Vox lleva el ritmo de la negociación y exige al PP que despeje la incógnita del sucesor de Mazón
El partido de Abascal acelera los tiempos y emplaza a los populares a nombrar cuanto antes a su candidato, a quien buscan implicar personalmente en las negociaciones y las concesiones que se pacten.
La negociación para designar al sustituto de Carlos Mazón al frente de la Comunidad Valenciana ha comenzado formalmente con un movimiento calculado de Vox, decidido a marcar los tiempos. Tras una “primera toma de contacto”, fuentes del partido de Santiago Abascal confirmaron que han instado al PP a nombrar de inmediato a su candidato a la Presidencia de la Generalitat, con el fin de “acordar directamente con él las políticas que garanticen la reconstrucción de la Comunitat Valenciana y su defensa frente a las políticas destructivas de Pedro Sánchez”.
El mensaje de Vox pasa porque no habrá avances hasta que el PP ponga nombre y rostro a su nuevo aspirante, para implicarlo personalmente en los acuerdos que se adopten. La dimisión oficial de Mazón, publicada este viernes en el Boletín Oficial del Estado (BOE), ha activado el reloj: los grupos parlamentarios disponen de 12 días para presentar candidatos a la investidura.
Abascal ha delegado la dirección de las conversaciones en su número dos, Ignacio Garriga, acompañado por la secretaria general adjunta, Montserrat Lluís. La designación de ambos evidencia la importancia que Vox otorga al proceso valenciano, considerado un banco de pruebas para su nueva estrategia nacional: condicionar los gobiernos del PP sin necesidad de integrarse formalmente en ellos.
En esta ocasión, la formación ultra pretende imponer su agenda desde fuera del Ejecutivo, elevando el listón de sus demandas. Vox ya ha anticipado que el nuevo presidente valenciano deberá rechazar el Pacto Verde europeo y oponerse a la acogida de inmigrantes irregulares, compromisos que Mazón había aceptado en su momento. Pero fuentes del partido no descartan incluir nuevas condiciones, entre ellas la revisión de la ley trans autonómica o el cierre de centros de menores extranjeros.
Catalá y Pérez Llorca, los nombres en la encrucijada
En el entorno del Partido Popular, la negociación se desarrolla bajo un fuerte hermetismo. Génova delega los contactos en la dirección valenciana, aunque mantiene un papel de supervisión a distancia. Alberto Núñez Feijóo trata de evitar la imagen de subordinación ante Vox, consciente del desgaste político que podría suponer una cesión pública a Abascal.
Pese a los intentos de prudencia, la relación entre ambos líderes atraviesa un momento delicado. Abascal, molesto por la forma en que se gestionó la salida de Mazón, llegó a acusar a Feijóo de haber entregado “un chivo expiatorio a Pedro Sánchez”. Aunque ambos mantuvieron una conversación telefónica “cordial” esta semana, el líder de Vox advirtió después, en tono desafiante, que negociar con el PP “es casi jugar a la ruleta rusa”.
El PP valenciano se encuentra inmerso en un proceso interno cargado de incertidumbre. Los nombres de María José Catalá, alcaldesa de Valencia, y de Juanfran Pérez Llorca, secretario general del PPCV, son los que más suenan como posibles sucesores. Sin embargo, ambos escenarios generan resistencias.
Catalá cuenta con el respaldo de Feijóo, pero su salida del Ayuntamiento podría provocar un vacío político en la capital. Por su parte, Pérez Llorca ha sido citado a declarar como testigo el 21 de noviembre en la causa que investiga la dana de 2024, una circunstancia que complica su candidatura y añade presión al calendario.
Vox gana terreno en el tablero valenciano
Mientras tanto, el PP confía en alcanzar un acuerdo rápido, pero en privado admite el riesgo de que Vox alargue las negociaciones hasta el límite. En Génova temen que Abascal utilice el proceso valenciano para desgastar al partido y reforzarse de cara al nuevo ciclo electoral.
Vox percibe en la Comunidad Valenciana una oportunidad estratégica. Con la dimisión de Mazón, la formación ultra busca proyectar fortaleza y consolidarse como actor imprescindible para la gobernabilidad. La cita con las urnas —si finalmente se convocan elecciones en marzo— podría convertirse en un punto de inflexión para medir la correlación de fuerzas dentro de la derecha.
El PP, por su parte, afronta un dilema de alto riesgo: aceptar las exigencias de Vox para garantizar estabilidad inmediata, o resistir y exponerse a un adelanto electoral con resultado incierto. Cualquiera de las dos opciones compromete el discurso nacional de Feijóo, en un momento en que necesita proyectar imagen de liderazgo y autonomía frente a su socio incómodo.
La partida valenciana se ha convertido en un termómetro político para la relación entre el PP y Vox en el conjunto de España. Mientras los populares buscan tiempo y prudencia, Abascal pisa el acelerador y exige definiciones. El futuro de la Generalitat Valenciana, y quizá también la estrategia nacional de la derecha, se decidirán en las próximas semanas entre la urgencia, la desconfianza y la presión mutua. @mundiario





