Entre la desconfianza y la presión de Washington: el difícil camino hacia la tregua en Gaza

La nueva ronda de negociaciones en Egipto pretende superar las posturas de Israel y Hamás para avanzar en la primera fase del plan de paz de Trump, pese a las reservas sobre el desarme y el calendario para el canje de rehenes.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y Donald Trump, presidente de EE UU. / Casa Blanca
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y Donald Trump, presidente de EE UU. / Casa Blanca

Las conversaciones entre Israel y Hamás en el balneario egipcio de Sharm el-Sheij marcan un punto de inflexión en el intento de reactivar el plan de paz para Gaza propuesto por Donald Trump. Con el segundo aniversario del ataque de Hamás sobre Israel como telón de fondo, los representantes de ambas partes buscan avanzar en un canje de rehenes y prisioneros que podría abrir la puerta a una tregua más amplia. Sin embargo, la desconfianza mutua y los desacuerdos sobre los términos del acuerdo amenazan con complicar el proceso.

El marco negociador impulsado por Egipto, Qatar y Estados Unidos contempla una hoja de ruta de veinte puntos que combina el alto el fuego, el intercambio de cautivos y la retirada parcial de tropas israelíes de Gaza. El propio presidente Trump ha insistido en acelerar los plazos y ha pedido “moverse rápido”, consciente de que la prolongación del conflicto podría diluir el impacto político de su propuesta y la frágil ventana de oportunidad.

En el plano militar, Israel ha reducido su ofensiva terrestre, aunque continúa los bombardeos selectivos sobre objetivos considerados “amenazas inmediatas”, lo que se tradujo en al menos 19 muertos durante el domingo. Fuentes israelíes subrayan que esta pausa no debe interpretarse como una tregua definitiva, sino como un margen para negociar sin que Hamás gane tiempo para reorganizarse. El ejército mantiene cinco divisiones en Gaza, distribuidas entre la capital, el norte y el sur del enclave.

Por su parte, Hamás llega a las conversaciones con una postura ambivalente. Aunque acepta la entrega de los rehenes vivos y fallecidos, rechaza el calendario propuesto por Washington, que exige completar el intercambio en 72 horas. El grupo islamista considera que ese plazo es técnicamente imposible, especialmente para recuperar cuerpos sepultados en zonas de combate. A ello se suma su negativa a desarmarse, alegando que solo renunciará a las armas cuando “termine la ocupación israelí”.

El líder negociador de Hamas, Jalil al-Hayya, —sobreviviente del bombardeo israelí en Qatar el mes pasado— encabeza una delegación que reclama garantías de una tregua total durante el proceso de intercambio. Del lado israelí, el equipo encabezado por el el ministro de Asuntos Estratégicos, Ron Dermer, permanece en Jerusalén a la espera de avances que justifiquen su desplazamiento a Egipto, lo que refleja un enfoque cauteloso y condicionado a resultados concretos.

El plan de Trump contempla una retirada gradual de las tropas israelíes de Ciudad de Gaza, con la permanencia de fuerzas en Rafah y Jan Yunis para “garantizar la seguridad perimetral”. También prevé el despliegue de una fuerza internacional árabe durante el periodo de transición, un punto que Hamas rechaza tajantemente al considerarlo una forma de tutela externa sobre el territorio palestino. La propuesta cuenta, sin embargo, con el respaldo de varios Estados árabes y occidentales, que la ven como la oportunidad más cercana de poner fin a la guerra.

A pesar del optimismo expresado por Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, fuentes palestinas y diplomáticas se muestran escépticas. La principal preocupación de Hamás es que Israel incumpla los acuerdos una vez recupere a sus rehenes, como ya ocurrió en intentos previos de alto el fuego. Este temor, unido a las profundas heridas del conflicto y la ausencia de confianza entre las partes, hace que la negociación avance con extrema cautela.

El propio Trump, sin embargo, ha redoblado la presión, advirtiendo a Hamas que “no permitirá demoras” en el cumplimiento del calendario acordado. En sus redes sociales, aseguró que “la primera fase debe completarse esta semana”, reafirmando su voluntad de cerrar un acuerdo que pueda presentar como un éxito diplomático de su gestión internacional.

Analistas regionales consideran que la clave está en la persistencia de Washington. Como señaló un negociador árabe involucrado en el proceso a la cadena estadounidense NBC News, “un acuerdo solo ocurrirá si Trump sigue presionando”. En ese equilibrio entre la urgencia política de la Casa Blanca y la compleja realidad sobre el terreno, Egipto se ha convertido en el mediador indispensable que intenta, una vez más, que las partes transformen un alto el fuego en el inicio real de la paz. @mundiario

Comentarios