo para sumarse a las negociaciones de alto nivel. Desde Doha, se ha matizado el optimismo de Trump, advirtiendo de que aún “quedan muchos detalles por definir” sobre la entrega de rehenes, la liberación de prisioneros palestinos y la entrada de ayuda humanitaria. Qatar ha subrayado que los principales obstáculos están en la aplicación del plan, más que en su contenido general.
Una de las cuestiones más delicadas es la llamada “desmilitarización” de Gaza. Mientras Israel la interpreta como el desarme total y la expulsión de los líderes de Hamás, la milicia palestina defiende mantener armas “defensivas” para garantizar su seguridad interna. Este desacuerdo refleja la distancia que persiste entre ambas partes respecto a la visión de un futuro estable para el enclave.
También persisten dudas sobre el intercambio de prisioneros. Hamás pretende incluir a Marwán Barghuti, figura clave del nacionalismo palestino, lo que Israel considera inaceptable. Además, aún no se ha definido el destino de los presos excarcelados: si podrán regresar a Gaza o serán enviados al exilio. Estas cuestiones secundarias, tienen un peso político enorme y podrían determinar el éxito o el fracaso de las conversaciones.
Otro punto controvertido es el control de la administración temporal de Gaza. Trump ha propuesto un órgano internacional bajo su supervisión directa, mientras Hamás insiste en que los palestinos deben gobernarse a sí mismos y exije apresurar el establecimiento del Gobierno tecnócrata palestino, aunque acepta la presencia de observadores de países árabes y musulmanes. Esta diferencia de enfoque revela el dilema de fondo: cómo garantizar una transición política sin reproducir relaciones de dependencia.
En el terreno político, Trump busca reforzar su imagen internacional de mediador fuerte. Su Administración apuesta por un acuerdo rápido que pueda presentar como un éxito diplomático. No obstante, el escepticismo crece entre los mediadores, que advierten de que sin compromisos verificables de las partes, el plan podría quedar en papel mojado.
Hamás y las demás facciones palestinas, entre ellas la Yihad Islámica, emitieron un comunicado conjunto reafirmando su derecho a la resistencia “por todos los medios” mientras persista la ocupación. La declaración refleja el difícil equilibrio entre la presión internacional para detener la violencia y la persistente sensación de vulnerabilidad entre los palestinos.
A pesar de la complejidad del proceso, el simple hecho de que las negociaciones continúen ya es un signo de que existe una ventana, aunque estrecha, para la paz. Trump, consciente del valor de una victoria diplomática en Oriente Próximo, se aferra al discurso de la esperanza. Pero en el terreno, la realidad sigue marcada por la desconfianza, los intereses contrapuestos y la dificultad de convertir los acuerdos en hechos. @mundiario


