400 millones de barriles por la guerra con Irán: la mayor intervención de reservas de la historia

La crisis en Oriente Próximo obliga a las potencias industriales a activar sus reservas de emergencia ante la amenaza de Teherán de hacer subir el petróleo a los 200 dólares.
Petróleo y dólares. / RR SS
Petróleo y dólares. / RR SS

La escalada militar en torno a Irán ha devuelto al petróleo al centro de la geopolítica mundial. Ante la amenaza de una interrupción masiva del suministro energético, los países miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) han acordado liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas, una medida sin precedentes destinada a estabilizar el mercado y contener el impacto económico de la crisis.

La decisión se produce en un momento especialmente delicado para el comercio energético internacional. El conflicto en la región del Golfo Pérsico ha alterado gravemente el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del sistema energético mundial, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que consume el planeta.

El estrecho de Ormuz es una arteria fundamental del comercio de hidrocarburos. Cada día cruzan por ese corredor marítimo alrededor de 20 millones de barriles de petróleo y derivados, destinados principalmente a Asia, Europa y Norteamérica.

La intensificación de la guerra y los ataques contra petroleros han reducido de forma drástica la navegación en la zona. Las aseguradoras han retirado coberturas para los buques y varias navieras han suspendido rutas, lo que ha provocado que millones de barriles queden bloqueados en buques que no pueden cruzar el estrecho.

Este escenario ha provocado una reacción inmediata en los mercados energéticos. Desde el inicio del conflicto, el precio del crudo se disparó cerca de un 40 %, situándose en torno a los 92 dólares por barril en el caso del Brent, referencia en Europa. Sin embargo, el temor de los mercados no se limita al precio actual, sino a la posibilidad de una interrupción prolongada del suministro.

La mayor liberación de reservas petroleras de la historia

Ante ese escenario, la AIE decidió activar su principal herramienta de emergencia: el uso de reservas estratégicas.

El organismo fue creado en 1974 tras el embargo petrolero árabe para coordinar la respuesta de las economías industrializadas ante crisis energéticas. Una de sus normas clave obliga a los países miembros a mantener reservas equivalentes a al menos 90 días de importaciones netas de petróleo.

En total, los miembros de la agencia acumulan alrededor de 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia. El plan actual prevé liberar aproximadamente un tercio de ese volumen, es decir, 400 millones de barriles, durante al menos dos meses. El objetivo es compensar parcialmente la interrupción del suministro y enviar una señal de estabilidad a los mercados.

La medida supera ampliamente la intervención más reciente: los 182 millones de barriles liberados en 2022 tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

La liberación de reservas se realizará de forma coordinada entre los 32 miembros de la AIE, y cada país aportará una cantidad proporcional a sus existencias. Entre los anuncios más destacados se encuentran los de España, que liberará el equivalente a 12 días de reservas según la ministra Sara Aagesen.

Japón, cuyo Gobierno —encabezado por Sanae Takaichi— ha planteado liberar unos 80 millones de barriles entre reservas privadas y estatales; y Alemania, que ha indicado tener listos 19,5 millones de barriles para su contribución.

La distribución final dependerá del peso energético de cada país y de su capacidad de almacenamiento.

La advertencia de Irán: un barril a 200 dólares

Sin embargo, estas intervenciones tienen límites claros: las reservas no pueden sustituir el suministro mundial durante mucho tiempo. Su función principal es ganar tiempo mientras el mercado reorganiza las rutas comerciales o aumenta la producción en otras regiones.

Mientras Occidente intenta estabilizar el mercado energético, Irán ha respondido con una advertencia contundente. El portavoz militar Ebrahim Zolfagari, vinculado al cuartel central Khatam al‑Anbia Central Headquarters, aseguró que “ninguna medida artificial” podrá frenar el encarecimiento del petróleo si continúa la guerra en la región.

Según su declaración, el precio del crudo podría alcanzar los 200 dólares por barril si persiste la tensión en el estrecho de Ormuz.

El mensaje refleja una estrategia que algunos analistas interpretan como una guerra económica indirecta. Consciente de su inferioridad militar frente a Occidente, Teherán podría buscar presionar a las economías occidentales mediante la interrupción del comercio energético.

El petróleo sigue siendo una pieza fundamental para el transporte, la industria y la aviación. Cuando su precio aumenta bruscamente, el impacto se traslada rápidamente a los costes de producción y al precio de los combustibles. Por ello, la liberación masiva de reservas estratégicas no solo busca estabilizar el mercado energético, sino también evitar que una crisis regional termine desencadenando una perturbación económica global. @mundiario

Comentarios