Israel afronta el aniversario del 7-O con el dilema de cerrar la guerra o mantener la presión

Las conversaciones indirectas, respaldadas por EE UU, abren la posibilidad real de un alto el fuego en Gaza y de la liberación de los rehenes en medio de una tensa negociación sobre el plan de paz propuesto por Trump.
Israel avanza contra Gaza. / @AvichayAdraee.
Israel avanza contra Gaza. / @AvichayAdraee.

Israel conmemora el segundo aniversario de los ataques del 7 de octubre con una sensación de agotamiento político y diplomático, pero también con una expectativa inédita de que el regreso de los rehenes, y el final de la guerra en Gaza, pueda estar al alcance. Las negociaciones iniciadas en Egipto, bajo mediación árabe y con respaldo directo de Washington, han devuelto una esperanza prudente de alcanzar un acuerdo que combine el regreso de los secuestrados y un alto el fuego.

Las conversaciones, celebradas en el balneario egipcio de Sharm el-Sheikh, se centran en la implementación del plan de paz impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, que propone una hoja de ruta por fases. La primera contempla la liberación de los 48 cautivos aún en manos de Hamás —de los cuales una veintena seguiría con vida— a cambio de unos 250 presos palestinos y cerca de 1.700 detenidos desde el inicio de la ofensiva israelí en 2023. Ambas partes, según fuentes egipcias, habrían alcanzado entendimientos preliminares sobre ese punto, aunque subsisten discrepancias de fondo sobre los plazos, las garantías y el futuro político de Gaza.

El secretario de Estado, Marco Rubio, se refirió a las negociaciones como una “última oportunidad para detener la guerra”, advirtiendo que cualquier retraso podría hacer descarrilar el proceso. Desde Washington se ha insistido en que el cese de hostilidades es condición indispensable para concretar la entrega de rehenes. “Si hay combates activos en curso, simplemente no se puede avanzar”, declaró Rubio. En la práctica, Israel ha reducido sus operaciones aéreas y terrestres, aunque los bombardeos continúan de forma intermitente, lo que pone a prueba la credibilidad de los compromisos asumidos.

La dimensión política del plan de Trump es quizá la más controvertida. Su propuesta prevé una retirada gradual del ejército israelí en tres fases, pero sin plazos concretos ni garantía de evacuación total. También contempla que Gaza quede temporalmente bajo la administración de “tecnócratas palestinos” hasta que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) asuma el control, una opción que el primer ministro Benjamín Netanyahu rechaza abiertamente. En paralelo, el desarme de Hamás, exigencia central de Israel, sigue siendo el gran punto de fricción.

La coincidencia entre el aniversario del ataque del 7 de octubre —que dejó 1.200 muertos en Israel y 251 secuestrados— y el inicio de estas negociaciones confiere al momento una carga simbólica innegable. Aquel día, Hamás lanzó un espantoso ataque coordinado por tierra, mar y aire durante la festividad judía de Simjat Torá, reconfigurando la política israelí y marcando el inicio de una ofensiva que ha causado más de 67.000 muertes palestinas, según fuentes de la ONU.

El 7-O de 2023 marcó un día de profunda tristeza en Israel, cuando el ataque coordinado con otros grupos armados palestinos irrumpió en comunidades y eventos civiles. Este suceso dejó un saldo de numerosas víctimas y generó un impacto duradero en las familias y las sociedades afectadas. Varias organizaciones internacionales han llevado a cabo investigaciones exhaustivas para documentar lo ocurrido, con el objetivo de esclarecer los hechos y promover la comprensión en un contexto de conflicto prolongado.

Human Rights Watch (HRW), una organización dedicada a la defensa de los derechos humanos, publicó un informe basado en testimonios, evidencias visuales y análisis forenses. Según este documento, Hamás, junto con la Yihad Islámica Palestina y al menos otros dos grupos armados, cometieron violaciones a las leyes de la guerra que se clasifican como crímenes de guerra. Estas incluyen ataques contra civiles y propiedades civiles, homicidios intencionados de personas bajo custodia, tratos crueles e inhumanos, actos de violencia sexual y de género, toma de rehenes, mutilación y despojo de cuerpos, uso de escudos humanos, así como pillaje y saqueo.

Dos años después, Israel se enfrenta al dilema de cómo cerrar una guerra que ha alterado sus equilibrios internos, su relación con Estados Unidos y su posición internacional. Las negociaciones en Egipto, aunque llenas de ambigüedades, podrían ofrecer una salida política a un conflicto enquistado. Pero el desenlace dependerá de si los actores logran transformar un cese temporal de fuego en un compromiso de largo plazo.

Una oportunidad inédita para la paz regional

Desde la delegación de Hamás se ha expresado la voluntad de avanzar, aunque con cautela. El grupo islamista insiste en obtener garantías de que el plan continuará después de la entrega de rehenes, al considerar que su principal carta de negociación desaparecería en esa primera fase. Además, exige compromisos claros sobre el levantamiento del bloqueo y la reconstrucción del enclave, cuestiones que el documento estadounidense apenas aborda con precisión.

Egipto, anfitrión y mediador histórico, ha desempeñado un papel crucial al reunir a las delegaciones en un momento de gran desconfianza mutua. El presidente Abdel Fattah al-Sisi ha elogiado la iniciativa estadounidense y subrayado la necesidad de que las negociaciones se orienten hacia una solución política sostenible. “El reconocimiento de un Estado palestino es el camino para una paz duradera”, afirmó en un discurso televisado, en el que también advirtió sobre la urgencia de reconstruir Gaza, devastada por más de un año y medio de ofensiva militar.

El contexto de las conversaciones no es menor. En Gaza, la situación humanitaria sigue deteriorándose pese a la expectativa de una tregua. En las últimas 24 horas, los ataques israelíes han dejado una treintena de muertos, según fuentes locales, mientras miles de desplazados permanecen sin acceso a agua, alimentos o refugio. La población, atrapada entre la esperanza y la desconfianza, ha empezado a plantearse un retorno a zonas destruidas, pese a las advertencias del ejército israelí de que siguen siendo “áreas de combate activas”.

Washington observa con cautela el proceso. La Administración Trump ha apostado por proyectarse como mediadora determinante en el conflicto, buscando reconfigurar su influencia en Oriente Próximo tras años de desgaste diplomático. Trump ha declarado que “el acuerdo está más cerca que nunca” y que podría convertirse en un punto de inflexión regional, aunque los expertos advierten que su plan carece de definiciones sobre la gobernanza y la seguridad posguerra.

Por ahora, el mensaje desde Washington es claro: sin una pausa militar real, no habrá acuerdo posible. Israel y Hamás, conscientes de que el margen de maniobra se estrecha, negocian bajo la presión de una comunidad internacional cansada y de unas poblaciones exhaustas. El segundo aniversario del 7 de octubre llega, así, con un sabor ambiguo: el de un país que aún vive en alerta, pero que vislumbra, quizá por primera vez en dos años, una posible salida diplomática al laberinto de Gaza. @mundiario

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