El hallazgo del agujero negro ‘dormido’ que está fuera de la Vía Láctea

Ilustración del sistema binario VFTS 243, una estrella caliente y su agujero negro 'dormido'. / SINC
Ilustración del sistema binario VFTS 243, una estrella caliente y su agujero negro 'dormido'. / SINC

Un equipo de investigadores ha descubierto un tipo de vórtice que no tiene rastros de haber sido originado de una supernova y que tampoco interactúa con su estrella.

El hallazgo del agujero negro ‘dormido’ que está fuera de la Vía Láctea

La comunidad astronómica está apenas saliendo de la resaca que dejó la celebración por las primeras imágenes que toma el telescopio James Webb, pero la ciencia y sus hallazgos no se detienen, toda vez que la exploración del espacio sideral ha arrojado un nuevo descubrimiento, un agujero negro que está inactivo, pese a su naturaleza voraz.

El vórtice ha sido bautizado como VFTS-243, fue localizado muy cerca de nuestra Vía Lácta, de hecho, fue encontrado en la galaxia vecina de la Gran Nube de Magallanes, una auténtica “aguja” en un pajar conformado por densos gases espaciales y polvo cósmico, que puede arrojar luz a comprender mejor la formación de los astros.

Se trata de un avistamiento bastante extraño, pues se cree que, a diferencia de lo que se ha atestiguado hasta ahora, la conformación de este agujero negro no fue precedida por una inmensa explosión de proporciones extremas, sino que no hay evidencia que demuestre que ello habría ocurrido, por lo que su origen como tal es misterioso.

Un grupo de investigadores que se han ganado la fama de ser la ‘policía de los agujeros negros’ han pasado de ser un equipo que desmiente descubrimientos, a ser la unidad que los realiza. Estos científicos, escépticos en un inicio, debido a su largo historial descartando potenciales agujeros negros, pudieron descubrir un auténtico vórtice como este, aunque en realidad es mucho más profundo que eso.

¿Qué es un agujero negro dormido?

Gracias a las observaciones, cálculos y teorías conocemos que los agujeros negros son restos fríos que resultan de la descomposición de las estrellas. Son espacios tan densos que ni las partículas de la luz pueden escapar de su fuerza gravitatoria, y que irradian a su vez una enorme cantidad de energía materializada a través de rayos X, que es como usualmente se pueden detectar estos cuerpos.

Cuando las estrellas agotan su energía, muchas de ellas se convierten en enanas blancas o estrellas de neutrones, objetos estelares sin vida que van consumiendo todo su remanente. Pero los agujeros negros corresponden a la fase final de los cuerpos celestes que son 10 o 15 veces más grandes que nuestro Sol.

Debido a la variedad de proporciones de los cuerpos celestes, es usual entender que cuando una estrella masiva muere, agota su energía, colapsa por su propia gravedad y se produce una explosión estelar extremadamente fuerte y notable, que puede ser detectada incluso a simple vista, conocida como supernova, un fenómeno que antecede la creación de un agujero negro.

Cuando este proceso ocurre en un sistema en el que dos estrellas se orbitan a sí mismas, llamado binario, el resultado es un agujero negro en órbita con una estrella luminosa a su costado. Se espera que los agujeros negros sigan interactuando con lo que sea que esté a su alrededor, pero por alguna razón VFTS-243 lo hace relativamente muy poco, y al no emitir esos niveles de radiación, se considera “dormido”.

Un agujero negro dormido a la vuelta de la esquina

“Es increíble que apenas sepamos de la existencia de estos agujeros negros inactivos, dado lo comunes que la comunidad astronómica supone que son”, explica el coautor del estudio que fue publicado en la revista Nature Astronomy, Pablo Marchant, de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

“Durante más de dos años, hemos estado buscando este tipo de sistemas binarios de agujeros negros”, dijo la coautora Julia Bodensteiner, investigadora del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Alemania, que considera que VFTS-243 es “el candidato más convincente reportado hasta la fecha”.

El equipo investigador tuvo que buscar cerca de 1.000 estrellas masivas dentro de la región de la Nebulosa de la Tarántula, en la Gran Nube de Magallanes, una tarea extremadamente complicada pues detectar un agujero negro que no emite las señales que suelen atribuírsele es complejo.

El lugar de la búsqueda está situado a 160.000 años luz de distancia, cuyos datos fueron analizados durante seis años (2008-2014) de varias observaciones del Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), el Observatorio Real (ahora en la Agencia Espacial Europea) y datos adicionales del programa Binary Monitoring. @mundiario

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