15 Comarca de Lugo: construir cultura, valorar la historia, y hacer país

Muralla Romana de Lugo
Muralla Romana de Lugo
Lo lógico sería que cada municipio gallego, lo mismo que tiene su campo da feira tuviera su campo para campamentos, como algo usual.
15 Comarca de Lugo: construir cultura, valorar la historia, y hacer país

Mucho se habla de la España despoblada, y últimamente, a causa de la torpe sentencia de una jueza poco sensible, se polemiza sobre la Galicia profunda. Y no podemos pasar por alto (lo venimos haciendo en este recorrido por las Comarcas de Lugo) el problema de la despoblación, e incluso el inmenso error del abandono y del descuido exterior que la ha precipitado. Pero siempre teniendo presente que en cada comarca vamos descubriendo que hay vida inteligente en medio de la despoblación, y existe iniciativa, y una voluntad de gentes que, contra viento y marea, tratan de mantener viva y atractiva su tierra, su historia, su naturaleza, poniendo en valor sus recursos y todos los vestigios y obras de arte que la historia ha ido dejando como testimonio de vida, de cultura y de iniciativa humana.

En Castroverde existe una Asociación de Amigos do Patrimonio de Castroverde, que pone su empeño en estos objetivos, en dar a conocer, a propios y extraños, los recursos del municipio y de la comarca, y a lograr que sus paisanos tengan actividades más atractivas que la de quedarse en casa viendo la televisión. O la Asociación Cultural do Forno da Vella, que organiza viajes culturales, teatro, cursos, talleres, y que colabora y recibe el apoyo de la anterior. A todas les da cancha el Concello en su página Web, con el ánimo de apoyar sus iniciativas y estimular y difundir sus actividades.

Ya que estamos en Castroverde, no conviene olvidar que, además de sus rutas de naturaleza y del paso por el municipio del Camino Primitivo y de la vía romana XIX, vale la pena conocer su Torre del Homenaje, que es lo que queda del Castillo del siglo XIV, o la Iglesia de origen gótico de Santa María de Vilabade, o el Pazo también de Vilabade, o sus iglesias románicas… Pero es aconsejable para ello no sólo hacer una etapa en el Camino, o una visita ex profeso, sino dejarse aconsejar por los expertos del lugar, que trabajan precisamente para poner en valor su patrimonio.

Castroverde Torre del homenaje

Castroverde: Torre del homenaje

En O Corgo, vale la pena visitar A Fervenza do Miño, o el Puente medieval sobre el río Neira. O uno de los molinos, restaurado, de los tres que hubo en el municipio; o sus cruceiros e iglesias románicas. O Corgo está comprometido con el conjunto de ayuntamientos que promueven la Vía Künig, como trayecto alternativo del Camino Primitivo, y entre las rutas que promueve está también el Camino Real, que conduce hasta Lugo.

El Concello de O Corgo tiene abierta una iniciativa muy interesante, que denomina Proyecto Corgoral, a través del cual pretende recopilar toda la narrativa de tradición oral existente en el municipio: toda esa cultura popular, no escrita, que no conviene perder, sino realzar, transmitir y poner en valor. Una gran iniciativa.

O Corgo A Fervenza do Miño

Fervenzas do Miño. O Corgo

Friol continúa la tradición de las ferias mensuales, el primer domingo de cada mes en el mercado municipal, y celebra su Feria del Ganado, la Feria del Caballo y la Feira del Queso, y en su página Web desarrolla una descripción detallada de sus parroquias. En cuanto a edificios civiles no podemos pasar por alto la Fortaleza de San Paio de Narla.

Friol Fortaleza de San Paio de Narla

Fortaleza de Narla. Friol

En Guntín no podemos dejar de visitar el Monasterio de Ferreira de Pallares, con origen en el siglo IX, y diversas transformaciones en los siglos siguientes, desde los Reyes Católicos hasta el barroco. O las iglesias de Mosteiro o de Santiago de Entrambasaguas, ambas con interesantes pinturas murales. O el Puente Cabalar, de posible origen romano, o el Castelo da Mota… Pero todo ello, y mucho más, nos lo sugiere magistralmente la página web del concello9.

Monasterio de Ferreira de Pallares Guntín

Monasterio de Ferreira de Pallares. Guntín

En Outeiro de Rei se pueden visitar diversas iglesias, un par de ellas de origen románico, o conservando elementos románicos, como la iglesia de Francos, y la mayor parte barrocas. Sin olvidar los pazos, como los de Cela, Miraz o MIrapeixe, ni -por supuesto- los vestigios del paso primitivo del hombre por el municipio, como los petroglifos de Pena Serrada.

Iglesia de Francos Outeiro de Rei

Iglesia de Francos Outeiro de Rei

Una visita obligada es la de la Casa-Museo de Manuel María, desde la que la Fundación Manuel María -declarada de Interés Cultural-, trata de mantener, dar a conocer y propagar su legado de devoción y enaltecimiento por toda su tierra, y por la cultura y tradiciones de la misma.

Casa Museo Manuel María Outeiro de Rei

Casa-Museo Manuel María Outeiro de Rei

Portomarín nos ofrece, entre otras cosas, uno de los castros de la edad del Hierro más interesantes y completos del Noroeste: el Castro de Castromaior

Castro de Castromaior Portomarín

Castro de Castromaior. Portomarín.

Rábade, entre sus ofertas de naturaleza nos abre dos rutas que tienen la particularidad de haber sido diseñadas por los alumnos del Colegio Especial Santo Anxo: La Ruta de A Insua de San Roque, y la Ruta de los Tres Municipios, ya que pasa por Rábade, Begonte y Outeiro de Rei.

Hay que citar también la Casa-Fortaleza de Miraflores do Miño.

Son pequeñas muestras de lo mucho que se puede encontrar en esta Comarca de Lugo, que no desmerece lo que ya hemos ido reseñando en las Comarcas que llevamos visitadas. Si quisiéramos hacer algo parecido con la ciudad de Lugo tendríamos que editar una guía completa.

Es posible ser original

Sin embargo, nos hemos encontrado con una persona -nos puso en contacto Toño Núñez- que está haciendo un trabajo muy interesante, y que quizá debería ser quien preparara esa guía. Se trata de Guido Álvarez (Guido Guía, según firma él mismo), que está siendo capaz de mostrarle a los lucenses de toda la vida (y a visitantes de múltiples procedencias) el conocimiento de un Lugo novedoso. Y está demostrando que se puede afrontar la cultura y el turismo sin caer en los tópicos ni en la rutina.

Con su trabajo O Lugo menos coñecido, comenzado en 2019, está -nunca mejor dicho- llevando de calle a la ciudad. Y podría hacer lo mismo con la provincia. De hecho, en sus trabajos anteriores ya ha hecho algo de esto. No sólo con la sorpresa de desvelar lo no conocido, o lo ignorado, sino con la habilidad, o con el sentido comunitario de ir incorporando sobre la marcha en sus rutas a personas conocedoras de los lugares visitados para que intervengan y cuenten las historias vivas de cada lugar. Y con la habilidad de poner en valor el Arte Urbano, pasando a dar rango de artistas a los comúnmente llamados grafiteros. Demostrando una cosa: que todos pueden contribuir a enriquecer el paisaje urbano. Incluso el de una ciudad como Lugo que cuenta con tres inscripciones en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO: Murallas, Catedral y Camino Primitivo de Santiago.

Catedral de Lugo

Catedral de Lugo

Vale la pena conocer los pareceres de lo que podríamos llamar “la comunidad de Guido”. Porque conocer mejor una ciudad, una tierra, un lugar, no deja de ser el mejor sistema para construir comunidad. Y me van a perdonar los lectores la licencia que me voy a tomar de dejarles el enlace de un video de un padre orgulloso, sensato y profundo, que explica muy bien, no sólo la historia de cómo Guido llegó a hacer lo que hace, sino una filosofía de vida que, en realidad, explica por qué lo hace.

Señalo este hallazgo porque enlaza con una preocupación que he ido manifestando a lo largo de todos los artículos anteriores: las Comarcas de Lugo, aparte de los innumerables recursos de que disponen, tienen una inmensa posibilidad de poner en valor esos recursos. En primer lugar, por supuesto, generando valor añadido a los propios productos, y no sacándolos solamente como materia prima. Pero, en segundo lugar, aprovechando esos mismos recursos y su inmensa variedad tanto natural como histórica, tradicional y cultural, para generar una industria integral dirigida a las múltiples opciones del turismo.

Y cuando hablamos del turismo no nos referimos solamente al hecho de ser visitados, sino al de estimular esas visitas, ofertando muy diversas opciones, según las necesidades, aficiones e intereses de los visitantes. Y cuando hablamos de una industria integral queremos referirnos no solamente a mostrar esas opciones a quienes vienen, y dar alojamiento a quienes vienen. Sino a producir visitantes, estimular visitas, incitar a los diferentes tipos de personas que pueden visitarnos, así como a ofrecerles muy variadas pero completas opciones, tanto de viaje como de alojamiento, actividades y gastronomía.

Es posible la utopía: ¿por qué no la construimos?

Tenemos el ejemplo del Camino. Ahí se generó un estímulo para que -fundamentalmente andando- hubiera gente, mucha gente, que tuviera a Compostela como referencia. Y eso no surgió de modo espontáneo: hubo un efecto de llamada, una promoción, que por entonces se basaba en indulgencias y otro tipo de incentivos de ese estilo. Ahora el Camino lo hace mucha gente, no solamente con ese carácter estrictamente espiritual.

El secreto tal vez está en concretar ofertas y promociones en relación con diferentes objetivos e intereses: desde el natural hasta el cultural, el medioambiental, el deportivo, el histórico. Y puede abarcar desde el mero turismo, o desarrollo del ocio, hasta el pedagógico, científico, e incluso a una mezcla de todos ellos. Y -siempre respetando la iniciativa privada- hilando la oferta de visita con la facilidad del acomodo, con la oferta gastronómica, y facilitando las cosas de forma que se pueda presentar todo ello en una oferta integral, aunque abierta, para que el viajero tenga todas las variables logísticas y materiales prácticamente resueltas.

Se pueden poner ejemplos: se organiza una exposición interesante, o una visita cultural, y se puede ofertar con opciones de alojamiento, de lugares donde comer o cenar, y de actividades complementarias, de ocio o culturales, o de naturaleza. De ese modo, muchos de los que tal vez iban a pasar unas horas en el lugar pueden terminar pasando un fin de semana o más. O incluso, algunos de los que no pensaban asistir, van a encontrar incentivos complementarios para visitar la exposición. Sin hablar, por ejemplo, de cómo organizar dicha exposición y de cómo presentarla para hacerla irresistible: lo cual llevaría a pensar en algo más que en turismo, sino incluso en tecnología de la comunicación, en gestión de las redes sociales, y en el uso de muchas otras herramientas que generan actividad laboral y desarrollo.

Cuando hablábamos de la comarca de la Montaña, comentábamos que había dos grupos que estaban instalándose para ofertar rutas a caballo. Si además de ofertar esas rutas, se ofrecen diversas opciones de alojamiento, y actividades culturales o de ocio, o gastronómicas complementarias, y si hace falta con el apoyo del transporte necesario, no nos quepa le menor duda de que la iniciativa es un éxito.

Por eso me veo obligado a refrescar lo dicho en otros artículos anteriores, y esta vez incentivado con el fenómeno “Guido Guía” que acabamos de comentar. Sé que existen diversas iniciativas que van saliendo adelante por cuenta propia. Pero no sólo no haría daño, sino que contribuiría a construir un plan estructurado y armónico si se preparase, por ejemplo, un encuentro, o un congreso entre todos los protagonistas de esas iniciativas, con el objetivo de construir una red bien conectada, y con el fin de interesar a las Administraciones en el apoyo de dicha red, en el soporte coordinado a la promoción, y con la implementación de determinadas inversiones que se harían necesarias para que los casos que contamos con admiración no queden en eso: en meras iniciativas individuales y no convenientemente articuladas. Y articulación tiene que ver con la logística, con la promoción, y -por supuesto- con la formación.

Hace poco, gracias a la generosa invitación de la revista HG&T hacia un comentario que desde hace años tengo en mente, y que me choca que no se haya convertido en una práctica generalizada. Tuve la suerte de participar como concejal en el primer ayuntamiento democrático de Madrid, y en aquellos tiempos, mi distrito fue el primero que comenzó a organizar campamentos de verano para niños y adolescentes de barrios de trabajadores. Los hacíamos en Galicia: cuatro turnos de quince días en julio y agosto. Todavía hoy, conozco a bastantes participantes en aquellos campamentos que pasan sus vacaciones en Galicia, y en cuanto tuvieron hijos los trajeron a conocer lo que ellos habían conocido, lo que ellos habían vivido.

Se pueden organizar campamentos con muy diversos propósitos: con talleres de aprendizaje en muy diversas artes, con pedagogías relacionadas con fauna y flora, con el conocimiento de yacimientos megalíticos, con aprendizaje de la historia, de la cultura, de las tradiciones; de la lengua, incluso. Y todos ellos combinados con el ejercicio físico, el deporte, el ocio. Incluso con la convivencia con niños y adolescentes de aquí, y hasta con el intercambio. Lo lógico sería que cada municipio gallego, lo mismo que tiene su campo da feira tuviera su campo para campamentos, como algo usual. Y que hubiera una promoción entre colegios e institutos de la España poblada o superpoblada (Madrid, Valladolid, y otras ciudades) -incluso hermanamientos e intercambios-, que fueran desparramando la simiente de la pasión por Galicia, que fueran generando una nutrida y bien repartida red de amigos de Galicia. Justo a esas edades en las que se tienden a hacer “amigos para siempre”.

Quiero pedir disculpas por este “excursus”. Pero piénsenlo ustedes bien, porque me barrunto que no voy muy desencaminado. Y gracias, Guido Guía, por haberme dado pie a dar rienda suelta a algo que no se me ha ido de la cabeza en muchos añ[email protected]

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