Netanyahu reanudará las conversaciones con Hamás, pero no contempla frenar el asalto a Ciudad de Gaza

Las evacuaciones masivas se intensifican mientras el primer ministro de Israel impulsa la toma de la ciudad y mantiene el pulso entre la vía militar y las negociaciones por los rehenes.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / Oficina del Primer Ministro de Israel
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / Oficina del Primer Ministro de Israel

La Franja de Gaza vuelve a ser escenario de desplazamientos masivos. Cientos de palestinos han comenzado a abandonar Ciudad de Gaza, el municipio más grande del enclave, ante la intensificación de los bombardeos israelíes y una inminente ofensiva terrestre que busca el control total del área. La orden de evacuación, anticipada por el ejército de Israel a autoridades sanitarias y organizaciones humanitarias, afecta a más de un millón de civiles que permanecen en la ciudad tras casi dos años de guerra.

Las fuerzas armadas israelíes confirmaron “acciones preliminares” en las afueras, con ataques en los barrios de Sabra y Tuffah, al norte de la urbe. Tel Aviv había dicho que su ejército había entrado en las primeras etapas de un ataque planificado que incluye podría incluir a 60.000 reservistas movilizados en tres fases, con inicio a principios de septiembre, según informan los medios israelíes. La operación apunta también a los campos de refugiados históricos de la ciudad, construidos en 1948 y aún habitados por miles de familias palestinas.

En paralelo al aumento de la presión militar, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha inisitido en una narrativa de doble frente: la derrota de Hamás y la liberación de los rehenes. “Estamos ante la victoria decisiva. He venido [a visitar] la División de Gaza para aprobar los planes que el ejército me ha presentado para tomar el control de Ciudad de Gaza y vencer a Hamás”, declaró, subrayando que “estos dos objetivos —la derrota de Hamás y la liberación de todos nuestros rehenes— van de la mano”.

El mandatario israelí afirmó que ha “dado instrucciones de iniciar negociaciones inmediatas” para la liberación de “todos [los] rehenes” en Gaza, mientras trabaja simultáneamente para aprobar el plan del gobierno para apoderarse de la Ciudad de Gaza.

El discurso oficial israelí se acompaña de la promesa de permitir corredores de evacuación hacia “zonas seguras designadas” en las que, según Netanyahu, los civiles recibirán “abundante comida, agua y atención médica”. Sin embargo, no ofreció detalles concretos sobre dónde estarían esos lugares. Mientras tanto, familias palestinas se desplazan a pie hacia Jan Yunis o Rafah, localidades devastadas en anteriores incursiones y que hoy apenas ofrecen condiciones mínimas de seguridad.

La ofensiva se desarrolla en un contexto de tensiones diplomáticas. A comienzos de semana, Hamás aceptó una propuesta de alto el fuego de 60 días que contemplaba la liberación de al menos diez rehenes vivos, en línea con un plan respaldado previamente por Washington y que había contado con el aval de Israel. Sin embargo, Netanyahu ha evitado pronunciarse de forma directa sobre esta iniciativa. 

Los familiares de los rehenes han respondido con frustración. “Estamos a un paso de torpedear por completo el acuerdo”, advirtió Lishay Miran Lavi, cuyo esposo Omri lleva casi dos años retenido en Gaza. El Foro de Familias de Rehenes y Desaparecidos acusa al Gobierno de dilatar las opciones diplomáticas en favor de una ofensiva militar que, según ellos, pondría en mayor riesgo a los cautivos.

Los críticos de Netanyahu, incluidos varios organizaciones que representan a familiares de los cautivos, lo han acusado de tomar decisiones en tiempos de guerra basadas en consideraciones políticas y de haber dejado pasar oportunidades previas para alcanzar un acuerdo, acusaciones que el mandatario niega rotundamente.

Netanyahu ha exigido en el pasado que Israel se reserve el derecho a reanudar la lucha, mientras que Hamás insiste en que solo considerará liberar a todos los rehenes a cambio de un fin garantizado de la guerra. Para cerrar la brecha, los mediadores internacionales se han centrado en acuerdos parciales destinados a conducir a un acuerdo permanente.

La contradicción es evidente, mientras el Ejecutivo israelí afirma estar “a punto de completar esta guerra” y planifica la entrada en Ciudad de Gaza, la presión interna crece para que dé una respuesta clara a la tregua propuesta. El desenlace inmediato se perfila incierto: si Israel opta por avanzar en la ofensiva, podría desatar una de las batallas más duras del conflicto. Si prioriza la negociación, se abriría una ventana —aunque frágil— hacia la liberación de rehenes y una posible pausa en la violencia.

Por ahora, los hechos sobre el terreno muestran la crudeza de la decisión pendiente. Bombardeos, desplazamientos forzados y hospitales preparando su traslado hacia el sur revelan que Ciudad de Gaza se encuentra en la antesala de una operación de gran escala. Entre la vía militar y la diplomática, el Gobierno de Netanyahu parece decidido a mantener ambas en paralelo, aunque cada día que pasa la población civil sigue cargando con el mayor peso del conflicto.@mundiario

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