Mientras Egipto trata de impulsar una tregua, Netanyahu apuesta por la presión militar sobre Gaza

El Cairo y los otros mediadores intentan abrir una nueva vía diplomática para contener la guerra, rescatar a los rehenes y diseñar un marco para la futura gobernanza de la Franja, pero el Gobierno de Israel sigue adelante con sus planes para erradicar a Hamás.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / Oficina del Primer Ministro de Israel
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / Oficina del Primer Ministro de Israel

Egipto se prepara para acoger en los próximos días una nueva ronda de negociaciones indirectas entre Israel y Hamás con el fin de alcanzar un alto el fuego en Gaza. La cita, aún en fase de coordinación, llega en un momento de creciente presión internacional sobre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien, pese a los esfuerzos de los mediadores, sigue apostando por una estrategia militar intensificada para obligar a la rendición de la milicia islamista.

El papel de El Cairo resulta clave en este proceso. Junto con Qatar y Estados Unidos, Egipto encabeza los intentos de mediación que buscan desbloquear una tregua que permita aliviar la crisis humanitaria y sentar las bases de una negociación más amplia sobre el futuro de Gaza. Según fuentes diplomáticas citadas por medios regionales, Washington habría ofrecido “garantías” a Israel de que cualquier acuerdo comenzará con la liberación de al menos la mitad de los rehenes en poder de Hamás, condición central para que Tel Aviv se siente a negociar.

Las iniciativas planteadas contemplan varios escenarios para la administración futura del enclave. Una de las propuestas impulsadas por Egipto apunta a la creación de una fuerza de seguridad conjunta palestino-egipcia que gestione temporalmente la Franja, con vistas a un eventual regreso de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Esta fórmula, sin embargo, tropieza con la negativa israelí a aceptar a la ANP como interlocutor en Gaza.

En paralelo, Estados Unidos, Arabia Saudí y Jordania han defendido la idea de desplegar una fuerza multinacional bajo supervisión internacional para garantizar la seguridad, facilitar la entrada de ayuda humanitaria y supervisar la distribución de suministros. Hamás, por su parte, estudia opciones que incluirían la entrega de armamento pesado a Egipto y la participación de algunos de sus miembros en estructuras de seguridad locales, aunque Israel rechaza tajantemente cualquier permanencia de la organización en Gaza.

Netanyahu mantiene la presión

Mientras los mediadores intensifican sus esfuerzos, Netanyahu ha dado instrucciones al Ejército israelí de “acortar los tiempos para conquistar los últimos bastiones del terrorismo y derrotar a Hamás”. El anuncio, difundido el miércoles pasado, coincidió con la movilización de 60.000 reservistas en preparación para la ofensiva sobre Ciudad de Gaza.

De esta manera, el Gobierno israelí sigue priorizando la vía militar, aun sin rechazar formalmente la última propuesta de alto el fuego aceptada por Hamás. Ese plan contemplaba una tregua de 60 días, la liberación de diez rehenes vivos y la entrega de los cuerpos de otros 18 a cambio de la excarcelación de cientos de prisioneros palestinos.

La estrategia israelí responde también a las crecientes divisiones internas. En Israel se han multiplicado las manifestaciones que reclaman un alto el fuego, aunque todavía no parece tener efecto en el Ejecutivo. La ONU, por su parte, ha alertado de que la situación en Gaza ha alcanzado niveles insostenibles, decretando oficialmente hambruna en parte del enclave: la primera reconocida fuera de África.

Para El Cairo y los demás mediadores, la coyuntura representa una ventana de oportunidad limitada. El ministro de Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, subrayó recientemente la necesidad de “aprovechar el momento actual para poner fin a la guerra”, en alusión a la disposición mostrada por Hamás a aceptar el marco negociado por el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, que plantea un intercambio gradual de rehenes y prisioneros bajo una tregua temporal.

La negociación, si finalmente se concreta en Egipto, no solo busca frenar la escalada inmediata, sino también diseñar un marco de gobernanza para la posguerra. No obstante, las posturas siguen profundamente enfrentadas: mientras Israel insiste en la derrota total de Hamás y en su exclusión de cualquier fórmula de poder, los mediadores tratan de abrir espacio a soluciones transitorias que permitan contener la crisis y abrir paso a un arreglo político más duradero.

Así, el proceso avanza entre dos fuerzas en tensión: por un lado, el impulso diplomático que intenta abrir un cauce hacia la tregua; por otro, la decisión del Gobierno israelí de mantener la presión militar como mecanismo de negociación y de desgaste. Entre ambos, la población civil en Gaza continúa soportando el peso de un conflicto cuyo desenlace sigue siendo incierto.@mundiario

Comentarios