¿Cómo la peste negra modificó el sistema inmunitario del humano moderno?
Científicos de la Universidad de Chicago han determinado que variantes genéticas pudieron ofrecer una mayor inmunidad y probabilidades de sobrevivir a la peste bubónica.
La peste negra, la peor pandemia de la historia que acabó con aproximadamente la mitad de la población europea, pudo haber causado consecuencias que en la actualidad estamos experimentando. En concreto, un grupo de científicos liderados por la Universidad de Chicago ha determinado que este flagelo modificó nuestro genoma y nuestro sistema inmunitario.
La peste bubónica, provocada por la bacteria Yersinia pestis, se extendió drásticamente a lo largo de todo el continente europeo, Oriente Próximo y el norte de África, entre 1346 y 1350. Provocó la muerte de entre el 30 % y el 50 % de la población de esa época en tan solo cinco años, pero en los brotes de los siguientes 400 años la tasa de mortalidad disminuyó.
Los científicos siempre han tratado de encontrar la razón, asociada a una adaptabilidad del ser humano a la pandemia. Desde siempre también se ha sugerido que ese capítulo oscuro de nuestra historia supuso una presión selectiva muy importante en nuestra especie, pero habría sido muy difícil determinar eso con personas actuales, pues los humanos han atravesado muchas de estas presiones a lo largo del tiempo.
Por ello, los investigadores de la Universidad de Chicago, en colaboración con la Universidad de McMaster en Canadá, y el Instituto Pasteur en Francia, han conseguido analizar el ADN de los dientes de 206 esqueletos antiguos que pertenecieron a personas que vivieron antes, durante y después del masivo brote de peste. Los restos se consiguieron de las fosas comunes de East Smithfield, en Londres, y otros cuantos obtenidos en Dinamarca.
Las variantes genéticas otorgaban menor susceptibilidad
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature, exploró las variaciones genéticas relacionadas con el sistema inmunitario, consiguió establecer una relación directa entre la modificación de los genes y la susceptibilidad a la enfermedad de la peste negra. Para ello, se secuenciaron unos 300 genes relacionados con la inmunidad, de los que se identificaron cuatro en particular que, de acuerdo con la variante genética, aumentaban o disminuían la vulnerabilidad del sistema inmune ante la peste bubónica.
De esta manera, los científicos consiguieron detectar dos copias distintas de una variante específica del gen ERAP2, fuertemente relacionada con la supervivencia a la enfermedad. Resulta que quienes pudieron sobrevivir a la peste transmitieron esa variante genética funcional, conocida como rs2549794, a su descendencia. Las personas que poseyeran dos de esas copias de esa variante, eran capaces de producir copias completas del gen ERAP2, por lo que tenían aproximadamente un 40 % más de probabilidades de perseverar ante la enfermedad que quienes no tenían la variante funcional, o quienes no desarrollaran modificaciones genéticas.
“Cuando un macrófago (células que devoran antígenos) se encuentra con una bacteria, la corta en trozos para presentarlos a otras células inmunitarias (como los linfocitos) señalando que hay una infección”, asegura el investigador Luis Barreiro, profesor de Medicina Genética en la Universidad de Chicago y autor principal del estudio.
No obstante, los investigadores alertan de que haber heredado esa variante, que al principio fue impresionantemente beneficiosa para sobrevivir a una de las peores calamidades, hoy en día puede tener sus contratiempos. “Tener esa misma variante que encontramos como protectora contra la peste negra se asocia hoy con una mayor susceptibilidad a ciertas dolencias autoinmunes, como puede ser la enfermedad Chrohn”, advierte Barreiro, que adelanta que seguirán analizando el genoma humano para poder comprender cómo los seres humanos actuales son más susceptibles a una enfermedad debido a las mutaciones del pasado. @mundiario



