Estos son los retos a los que se enfrentará Gabriel Boric tras su investidura

Investidura de Gabriel Boric como presidente de Chile. / Presidencia de Chile
Investidura de Gabriel Boric como presidente de Chile. / Presidencia de Chile

El ganador de las elecciones presidenciales de Chile, Gabriel Boric, ha juramentado esta tarde como nuevo presidente del país austral en medio de una “renovación social”.

Estos son los retos a los que se enfrentará Gabriel Boric tras su investidura

Con tan sólo 36 años de edad y con una trayectoria de liderazgo estudiantil detrás de sí, Gabriel Boric se ha convertido este viernes en el presidente más joven de Chile tras su investidura, que promete el relanzamiento de la izquierda en América Latina y un Gobierno que acerque a su país hacia la socialdemocracia europea.

En el acto de investidura, celebrado en la costera ciudad de Valparaíso, sede del Congreso chileno, Boric ha jurado como presidente en medio de una especie de “renovación social”, que viene a reemplazar los preceptos centralistas que consolidaron a Chile como uno de los países más ricos y prósperos de la región.

El presidente saliente, Sebastián Piñera, cedió su banda presidencial y procedió a salir del recinto como cita el protocolo. Boric juró vestido de un traje sin corbata, como un sinónimo de los cambios que le avecinan a Chile, y que no pasó desapercibido por la prensa, junto a otros simbolismos como la vestimenta púrpura de parte de sus ministras o la banda presidencial, confeccionada por un taller de la periferia de Santiago, que fundó en pleno estallido social de 2019 el Sindicato Revolucionario Textil (Siretex).

Soplan vientos de cambio

Boric se trata del primer presidente que no hace parte ni de la centroizquierda ni de la centroderecha, los dos bloques que han gobernado desde el retorno de la democracia, en 1990. Por el contrario, es de tendencia progresista y crudo detractor del neoliberalismo. Asegura sentirse inspirado por el Estado de bienestar europeo, y que desea implementarlo en Chile para extenderlo por Latinoamérica.

“Su investidura es un mensaje de apertura, diversidad e inclusión. El propósito es marcar fuertes diferencias con el Gobierno saliente e insistir que este no es solo un cambio de mando sino de ciclo”, dijo Mauricio Morales, profesor de la Universidad de Talca.

El exlíder estudiantil será presidente hasta 2026, y se ha perfilado como un representante de “la nueva izquierda”, modernizada, acercada más hacia la atención de las desigualdades o el cambio climático. De sus 20 ministros, 14 son mujeres, y ha posicionado a la doctora Izkia Siches al frente de la poderosa cartera del Interior, la primera mujer en ocupar el cargo.

Sin embargo, y por más que Boric haya ganado con un histórico margen, se debe enfrentar a tiempos políticos realmente complejos, que, de acuerdo con analistas políticos de todo el continente, pondrán a prueba sus propuestas y el impulso que ha recibido después del estallido social de 2019.

El nuevo presidente asume al poder sin mayoría en el Congreso. Su partido Convergencia Social, de izquierda, lo llevó al poder con una coalición de Gobierno con el Partido Comunista, que cogobernará la nación y ha alertado a los sectores conservadores y moderados de la esfera política chilena.

Así, Boric deberá sortear o convencer lo suficiente a los sectores mayoritarios del Congreso, que lo asocian con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela y con el socialismo del siglo XXI. De lo contrario, estiman los catedráticos, no tendría la capacidad de cumplir con “significativas reformas que ha propuesto” en el corto plazo.

Los conservadores advierten de que, aunque en el discurso Boric propugne la igualdad socioeconómica, y que desea que el 1 % de la población deje de concentrar el 26 % de la riqueza, su coalición con la bancada comunista los acerque más hacia Venezuela, donde el 96 % de la población vive en la pobreza y el 77 % en la pobreza extrema.

Además, debe velar porque la nueva Constitución, que está siendo redactada por la Convención constituyente, sea aprobada por un amplio margen a través de un plebiscito en el que participará toda la nación.

El conflicto en el sur

Piñera decretó dos Estados de alarma, después de que la situación se volviera crítica en las regiones del norte y del sur del país, por dos problemas sociales complejos, de larga data y difícil resolución.

El primero es la escalada del conflicto mapuche, que se da en la “macrozona sur” del país, y ha aumentado a través de ataques incendiarios, quema de viviendas y las muertes de varios indígenas mapuches, agricultores y agentes de seguridad. El conflicto tiene sus orígenes en las reclamaciones del pueblo mapuche, que son explotadas por el sector agrario tras obtener las concesiones de la tierra.

“La relación entre el Estado y el pueblo mapuche ha sido tensa y violenta hace décadas. Y aunque el proceso constituyente, que cuenta con representantes de los pueblos originarios, fue un primer paso para una relación distinta, la tensión sigue”, explica Pamela Figueroa, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Chile, según recoge la BBC. “Boric va a tener un rol clave en enfrentar el tema de la violencia. Muchos estarán observando lo que un gobierno de izquierda puede hacer en esta materia”, añadió.

Crisis migratoria en el norte

El otro Estado de emergencia ocurre en las regiones norteñas de Chile, las más afectadas por la alta afluencia de migrantes que han entrado al país en los últimos años, principalmente de origen venezolano y haitiano. Para 2020, 1.500.000 de personas migrantes vivían en Chile, lo que corresponde al 7,5% de la población.

Igual que sus vecinos, Chile ha implementado nuevas medidas como la imposición de visas para los migrantes venezolanos, las deportaciones masivas o creación de zanjas para evitar el pase por cruces ilegales a través del desierto de Atacama, lo que ha precarizado la ruta migratoria, resultando en una de las más peligrosas del continente.

El punto más álgido de la crisis se alcanzó hace unas semanas, cuando los trabajadores y vecinos de las comunidades norteñas han liderado protestas y bloqueos para exigir mayor seguridad. Además, se han desplegado varias unidades militares para estabilizar la zona, ante los desalojos forzados y quema de campamentos que los ciudadanos han emprendido en contra de los migrantes.

“Boric tendrá que pensar en las dos perspectivas de este problema: la agenda de seguridad, de un lado, y los derechos humanos de los migrantes, de otro. El nuevo presidente tendrá que encontrar un equilibrio entre ambas”, explica Figueroa.

El giro a la izquierda de América Latina

La lista de invitados selectos de Boric, unos 26 realizados por elección personal del nuevo presidente, han sido indicados por varios politólogos como una “radiografía de la política exterior” que tendrá el nuevo Gobierno. Ante la negativa del Estado chileno de invitar a los responsables diplomáticos de Cuba, Nicaragua y Venezuela por sus derivas autoritarias, Boric se tomó la atribución de invitar a varios opositores del Gobierno de Daniel Ortega

Sin embargo, ninguna representación venezolana, ni de la cúpula chavista o la oposición, han sido invitados. Maduro y Boric se han alejado sin siquiera acercarse, después de que el joven presidente asegurara en una entrevista que Venezuela “no es el camino” y de que Maduro le respondiera tachándolo de “cobarde fracasado”.

Por otro lado, varios jefes de Estado como el rey Felipe VI o el mandatario conservador uruguayo, Luis Lacalle Pou, son invitados por el Estado, no por Boric, su lista personal destaca sus deseos de acercarse a los demás aliados izquierdistas de la “nueva marea roja” como el precandidato colombiano Gustavo Petro, cuya invitación alentó a que el presidente conservador, Iván Duque, declinara la invitación formal del Gobierno. @mundiario

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