A la prensa, ¡salud!

El libro El periodismo, una profesión emocionante. / Mundiediciones
El libro El periodismo, una profesión emocionante. / Mundiediciones
¿Cuándo no han sido tiempos difíciles para los obreros de la información y la crítica? El buen periodismo, el que no es servil, siempre vivirá entre la espada de los unos y el dogal de los otros.

Son tiempos duros para el buen periodismo… Pero, en realidad, ¿cuándo no han sido tiempos difíciles para los obreros de la información y la crítica? La prensa ha encontrado en su camino escollos desde el día en que vio la luz. Informar con la verdad, criticar, opinar con fundamentos e interpelar, siempre han sido y serán acciones incómodas para los gobiernos, para los individuos y para la misma sociedad en su conjunto. Sin embargo, hermosa paradoja, ningún gobierno, ningún individuo y ninguna sociedad bienhechores querrían existir sin la prensa, pues ella es uno de los brazos de la libertad y la civilización.

El periodismo es una expresión de la naturaleza más pura del ser humano. Los clásicos griegos advierten que el hombre es innatamente social y político. Y al ser político y social, es, por extensión, comunicativo. Al igual que no se podría entender sin alma, no se puede entender un ser humano sin historias que narrar, sin recuerdos que depurar y sin ideas que transmitir. Los primeros periódicos, impulsados por las inquietudes de la burguesía europea del siglo XVIII, fueron el punto culminante de ese impulso prístino del ser humano: había llegado la imprenta, luego el papel, por tanto, ahora se podía producir una hoja para opinar sobre los asuntos que embargaban a la sociedad y al individuo.

Un gran escritor lleva en sí un periodista

El oficio técnico y especializado del periodista es relativamente nuevo, porque antes los periodistas eran los intelectuales y escritores que polemizaban sobre todo tipo de cuestiones. Con el tiempo, la academia y los mismos periodistas empíricos fueron sistematizando y tecnificando la labor informativa, hasta convertirla en una rama más de la técnica y el saber humanos. Pero todo gran escritor lleva en sí un periodista y, a la vez, todo buen periodista es un buen escritor, porque ambos comparten un mismo estilo de vida: olfatean lo novedoso e interesante, viven palpando el entorno, a veces fantasean demasiado o a veces se enfrascan en la más llana realidad, siempre tienen en mente una historia que escribir, viven pensando en qué adjetivo colocar, en qué verbo irá mejor…

Por este motivo, así como quiero elevar una felicitación a todos los obreros del periodismo, noble y edificante labor para el espíritu crítico y la cultura de las sociedades, cuyo día fue el pasado 10 de mayo en Bolivia, deseo también dignificar aquel oficio y elevarlo hasta su sitial de honor, aseverando que para ser periodista —como aquí fueron Franz Tamayo, Alcides Arguedas, Demetrio Canelas, Fernando Diez de Medina, Augusto Céspedes y otros paladines de la pluma y la crítica— se necesita más, mucho más que saber pararse frente a una cámara o levantar un micrófono. Son necesarios una gran cultura y un agudo sentido crítico que permitan, como a Don Quijote, entrever los entuertos de la sociedad para desfacer sus agravios y miserias.

No le deseo a la prensa un camino expedito de problemas y allanado de obstáculos, porque se ha visto que bajo el cielo de este mundo ninguna cosa que crece sin dificultades o problemas es digna de existir. Pues el dolor y la prueba purifican, rectifican y, otra paradoja, impelen hacia adelante más que el mismo éxito y la felicidad. De este modo, vuelvo a la pregunta del inicio: ¿cuándo no han sido tiempos difíciles para los obreros de la información y la crítica? El buen periodismo, el que no es servil, pusilánime o matrero, siempre vivirá entre la espada de los unos y el dogal de los otros.

Larga vida a los periódicos escritos por buenas plumas, a los programas televisivos que instruyen y moldean el espíritu, a los periodistas radiofónicos y locutores cuyas voces critican, instruyen y nos llevan a pensar. Un país con buen periodismo no puede tener otro destino que el del desarrollo espiritual y material y el de la expansión de la cultura. A toda la buena prensa y a los buenos obreros de la misma, ¡salud! @mundiario