La superficie quemada en España equivale a la mitad de la provincia de Pontevedra

Un incendio de 300 hectáreas fue calificado en Finlandia como "el más importante" de esta potencia forestal en los últimos 50 años. Aquí casi no es noticia.
Fuego en un bosque. / Reinhard Thrainer en Pixabay
Fuego en un bosque. / Reinhard Thrainer en Pixabay

Lo que en Finlandia, una gran potencia forestal en el mundo, es una noticia de primera página cuando se queman 300 hectáreas de monte, aquí es una noticia más. Si es que es noticia.

Tras varias semanas de altas temperaturas veraniegas, el año pasado las llamas devastaron, por ejemplo, más de 300 hectáreas en el noroeste de Finlandia y el incendio fue calificado como "el más importante" de este país escandinavo en los últimos 50 años.

Este 2022, la UE registra un récord histórico de 660.000 hectáreas quemadas y España encabeza el ranking de superficie quemada en Europa en lo que va de año, con hasta 245.061 hectáreas arrasadas por el fuego. Es tal la dimensión de esta cifra que equivale a casi mitad de la provincia de Pontevedra.

La superficie quemada es, a su vez, más del triple que la media en 10 años, según se desprende de los datos recopilados por el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, por sus siglas en inglés).

Un país sin política forestal

Años atrás, por ejemplo en 2016, España también era el país de la Unión Europea más afectado por este tipo de catástrofes, pero entonces se habían quemado en los siete primeros meses del año unas 26.000 hectáreas, frente a las 245.061 hectáreas arrasadas en lo que va de 2022.

Los partidos que gobiernan y los que están en la oposición suelen reducir su política forestal a lanzarse reproches, sin aportar soluciones que exigirían consensos de al menos seis legislaturas: las necesarias para una verdadera política forestal, como demuestran las exitosas experiencias de los países nórdicos, donde fueron precisos 25 años para sacar adelante planes con los que se han convertido en potencias forestales en el mundo. El caso de Finlandia es el más socorrido pero no es el único.

En un período así sería posible analizar y describir la intensidad de la producción maderera, la composición por especies deseable y la diversidad de paisajes. Una vez hecho ese trabajo debería afrontarse algo que requiere no menos consenso político: cambiar la estructura de la propiedad del monte, encaminándola a su explotación y poniendo coto al minifundio.

Un incendio forestal. / Pixabay
Un incendio forestal. / Pixabay

El monte se incendia por diversos motivos, pero sobre todo arde porque no está limpio

Ya no basta con la represión, las brigadas y la regulación ecológica del material combustible. Es la hora de la política forestal –con mayúsculas–, a sabiendas de que el monte rentable no se quema. El monte se incendia por diversos motivos, pero sobre todo arde porque no está limpio. Si en el pasado no se quemaba tanto, no era porque hubiese muchos hidroaviones, sino porque los campesinos tenían sus montes limpios y, como los explotaban, los cuidaban. Lo normal es que se quemen solos un 5%, como pasa en los países donde el monte es rentable.

Agotado el modelo económico del ladrillo y saturado el del turismo, sin que nadie conozca todavía cuál debe ser la alternativa para España, los montes ofrecen unas posibilidades económicas envidiables. Podrían enriquecer la estructura social y empresarial de España, y convertir el país en una potencia maderera mundial, con más robles y menos eucaliptos y una industria asociada, capaz de aportar valor añadido. Sería la mejor manera de decir adiós a los incendios. Todo lo demás son parches y titulares para la prensa de verano. @mundiario

Comentarios