La sociedad israelí paraliza el país en exigencia de paz y la liberación de los rehenes
La sociedad israelí desafió a su Gobierno con una de las mayores jornadas de movilización de los últimos años. Familiares de rehenes, organizaciones civiles y miles de ciudadanos pararon el país para exigir un acuerdo inmediato que ponga fin a la guerra en Gaza y permita traer de vuelta a quienes aún permanecen en cautiverio.
La huelga nacional comenzó el domingo a las 6:29 de la mañana, la hora exacta en que Hamás inició sus ataques el 7 de octubre de 2023. El gesto simbólico marcó el inicio de un día de protestas que paralizó amplios sectores de la vida pública: negocios, universidades, centros culturales y parte del transporte se unieron a la convocatoria, mientras miles de personas bloquearon carreteras, avenidas principales y accesos estratégicos en Jerusalén y Tel Aviv.
Los organizadores, agrupados en el Consejo de Octubre y en colectivos de familiares de rehenes, subrayaron que la protesta tenía el objetivo central de forzar al primer ministro Benjamín Netanyahu a cerrar un acuerdo que garantice la liberación de los aún cautivos en Gaza. “Paramos todo hoy para salvar a 50 rehenes, paramos todo hoy para recordar el valor supremo que es la vida”, declararon los portavoces de las familias en una rueda de prensa en Tel Aviv.
Las escenas de las manifestaciones reflejaron la magnitud del desafío social. En la carretera número 1, que conecta Jerusalén con Tel Aviv, grupos de manifestantes se sentaron dentro de un túnel hasta que la policía los desalojó con cañones de agua. En total, la policía informó de al menos 38 detenidos durante la jornada por alteración del orden público. Pese a los arrestos, la movilización se extendió por decenas de puntos en todo el país, incluidas concentraciones frente a casas de ministros y cuarteles militares.
Algunos restaurantes y teatros cerraron por solidaridad con los familiares de los rehenes. Varias empresas tecnológicas y universidades permitieron a sus empleados y estudiantes unirse a la protesta. Si bien la central sindical Histadrut no se adhirió formalmente, la magnitud de la participación hizo visible que sectores muy diversos de la sociedad israelí se alinearon detrás de la consigna de “traerlos de vuelta”.
El trasfondo de la protesta es la preocupación por la estrategia militar de Netanyahu. En los últimos días, el Gobierno anunció planes para ampliar la ofensiva sobre Gaza, lo que, según los manifestantes, aumenta el riesgo para quienes permanecen secuestrados. La ex rehén Arbel Yehoud lo expresó con claridad: “La presión militar no trae de vuelta a los rehenes, sólo los mata. La única forma de traerlos de vuelta es mediante un acuerdo, de una vez, sin juegos”.
Netanyahu respondió a las manifestaciones con dureza durante la reunión semanal de su gabinete. El primer ministro sostuvo que quienes piden el fin inmediato de la guerra “están fortaleciendo a Hamás”. “Aquellos que piden hoy el fin de la guerra sin derrotar a Hamás no solo están fortaleciendo a Hamás y retrasando la liberación de nuestros rehenes, sino que también están asegurando que los horrores del 7 de octubre se repitan una y otra vez”, afirmó. En su opinión, la única vía es completar la misión militar y conquistar Ciudad de Gaza.
Estas palabras generaron indignación en las familias de los rehenes, que lo acusaron de mentir y de haber frustrado oportunidades previas de alcanzar acuerdos. El Foro de Familias de Rehenes respondió con un comunicado directo: “Netanyahu, durante 22 meses los rehenes languidecen en Gaza bajo tu responsabilidad. En lugar de engañar al público y difamar a las familias, trae a nuestros seres queridos de vuelta en un acuerdo y pon fin a la guerra”.
La tensión política también se explica por la fragilidad de la coalición gobernante. En ocasiones anteriores, cada intento de negociación que implicaba un alto el fuego temporal provocó amenazas de ruptura por parte de los ministros de extrema derecha. Estos sectores sostienen que no aceptarán ningún acuerdo que permita la continuidad de Hamás, lo que limita el margen de maniobra de Netanyahu para explorar salidas diplomáticas.
El primer ministro insistió en que Hamás plantea condiciones “imposibles”, entre ellas la retirada completa de Israel de Gaza y el abandono del corredor Filadelfia en la frontera con Egipto. “Esto permitiría a Hamás reagruparse, rearmarse y atacarnos de nuevo”, dijo Netanyahu, quien ha reafirmado su visión de que solo la derrota total del movimiento islamista garantiza la seguridad a largo plazo.
Sin embargo, el discurso oficial no ha frenado el crecimiento de la presión social. Los organizadores aseguran que “cientos de miles” de personas participaron en las protestas y que “miles de negocios, grandes y pequeños, cerraron sus puertas para permitir a sus trabajadores unirse a la llamada clara: solidaridad, responsabilidad mutua y traer a nuestros seres queridos de vuelta”.
En el centro del debate está el dilema entre la estrategia militar y la negociación. Según cifras oficiales, de los 251 secuestrados el 7 de octubre, quedan 50 en poder de Hamás. De ellos, Israel considera que 28 han muerto, 20 estarían con vida y el estado de otros dos es incierto. La angustia de las familias se refleja en la magnitud de las protestas y en la sensación de que el tiempo corre en contra.
El movimiento de huelga general del domingo marca un punto de inflexión en la relación entre sociedad civil y gobierno en Israel. No solo pone de relieve la fuerza de los familiares de rehenes para ser tomados en cuenta, sino que evidencia un cuestionamiento creciente a la conducción de Netanyahu. En un país acostumbrado a la unidad en tiempos de guerra, la fractura interna en torno a la gestión del conflicto en Gaza aparece cada vez más expuesta.@mundiario

