Irán se aferra a la guerra regional para elevar el coste a EE UU: “un petróleo a 200 dólares”

La República Islámica intensifica sus ataques contra buques comerciales y activos estratégicos en Oriente Próximo, en una estrategia que busca transformar el conflicto en un choque económico y geopolítico global.
Un buque es atacado por Irán en el estrecho de Ormuz. / RR.SS
Un buque es atacado por Irán en el estrecho de Ormuz. / RR.SS

La guerra que enfrenta a Irán, Estados Unidos e Israel se entrelaza con una batalla económica global. Mientras continúan los bombardeos y los ataques con misiles y drones, Teherán ha intensificado una estrategia destinada a elevar el coste del conflicto para sus adversarios.

El foco principal se sitúa en el Golfo Pérsico y en las rutas energéticas, donde los ataques a buques mercantes y las amenazas sobre el comercio petrolero buscan alterar el equilibrio estratégico. Las advertencias iraníes sobre un posible petróleo a 200 dólares por barril reflejan esta lógica: convertir la guerra en un shock energético global que afecte directamente a las economías occidentales y a los mercados internacionales.

En los últimos días, varias autoridades marítimas han informado de un incremento en los ataques contra petroleros y barcos comerciales en aguas del Golfo. Los incidentes se produjeron tras el inicio de los bombardeos coordinados de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes.

Uno de los elementos más novedosos ha sido el uso de drones navales explosivos, embarcaciones no tripuladas cargadas de explosivos que pueden impactar contra objetivos marítimos. Este tipo de arma ha ganado notoriedad en conflictos recientes, especialmente en la guerra entre Ucrania y Rusia, donde se han utilizado con eficacia para atacar buques.

El estrecho de Ormuz: un punto crítico del sistema energético

El escenario clave de esta escalada es el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Cualquier interrupción significativa en esta vía tiene un impacto inmediato en los mercados energéticos.

Irán ha amenazado con bloquear el paso de buques petroleros y, según diversas fuentes militares, habría desplegado decenas de minas navales en la zona. Washington sostiene que parte de esas capacidades han sido destruidas por ataques aéreos, aunque reconoce que la navegación sigue siendo extremadamente peligrosa.

La posibilidad de un bloqueo total o parcial del estrecho constituye uno de los mayores temores de los mercados internacionales desde el inicio de la guerra.

El discurso oficial iraní ha vinculado directamente la seguridad energética con la evolución del conflicto. El portavoz iraní Ebrahim Zolfaqari advirtió de que el mundo debe “prepararse para un petróleo a 200 dólares por barril”, argumentando que el precio dependerá de la estabilidad regional.

Estas declaraciones reflejan una estrategia que busca trasladar el impacto de la guerra más allá del campo de batalla. Si el conflicto altera de forma prolongada el suministro energético, el coste político y económico para las potencias occidentales podría aumentar considerablemente.

Los mercados ya han reaccionado con volatilidad. El precio del crudo llegó a acercarse a los 120 dólares por barril, antes de retroceder parcialmente por las promesas del presidente estadounidense Donald Trump sobre proteger a los buques que crucen la ruta.

Una guerra que se expande por la región

Ante el riesgo de un shock energético comparable al de la década de 1970, la Agencia Internacional de la Energía recomendó una liberación masiva de reservas estratégicas de petróleo.

La propuesta contempla la liberación de hasta 400 millones de barriles, lo que constituiría la mayor intervención coordinada de este tipo en la historia. El objetivo es amortiguar el impacto en los precios y evitar una crisis energética global. En paralelo, autoridades estadounidenses han señalado que las compañías petroleras podrían aumentar la producción para compensar posibles interrupciones del suministro en el Golfo.

Sin embargo, mientras la presión económica se intensifica, el conflicto militar continúa extendiéndose. Irán ha lanzado misiles y drones contra objetivos en Israel y en varios países de Oriente Próximo, incluyendo depósitos de petróleo en Omán, mientras su aliado regional Hezbolá ha participado en ataques coordinados.

Por su parte, el ministro de Defensa israelí Israel Katz ha afirmado que la campaña militar continuará “sin límite de tiempo” hasta alcanzar sus objetivos estratégicos. Desde Washington, el presidente Trump ha sugerido en cambio que la guerra podría terminar relativamente pronto, al asegurar que “queda prácticamente poco por atacar” en Irán.

Más allá de la dinámica militar inmediata, la estrategia iraní parece orientada a transformar la guerra en un conflicto de desgaste regional. Al atacar infraestructuras económicas, rutas comerciales y activos energéticos, Teherán intenta ampliar el coste del enfrentamiento para sus adversarios. @mundiario

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