EE UU restringe a Ucrania: ¿cómo ha respondido Kiev a la prohibición de golpes a suelo ruso?
La guerra en Ucrania ha transcurrido bajo los mandatos de dos presidentes opuestos en la Casa Blanca, y en ambas ocasiones se han repetido las mismas tensiones sobre los límites del apoyo militar estadounidense. Según una investigación del The Wall Street Journal, el Pentágono ha restringido de manera sistemática el uso de misiles de largo alcance por parte de Kiev contra objetivos en territorio ruso. Esta decisión, enmarcada en un procedimiento burocrático de aprobación, ha vuelto a situar en el centro del debate la coherencia de la estrategia de Washington y los mensajes contradictorios del presidente Donald Trump.
El mecanismo consiste en una revisión de alto nivel dentro del Departamento de Defensa que impide a Ucrania disparar los sistemas ATACMS —con un alcance cercano a los 300 kilómetros— sin autorización expresa. Incluso los misiles Storm Shadow, suministrados por el Reino Unido y Francia, requieren el visto bueno de Estados Unidos, ya que dependen de la inteligencia y la tecnología norteamericana.
En la práctica, la última palabra recae en el secretario de Defensa, Pete Hegseth, el mismo funcionario que ha ordenado en dos ocasiones el cese del suministro de armas al Gobierno ucraniano y quien no ha autorizado ningún ataque en lo que va de 2025.
Esta restricción no es nueva. Durante la Administración de Joe Biden se aplicaron límites similares, aunque a finales de 2024 el entonces presidente concedió un permiso puntual para emplear misiles contra objetivos militares en regiones fronterizas rusas. Esa breve ventana se cerró con el regreso de Trump a la Casa Blanca, quien ya había calificado de “estúpida” la autorización otorgada por su predecesor. El actual mandatario había insistido en que permitir ataques en profundidad “solo escalaría la guerra” y ha reiterado públicamente su rechazo a esa posibilidad.
Las posiciones de Trump reflejan una contradicción recurrente. En ocasiones, afirma que Ucrania no podrá derrotar a Rusia (este jueves dejó en claro que no ganará mientras no pase a la ofensiva) e incluso ha prometido más armamento a Kiev, siempre que los europeos asuman el costo. Sin embargo, mantiene el veto a la utilización de misiles de mayor alcance, que podrían alterar la logística militar rusa a cientos de kilómetros de la frontera.
El resultado es un escenario ambiguo en el que Washington afirma buscar el fin de la guerra, pero impide que Ucrania utilice todas sus capacidades y, al mismo tiempo, no puede evitar que Moscú intensifique sus ataques, sobre todo contra la población civil.
“Es muy difícil, si no imposible, ganar una guerra sin atacar el país del invasor,” había escrito Trump el jueves en su plataforma de Truth Social. “Es como un gran equipo en deportes que tiene una defensa fantástica, pero no se le permite jugar en ataque. No hay posibilidad de ganar.”
El mes pasado, Estados Unidos acordó suministrar a Ucrania nuevos sistemas de armas, pero solo si los países europeos los pagaban. Mientras Trump ha dicho que Estados Unidos “no está buscando” proporcionar armas de mayor alcance que podrían llegar a Moscú, funcionarios estadounidenses dijeron al Wall Street Journal que la Administración ha aprobado la venta de 3.350 misiles de munición de ataque de rango extendido lanzados desde el aire, o ERAM, que tienen un alcance de 400 km. El acuerdo, valorado en 850 millones de dólares, está financiado en gran parte por países europeos y se espera que entregue los primeros sistemas en unas seis semanas.
Sin embargo, varios funcionarios estadounidenses dijeron al medio que el uso de ERAM también requerirá la aprobación del Pentágono.
Desde Kiev, la respuesta ha sido desafiante. El presidente Volodímir Zelenski, en su discurso del Día de la Independencia, aseguró que “nadie puede prohibir” a Ucrania llevar a cabo ataques que considera justos y necesarios para la defensa nacional. Además, ha subrayado que el país no esperará “gestos de buena voluntad”, sino que utilizará su propia voluntad y recursos. En esa línea, Ucrania ha comenzado a desarrollar armamento autóctono, como el misil de crucero Flamingo, con un alcance estimado de 3.000 kilómetros, cuya producción en masa podría iniciar a finales de este año.
La adaptación ucraniana no es nueva. Ante las limitaciones impuestas por sus aliados, Kiev ha recurrido a una combinación de armas occidentales bajo autorización restringida y de sistemas desarrollados en su propio territorio. Entre ellos destacan drones de largo alcance y operaciones como la incursión en la provincia rusa de Kursk o los ataques a instalaciones energéticas en suelo ruso. Estas acciones, aunque polémicas en la arena internacional, forman parte de la estrategia de desgaste de Ucrania contra la principal fuente de ingresos del Kremlin: el petróleo y sus derivados. @mundiario


