¿Doñana se queda sin agua?: Un estudio alerta de la desaparición de las marismas
El agua que define a Doñana se está retirando en silencio. Sin imágenes espectaculares ni catástrofes súbitas, las marismas del Parque Nacional avanzan hacia un escenario inquietante: su posible desaparición antes de 2086. Así lo advierte un estudio de la Universidad de Sevilla que pone cifras, fechas y tecnología a una amenaza que lleva años sobrevolando este espacio único, Patrimonio de la Humanidad y refugio clave para la biodiversidad europea.
En lo que va de siglo, Doñana ha perdido ya un 15% del volumen de agua de sus marismas. No es una estimación vaga ni un cálculo teórico: el dato procede del análisis sistemático de imágenes del satélite Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea, procesadas mediante un algoritmo de aprendizaje automático desarrollado por un equipo investigador de la Universidad de Sevilla. La ciencia, esta vez, no lanza advertencias abstractas: señala directamente al cielo. El problema principal no es tanto el aumento de las temperaturas como la caída persistente de las precipitaciones.
El estudio, liderado por el ingeniero Emilio Ramírez Juidias, identifica un punto de inflexión claro: desde 2010, la pérdida de agua en las marismas se ha acelerado. Menos lluvia significa menos recarga natural y, por tanto, menos vida en un ecosistema que depende de un equilibrio extremadamente frágil. Bajo un escenario “neutral”, Doñana podría quedarse sin marismas hacia 2086. Otros escenarios, más adversos, acortan ese plazo hasta apenas 45 años.
Doñana no se seca de golpe, se vacía poco a poco
El retroceso de las marismas no se manifiesta como una herida abierta, sino como una ausencia progresiva. Donde antes había láminas de agua estacionales ahora aparecen suelos agrietados, vegetación empobrecida y ciclos ecológicos alterados. Aves migratorias que dependen de estos humedales encuentran menos alimento; especies adaptadas al pulso del agua ven cómo ese pulso se debilita año tras año.
El estudio apunta con claridad a la lluvia como factor determinante. La disminución pluviométrica sostenida es, según los investigadores, el “síntoma evidente” del deterioro hídrico. El calentamiento global agrava el problema, pero no es el único motor. El mensaje implícito es incómodo: incluso sin récords extremos de temperatura, Doñana puede desaparecer si deja de llover como antes.
La tecnología que revela lo que el ojo no ve
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es la metodología. El algoritmo desarrollado permite detectar agua superficial con alta precisión, automatizando un proceso que hasta ahora requería más intervención humana. Esto no solo aporta fiabilidad científica, sino que convierte el estudio en una herramienta de gestión. Saber exactamente dónde, cuándo y cuánto agua se pierde es clave para actuar antes de que sea irreversible.
Además, el enfoque es escalable. La misma tecnología puede aplicarse a otros humedales amenazados, dentro y fuera de España. Doñana se convierte así en laboratorio y advertencia: lo que ocurre aquí puede estar ocurriendo, de forma silenciosa, en otros ecosistemas similares.
Medidas urgentes: el margen de maniobra existe, pero se estrecha
Los investigadores no se limitan al diagnóstico. Entre las medidas propuestas destacan el cierre de acuíferos sobreexplotados y la erradicación de las extracciones ilegales de agua, una herida abierta en el entorno de Doñana desde hace décadas. A ello se suma la restauración de zonas húmedas degradadas y, sobre todo, una planificación hidrológica integrada que conecte la gestión de los acuíferos con los planes de cuenca.
El mensaje es claro: Doñana no se salvará con parches ni con discursos. Requiere decisiones estructurales, coordinación institucional y una visión a largo plazo que asuma que el agua es un recurso finito. @mundiario


