Macron apuesta por una coalición internacional para estabilizar Gaza: ¿realismo o riesgo?
Emmanuel Macron ha vuelto a subir el tono contra el Gobierno de Benjamín Netanyahu. Tras calificar los planes israelíes de tomar el control total de la Franja de Gaza como “un desastre sin precedentes”, el presidente francés propone una alternativa concreta: construir una coalición internacional bajo mandato de la ONU que estabilice la Franja, combata el terrorismo y facilite una transición política hacia un Gobierno de unidad palestino. Es, en suma, una apuesta por la diplomacia multilateral frente a la lógica militar que defiende el primer ministro de Israel. Pero ¿es factible esta vía y qué implicaciones tiene para la seguridad regional y la política europea?
Macron ha pedido un alto el fuego permanente y la creación de una “misión de estabilización” bajo mandato de Naciones Unidas, con tres objetivos claros: garantizar la seguridad de Israel; liberar a los rehenes aún en manos de Hamás; y restablecer la actividad humanitaria y apoyar al Gobierno palestino como autoridad legítima para gestionar la vida cotidiana de Gaza. Según fuentes de la Presidencia francesa, París ya trabajó “junto con Arabia Saudí” en bases iniciales durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
La propuesta combina dos elementos políticos relevantes: por un lado, la reclamación de seguridad de Israel; por otro, la prioridad humanitaria y la necesidad de un interlocutor palestino capaz de gestionar la transición. Macron busca con ello un equilibrio que permita cortar la espiral de violencia sin dejar la gobernanza del territorio en manos exclusivamente militares.
Netanyahu justificó la ocupación total de Gaza como la vía “más rápida” para eliminar a los grupos islamistas palestinos. Europa, con Francia al frente en esta voz crítica, ha entendido que una ocupación amplia podría provocar “una huida hacia guerra permanente”, con consecuencias humanitarias y estratégicas difíciles de revertir. La reacción internacional —incluida la suspensión de exportaciones de armas por parte de Alemania y la condena pública de varios países— pone de manifiesto el coste político de una ofensiva extensiva.
París alerta de que, si la operación militar se amplía, los principales perjudicados serán tanto los rehenes como la población civil de Gaza. Además, teme que la militarización total del enclave dificulte la posterior reconstrucción y abra un vacío político en el que el extremismo pueda enquistarse.
Obstáculos prácticos: mandato, contribuyentes y la legitimidad de la misión
La idea de una coalición internacional suena política y moralmente lógica; en la práctica, presenta varias trabas:
Mandato de la ONU. Para desplegar una misión de estabilización haría falta un mandato claro del Consejo de Seguridad, lo que entraña negociaciones complejas y posibles vetos.
Consentimiento de las partes. Israel debería aceptar la presencia de fuerzas internacionales en su área de operaciones; del mismo modo, cualquier fuerza que pretenda operar en Gaza deberá definir con claridad su papel respecto a Hamás y la seguridad israelí.
Contribución de tropas y recursos. La misión exigiría países dispuestos a aportar medios y asumir riesgos, además de mecanismos de financiación para la reconstrucción.
Gobernanza palestina. Quien efectivamente asuma la “dirección” política en Gaza debe tener legitimidad para gestionar servicios y desarmar grupos armados; el papel de la Autoridad Palestina es central, pero hoy sus capacidades son limitadas sobre el terreno, de donde fue expulsada en la guerra civil con Hamás.
Estos desafíos no hacen imposible la propuesta, pero sí demuestran que no es una solución rápida ni exenta de riesgos diplomáticos.
Repercusiones internas en Francia y el tablero europeo
La apuesta de Macron no es ajena a la realidad política francesa: Francia alberga la mayor comunidad judía de Europa y también una numerosa comunidad musulmana. Cualquier posición sobre Gaza tiene impacto doméstico inmediato. Por ello, Macron ha transitado de una postura cautelosa a una línea más activa, anunciando además el reconocimiento del Estado palestino en la Asamblea General de la ONU en septiembre, una decisión que ya ha suscitado críticas de sectores de la comunidad judía y de la extrema derecha.
A nivel europeo, la iniciativa de París pretende activar una respuesta coordinada: Francia llama a sus socios a trabajar ya “sin demora” para articular la misión. El riesgo es la fragmentación: gobiernos divergentes, prioridades distintas y el temor a que EE UU –u otros actores– negocien acuerdos bilaterales que dejen a la UE en una posición subsidiaria. @mundiario





