El ataque de Israel en Doha amenaza el frágil diálogo para la paz en Gaza y tensiona la relación con Qatar
Israel amplió este martes el alcance de su ofensiva en Gaza con un ataque aéreo en Doha, dirigido contra miembros de la cúpula política de Hamás. La operación, la primera de este tipo en territorio qatarí, se produjo en medio de las negociaciones auspiciadas por Qatar y Egipto para alcanzar un cese de hostilidades en la Franja, a un día de que EE UU había logrado encauzar las conversaciones para lograr un acuerdo de máximos que contemplaba la liberación de todos los rehenes israelíes en manos de la milicia palestina.
El Gobierno qatarí reaccionó con contundencia, y calificó el bombardeo de “cobarde” y de “flagrante violación del derecho internacional”. El emir, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, condenó el ataque en conversación con el presidente estadounidense Donald Trump, asegurando que Israel había cometido una “acción criminal temeraria” contra la soberanía del país. Desde la capital, el primer ministro Mohammed bin Abdulrahman Al-Thani advirtió que Doha “se reserva el derecho de responder”, aunque reiteró que su país continuará con la mediación.
Según Hamás, la acción israelí coincidió con una reunión de su delegación en la capital qatarí para discutir la propuesta de alto el fuego presentada por Estados Unidos, y que Tel Aviv había aceptado con anterioridad según Trump. El grupo afirmó que el ataque demuestra que el Gobierno del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu “no está interesado en ningún acuerdo”. Israel, por su parte, defendió la operación alegando que los dirigentes atacados eran responsables directos de la masacre del 7 de octubre y del tiroteo de este fin de semana en Jerusalén.
Las consecuencias inmediatas incluyeron la muerte de al menos seis personas, entre ellas un miembro de la seguridad qatarí. Aunque Israel aseguró haber alcanzado a los altos mandos que participaban en la delegación negociadora, Hamás indicó que sus dirigentes sobrevivieron al intento de asesinato y que fallecieron cinco soldados de bajo rango. Estas versiones encontradas añaden confusión a un escenario ya marcado por la desinformación y las tensiones diplomáticas.
La dimensión regional del ataque quedó patente en las reacciones. Emiratos Árabes Unidos, firmante de los Acuerdos de Abraham, denunció el bombardeo como un acto “cobarde”, mientras que Arabia Saudí lo describió como una “agresión brutal contra la soberanía de Qatar”. Ambas potencias, que mantienen una posición crítica hacia Israel en el contexto actual, insistieron en que la acción erosiona la estabilidad de todo el Golfo.
La Administración estadounidense se encontró en una posición delicada. Según fuentes diplomáticas citadas por las agencias internacionales, Doha comunicó inicialmente su intención de suspender las labores de mediación tras el ataque, pero Washington presionó para que se mantuviera en la mesa de negociación. Finalmente, Qatar anunció que continuará sus esfuerzos, aunque reconoció que el margen de maniobra es cada vez más estrecho.
El momento elegido para la operación también ha suscitado interpretaciones estratégicas. El ataque ocurrió apenas un día después de un tiroteo en Jerusalén, reivindicado por las Brigadas Al Qassam, brazo armado de Hamás, que dejó seis muertos. Para analistas regionales, Israel habría querido enviar un mensaje de fuerza a a la milicia palestina y a sus mediadores, aun a costa de tensar su relación con un actor clave como Qatar y perjudicar el alto el fuego en su cruzada para presionar al grupo armado para que acepte sus demandas.
El primer ministro qatarí subrayó que el ataque marca “un momento decisivo” para la región, al señalar directamente a Netanyahu como un “actor desestabilizador” que conduce a Oriente Próximo “hacia el caos”. Al-Thani, sin embargo, matizó que Doha seguirá implicada en las negociaciones, convencida de que la mediación es la única vía para contener una escalada mayor para la población en Gaza.
La agresión en suelo qatarí abre un nuevo capítulo en el conflicto, ampliando el mapa de la confrontación y poniendo en entredicho el frágil equilibrio diplomático que sostenía los intentos de alto el fuego. Con el Golfo cada vez más implicado, la guerra en Gaza corre el riesgo de desbordar sus fronteras y convertirse en una crisis regional aún más amplia. @mundiario


