El panoptismo de la reforma laboral no atiende la España Digital

La recién pactada reforma laboral tiene visos de no soportar la disrupción tecnológica y la digitalización de la economía en un entorno cada vez más ecocibernético. Este es un mal no sólo de España, sino también de la vieja Europa.

 

Administración digital. / Computing España
Administración digital. / Computing España

La reforma laboral que en el último minuto han pactado el gobierno español y sus agentes sociales, está siendo tildada de exitosa por la mayoría de las fuerzas políticas implicadas y medios de comunicación satélites, porque dicen rompen con la abusiva temporalidad y garantiza el acceso a los fondos europeos. Sin embargo, no parece la más apta para la era digital. Si hay algo que sobresale es la falta de anticipación a la España Digital. 

Llama la atención por ser en todo caso excesivamente garantista de unos derechos laborales propios de la era analógica del siglo XIX siguiendo el esquema de empresa/fábrica. Pero en la era digital del siglo XXI nos olvidamos y dejamos en la cuneta, todos esos puntos que bien podrían haber sido “históricos” si el tripartito (ejecutivo, sindicatos y patronal) se hubieran atrevido abordar y sentar un precedente en Europa.

Lo que parece seguro es que el nuevo marco de regulación de las condiciones laborales puede ser exitosa en un entorno analógico, pero de estrepitoso  fracaso en uno cambiante y digital como el actual. Hay que admitir que no es fácil legislar pero el autobombo historicista y la pomposa escenificación aún cuando estemos en Navidad, no resta importancia al presente: el nuevo modelo laboral recién regulado parece antagónico para convivir en tiempos de la revolución ecodigital, la economía circular, las criptomonedas, el código abierto, así como la digitalización y descarbonización de la economía a marchas forzadas. Se están creando atípicas nuevas formas de relaciones laborales, perfiles y oficios que flagrantemente se desatienden en lo pactado. 

Vale como excusa una reforma laboral para cobrar fondos europeos, pero en el fondo se medirá por el nivel de creación de empleo estable a partir de ahora, y sobre todo, por la disminución del paro estructural más elevado de la UE, amén del paro juvenil.

LA ECONOMÍA DIGITAL PRECISA OTRO MARCO REGULADOR

Pero vayamos por partes. El contrato de trabajo asalariado, como contempla la reforma actual, nunca fue la única forma por la que una persona puede comprometerse a trabajar. El trabajo de autónomos y por cuenta ajena siguen marcando la realidad laboral española en un alto porcentaje respecto a sus homólogos europeos. La proliferación asimismo del teletrabajo, oficios digitales y sus condiciones  apenas se contemplan en la recién reforma del modelo laboral. 

Cualquier prestación de servicios en la nueva economía que se aleje de los cánones tradicionales mantiene la sospecha de fraude e irregularidad y, en suma, de indecencia profesional aún cuando no siempre sea así. La sospecha de fraude se cierne sobre todo aquello que se aleje de los moldes clásicos del trabajo asalariado, como por ejemplo ocurrió hasta que se legisló la ley Rider y  abortó una nueva concepción del trabajo en la nueva economía. La política y sus cánones de entender la economía analógica acabó y encorsetó a los Cabify y Ubers de turno entre otros. En otros casos se abogó por la “tasa Google” cuando somos incapaces de atraer empresas tecnológicas no solo a España sino a toda Europa, más bien por padecer una clase política analfabeta del mundo digital.

La reforma laboral ahora aprobada en nuestro país contempla acabar con las subcontratas (sic), pero ¿qué haremos si el outsourcing, es decir la externalización de servicios, se impone como estamos viendo como modelo de negocio y actividad profesional y poco a poco se impone en las relaciones entre empresas y clientes? Negar la realidad aunque no nos guste no conduce tampoco a la bonanza laboral. 

¿Qué pasará con el empleador virtual? ¿Y con los freelancers, los youtubers, los influencers en la red, las plataformas digitales, las startups en la nube sin sedes físicas, las actividades profesionales que giran en torno al e-commerce, con sus derechos /obligaciones, régimen de cotizaciones, seguro de desempleo, etc? Ya no estamos en el binomio empresa/fábrica sino en algo virtual  en la nube con la irrupción de la IA y la Robótica que no parece advertirse ni mencionarse en la nueva reforma laboral. También destaca que en esa misma regulación laboral no se aluda a los derechos digitales de los trabajadores que están siendo una realidad.

Más que un riesgo a la estabilidad laboral romántica todas las nuevas formas de empleabilidad en entornos cibernéticos son una oportunidad que están alterando los viejos paradigmas, pero también las decisiones empresariales, la emprendeduría e inversión, la creación de empleo y revolucionando los canales de venta/comunicación así como lo sistemas de pagos frente a los esquemas tradicionales imperantes desde finales del siglo XIX.

La reforma laboral tan triunfalista tampoco tiene en cuenta los intangibles de la nueva era del trabajo digital que ha venido para modificar los esquemas y los modelos de negocio analógicos. La fuerza bruta en las cintas transportadoras de antaño se ha sustituido por el control remoto. Y aquí tampoco visionamos su incidencia en el entorno laboral del futuro. Y como tampoco será la última pandemia que suframos, ningún agente social en esta reforma se ha parado a pensar cómo actuar desde el mundo laboral cuando el trabajador/empresario se vea obligado a confinarse y cerrar temporalmente el negocio.

En un contexto de crisis de suministros y abastecimiento, la digitalización está alterando los procesos de producción, stockaje, entregas y devoluciones así como su impacto en el empleo y la nueva concepción de la fuerza laboral que supuestamente ignoran los firmantes de la reforma laboral. Asistimos pues a un fracaso de la reforma laboral por empeñarnos en contemplar una realidad analógica (empresa clásica) con fecha de caducidad en vez de otra digital (digital job).

Como dijo Bill Gates: «La banca existirá siempre, los bancos no». Pues bien, reformamos una reforma laboral pensando que los bancos seguirán existiendo con sus modelos de oficinas presenciales, horarios inflexibles en horario matutino, desconexión con las demandas de sus clientes, cobrando tasas desconsideradas para compensar la caída del negocio y cerrando tanto las tardes como las fiestas de guardar como si el mundo se parase los fines de semana. Menos mal que recurrimos a la banca por internet y éste es precisamente quien está convulsionando el sector financiero clásico con la irrupción de nuevos competidores en las fintech. Tampoco hemos prestado atención a las consecuencias socio-laborales y el impacto en derechos sociales que conlleva la  deslocalización de centros productivos en  Europa y la desindustrialización de España hasta que nos topamos con la crisis de suministros.

La eliminación paulatina de las jerarquías en las estructuras corporativas y hasta en la  administración pública caminan hacia unas relaciones y códigos de conducta nuevos, que pasan por una transparencia de valores que no nos tiene acostumbrados, así como a la toma de decisiones inmediatas y a una nueva relación laboral aún por definir, pero que en todo caso será reconocido como “imprescindible” para el éxito del negocio. En este sentido, los derechos laborales de la era digital no tendrán nada que ver con los analógicos de hoy en día, muy a pesar de los agentes sociales en su ”gran reforma”. 

De histórico tiene también el paro histórico aunque el nuevo marco regulador laboral apenas incida en fórmulas creativas que disminuya la tasa, favorezca la emprendeduría y la creación de empleo tecnológico. Histórico habría sido afrontar con valentía anticiparnos al futuro y prever el impacto socio-laboral de  la irrupción de la IA y la robótica entre otros. Al igual que Europa, España padece un considerable déficit de mano de obra cualificada, en especial en nuevas tecnologías, cuya brecha no termina de cerrar paradójicamente a pesar de tanto paro, y sin abordar  la reforma laboral.

¿Por qué los robots no cotizan a la Seguridad social para garantizar las pensiones? ¿Por qué los algoritmos y el auge del Big Data en un entorno cada vez más ecosostenible siguen siendo ignorados por unos legisladores analógicos que se niegan a ver la realidad online y sin anticiparnos a la economía digital? ¿Por qué descartamos de entrada que tendremos un día un jefe robot sobre el que se depositará una serie de responsabilidades para sus “subalternos”? ¿A qué sindicato acudiremos para juzgar cuando un robot provoque un serio accidente laboral a sus operarios?

 Los derechos de los trabajadores analógicos no tendrán nada que ver con los entornos digitales. La pausa del cigarrillo, del derecho al desayuno mañanero sin venir desayunados de casa, los descansos cada equis horas de trabajo, la regulación de las horas extraordinarias, la jornada laboral en sí misma, las vacaciones remuneradas, los accidentes laborales y bajas, la protección de los desplazamientos itinerantes in house, etc.,  ¿Se impondrá un nuevo modelo de cogestión digital a la antigua usanza y que tanta paz laboral ha traído a Alemania desde el milagro alemán? ¿De verdad queremos pensar que la actual reforma laboral regula lo que será la España Digital? 

La extensión de la robótica eliminará muchos de los empleos analógicos actuales. La pregunta legítima: ¿qué contempla la reforma laboral actual para proteger los derechos laborales frente a la IA y los robots? ¿Cuáles serán nuestros futuros derechos digitales que deberán ser amparados por los legisladores? Estas y muchas preguntas sin responder, pese a su urgencia, se postergan a que sean nuevamente agentes externos (la UE) quienes lo regulen como forma de eludir responsabilidades y erosiones políticas en las elecciones.

Sí se contempla los contratos de formación reglada, pero aún así, ¿es que nadie entre los agentes sociales se ha parado a reflexionar que el futuro pasa por la formación continuada permanente y que la universidad también dejará de ser una fábrica de parados con grados obsoletos que no demanda el mercado laboral? La era del “conocimiento sinergente” como definen algunos tienen que ver con la nueva economía,  bytes, conectividad, máquinas inteligentes sin horarios, industrias del conocimiento  y contenidos digitales a mansalva, lejos de algunas pedantes escuelas formativas que insisten en la memorización y se resisten al cambio a cambio de subvenciones públicas.

DEL PARO AL OCIO

Tampoco se detecta en la reforma laboral acabar con otra de las plagas consentidas en el mercado laboral: la discriminación por edad, con independencia de su cualificación, capacitación y tarea desempeñada, salvo que cuente con el privilegio de pertenercer  a un consejo de administración, donde en ese gremio nunca ha importado la edad avanzada del consejero/a. Aparentemente preferimos robots a trabajadores mayores de 50 años con suficiente expertise.

Nos adentramos pues no sólo a una nueva definición del trabajo, sino a una sociedad donde más que el trabajo abunde el ocio. Los robots harán turnos infatigables en las fábricas inteligentes y el operario contará con mucho más tiempo libre, dando paso presumiblemente a una nueva exclavitud cibernética. Si no se remedia pronto, con capacitación y hasta previsión regulatoria, de la precariedad analógica pasaremos a la precariedad digital, o en su defecto a depender de los países más avanzados tecnológica y cognitivamente hasta para cepillarnos los dientes. 

Pretender un puesto fijo para toda la vida, hasta nuestras abuelas ya son conscientes que será una utopía en los entornos cada vez más cibernéticos, a no ser que tengamos la suerte de emprender y crear nuestro espacio laboral propio desde casa en una realidad virtual que genere negocio y acapare la atención de multitud de compradores/usuarios.

A todas esas incógnitas y desfases legislativos no se ha visto hasta ahora  ninguna respuesta de la ministra ni de los sindicatos. La patronal tampoco brilla por su lucidez, cuando en este país abundan las micropymes mientras las grandes corporaciones del IBEX tampoco destacan, salvo excepciones, con propuestas disruptivas desde el punto de vista de los recursos humanos y relaciones socio-laborales. Aún se considera  la formación continuada del empleado un gasto más que una inversión. A este paso, cuando nos demos cuenta España habrá mutado del paro al ocio, sin que nadie de los agentes sociales lo haya advertido y por no contar con una  reforma laboral que esté a la altura. Eso sí, podremos presumir de mantener intacto el panoptismo legislativo en nuestro quehacer diario.

 

 

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