Trump, Ucrania y el dilema de las garantías de seguridad: ¿puede EE UU redefinir la paz con Rusia?

El presidente de EE UU  ha descartado enviar tropas estadounidenses a Ucrania, pero sí sugirió que Washington podría respaldar a una eventual fuerza multinacional con apoyo aéreo bajo el liderazgo de los europeos.
El presidente de EE UU Donald Trump y el líder ucraniano Volodímir Zelenski. / White House
El presidente de EE UU Donald Trump y el líder ucraniano Volodímir Zelenski. / White House

Tras meses de resistencia, el presidente de EE UU, Donald Trump, ha dado un paso clave en el tablero internacional: se declaró dispuesto a implicarse en las garantías de seguridad para Ucrania, uno de los mayores escollos en las negociaciones de paz con Rusia. Aunque aún no existen definiciones concretas, la sola disposición marca un cambio en el discurso de Washington y abre interrogantes sobre el alcance real de ese compromiso.

El anuncio llega después de una intensa agenda diplomática: la reunión en Alaska con Vladímir Putin y la cumbre en la Casa Blanca con Volodímir Zelenski y líderes europeos. Para Kiev, esas garantías son “un comienzo para poner fin a la guerra”. Para Moscú, en cambio, cualquier mecanismo que no contemple su participación directa es inaceptable. Entre esas dos visiones, Trump intenta posicionarse como el único mediador capaz de cerrar un acuerdo.

Hasta ahora, las declaraciones de Trump han sido deliberadamente ambiguas. Ha descartado enviar tropas estadounidenses a Ucrania, pero sí sugirió que Washington podría respaldar a una eventual fuerza multinacional con apoyo aéreo. También subrayó que la “primera línea de defensa recaería en los europeos, mientras EE UU asumiría un papel de respaldo estratégico.

Este planteamiento refleja tanto la presión de sus aliados como las limitaciones que le impone su propia base política. El movimiento Make America Great Again (MAGA) se opone tajantemente a un mayor involucramiento militar de EE UU en el extranjero. Para este sector, la guerra en Ucrania es un conflicto lejano, cuyo coste no debe recaer sobre el contribuyente estadounidense.

El tablero europeo y el peso del dinero

Los aliados europeos, encabezados por Francia y Alemania, han sugerido conformar un contingente de la OTAN reforzado por mar y aire, e insisten en la necesidad de que Ucrania disponga de unas Fuerzas Armadas robustas, “sin límites en números, capacidades ni armas”. Zelenski, por su parte, trasladó a Washington una propuesta de compras militares por valor de 90.000 millones de dólares, financiados principalmente por Europa.

Este esquema encaja con la visión de Trump: suprimir la ayuda militar gratuita de EE UU y reemplazarla por un modelo en el que Europa financie gran parte del esfuerzo, mientras Washington provee tecnología avanzada y capacidad aérea. Sin embargo, Moscú rechaza de plano cualquier fuerza euroatlántica en suelo ucranio y reclama la reducción drástica del suministro de armas a Kiev.

El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, reiteró que Rusia solo aceptará garantías de seguridad si participa en su diseño y adquiere derecho de veto. El recuerdo de Estambul en 2022, cuando se planteó una coalición de Estados con decisiones por unanimidad, sigue pesando en la mesa de negociación. Kiev rechazó entonces ese modelo precisamente porque daba a Moscú la llave para bloquear cualquier medida.

Esta exigencia del Kremlin choca con las aspiraciones ucranianas y europeas, que consideran imprescindible contar con un mecanismo sólido e independiente para evitar una repetición de la agresión.

Trump entre la prisa y la presión política

El presidente estadounidense ha dejado claro que busca resultados rápidos. Durante la cumbre en la Casa Blanca se quejó de que los europeos propusieran una nueva reunión “en un mes o dos”: “Para entonces va a haber otros 40.000 muertos. ¡Tenemos que hacerlo ya!”, advirtió. Este sentido de urgencia responde tanto a la magnitud de la tragedia humanitaria como a la necesidad política de Trump de demostrar que puede cumplir su promesa electoral de acabar con la guerra en tiempo récord.

Pero la premura puede jugar en su contra. La construcción de un esquema de garantías de seguridad requiere consenso, definiciones técnicas y aceptación de todas las partes involucradas. Cualquier paso en falso puede reactivar tensiones y, en el peor de los casos, dinamitar las conversaciones.

El dilema de fondo en Ucrania

La gran pregunta es si Trump podrá conciliar tres planos en conflicto: la demanda ucraniana de garantías sólidas que impidan nuevas agresiones, el veto ruso, que busca limitar cualquier presencia militar occidental en la región y las tensiones internas en EE UU, donde el electorado republicano más radical rechaza nuevas aventuras militares.

En este cruce de intereses, la viabilidad de un acuerdo parece lejana. Sin embargo, Trump confía en su relación personal con Putin y en su capacidad de negociación. “Suena una locura, pero Putin quiere llegar a un acuerdo por mí”, llegó a decir con el micrófono abierto en la reunión con líderes europeos y Zelenski en la Casa Blanca, convencido de que solo él puede venderle una solución al Kremlin.

El compromiso de Trump con garantías de seguridad para Ucrania representa un punto de inflexión en el proceso de paz. Aunque las propuestas siguen siendo vagas, su sola disposición coloca el tema en el centro de la agenda internacional y marca un cambio respecto a la postura inicial de Washington.

Pero el desafío es enorme: cualquier esquema viable debe satisfacer a Ucrania y Europa bajar la cabeza ante Moscú, y al mismo tiempo debe ser políticamente sostenible dentro de la nueva política aislacionista de EE UU. @mundiario

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