La Generalitat tenía preparada la alerta de la dana una hora y media antes de enviarla

La investigación judicial sobre la dana en Valencia revela que el mensaje de alerta a la población se preparó más de una hora antes de enviarse. El retraso y la falta de instrucciones claras para ponerse a salvo, en una tragedia con 229 víctimas, reabren el debate sobre la gestión de emergencias.
Carlos Mazón. / carlos_mazon_ en X
Carlos Mazón. / carlos_mazon_ en X

El 29 de octubre de 2024, la provincia de Valencia vivió una de las tragedias meteorológicas más graves de su historia reciente. La dana dejó 229 fallecidos, la mayoría por el desbordamiento del barranco del Poyo. Ahora, la investigación judicial revela que la Generalitat disponía de un borrador del mensaje de alerta ES-Alert a las 18.37 horas. Sin embargo, dicho aviso se envió a la población a las 20.11, cuando la situación ya era crítica y muchas personas estaban atrapadas en zonas inundadas.

La diferencia no fue solo el tiempo, sino el contenido. El aviso final instaba a no desplazarse, pero no recomendaba algo esencial para salvar vidas: ponerse a salvo en lugares elevados. La jueza ha señalado que el mensaje fue tardío y además errado. Esto es clave, porque en una emergencia hídrica, unos metros de altura pueden ser la frontera entre vivir y no vivir. Como cuando uno ve venir la crecida de un río, no basta con decir “quédese donde está”; la consigna debe ser clara, inequívoca y orientada a la autoprotección más básica.

Cuando la información se vuelve confusión

Según la documentación aportada al juzgado, el primer borrador del mensaje fue calificado después por un responsable técnico como un “borrador chorra”. Pero esa valoración posterior abre una cuestión incómoda. Si el borrador era inadecuado, ¿por qué no se produjo con urgencia otro mensaje más claro? ¿Qué procesos burocráticos impidieron que la alerta fuera corregida y lanzada en minutos, como ocurre en países con experiencia en huracanes o tsunamis?

En medio de la emergencia, incluso la comunicación interna parecía desorientada. Un vídeo solicitado por una acusación popular muestra a responsables políticos hablando de una “explosión meteorológica” que afectaba varias comarcas, mientras se constataba que ni siquiera la Unidad Militar de Emergencias podía acceder a algunas zonas. La información era fragmentada, y en una crisis lo fragmentado se convierte en un laberinto peligroso.

La responsabilidad no es solo técnica, es política y cultural

La ciudadanía confía en que, ante una catástrofe natural, las instituciones actúen con rapidez, claridad y coordinación. La tecnología para alertas masivas existe y funciona. El problema surge cuando la comunicación se convierte en un debate interno sobre quién firma, cómo se redacta o en qué idioma se envía. Ante una riada no se negocia la sintaxis. Se salva vidas.

No se trata de buscar culpables fáciles, sino de asumir una verdad evidente: el clima extremo será cada vez más frecuente. España necesita protocolos de alerta que prioricen la inmediatez y la claridad. Necesita formación ciudadana, simulacros y una cultura donde la prevención no se perciba como alarma infundada, sino como responsabilidad colectiva.

Porque la próxima dana no preguntará si estamos preparados. Simplemente llegará. Y cuando llegue, cada minuto volverá a contar. @mundiario

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