Hasta el verano no se sabrá el final del vodevil de Juan Carlos I y Corinna Larsen

Pareja Juan Carlos Corinna
Corinna Larsen y Juan Carlos I. / Mundiario
La examante declaró "no me arrepiento de mi relación romántica con Juan Carlos. Y me entristece mucho el rumbo que han tomado las cosas".
Hasta el verano no se sabrá el final del vodevil de Juan Carlos I y Corinna Larsen

En el romancero popular tradicional español abundan las letrillas alusivas a la ingenuidad del animal varón que anda en tratos con mujeres de bulla, barraganas o mancebas, concluyendo que tales sujetos a veces deben pagar dos veces por los servicios prestados. Algunos turiferarios del rey honorífico rivalizan ya en sus críticas a la malvada Corinna Larsen en situarla en la esfera de mujer despechada, rencorosa y malvada contra un inocente varón que se enamoró de ella y cayó en sus redes. Fue el periodista Marhuenda, Paco, el primero que hace tiempo puso el ojo en la ex amante de Su Majestad Católica, con especial dureza. Los españoles asistimos a esta nueva romanza del vodevil que protagonizan Juan Carlos I y esta mujer que, de momento, va logrando que el mal llamado emérito tenga que responder de sus actos, tras fracasar su pretensión no de negarlos, sino de tratar de cobijarse bajo el, en su caso, innoble paraguas de la inmunidad. De momento, la argucia de sus abogados, no ya de negar los hechos, sino de pretender que no pudieran ser juzgados en el Reino Unido de la Gran Bretaña, ha sido desmontada por un juez que aplica la lógica a su razonamiento desestimador. Conviene recordar que ni el Gobierno español ni la Casa Real respondieron a la petición del juez inglés que solicitó que oficialmente se le comunicara cual era el estatus oficial de Juan Carlos en España.

En mi próximo libro, a punto de salir de imprenta, que publicará Mundiediciones, titulado Juan Carlos I, el Faruk español. Orígenes, episodios, sucedidos, lances, lances y conflictos de monarca honorífico”, reproduzco completo el texto de la demanda civil que Corinna Larsen presentó en Londres contra Juan Carlos I, y que es un pormenorizado relato de sus relaciones hasta llegar a la actual ruptura. Por cierto, que este libro debería haber salido en diciembre, pero la sucesión de acontecimientos hizo que hubiera que irlo ampliando para recoger la historia de nuestro personaje y sus andanzas nada ejemplares, desde que la prensa extranjera (que no la española) empezó a ocuparse de ellas, por lo que gran parte de su reinado se desarrolló en la más completa impunidad. Juan Carlos hacía sencillamente lo que le daba la gana. Este libro tiene dos partes: La primera, más histórica y jurídica, recuerda cómo Juan Carlos llega a rey. La segunda es como un gran reportaje compilador de lo que ha sido el reinado de Juan Carlos I, especialmente desde el momento que los medios rompen el pacto de silencio   y se producen los episodios sucesivos que desembocarán en su abdicación, sus problemas judiciales y la forzada salida del país. Todo indica que allá para el verano, sabremos el final de la parte substancial de la historia en el escenario de Londres, en cuanto si el ciudadano español Juan Carlos de Borbón, que de momento no es otra cosa, tendrá que responder de lo que él gusta en llamar “hechos privados” de sus negocios amorosos con Corinna Larsen.

A esta historia le queda mucho trecho, luego de que el juez Matthew Nicklin, del Tribunal Superior en Londres, haya denegado el permiso a Juan Carlos I para que recurra ante él su decisión de no reconocer su inmunidad por su pretendida condición de miembro de la Casa Real española, pero le queda la vía del Tribunal de Apelación, que será quien decida de aquí a finales de junio si ratifica o rebate la posibilidad de que el mal llamado emérito sea juzgado por un tribunal británico. Según todos los cálculos, para el verano sabremos en qué acaba la historia. De momento, está en marcha la campaña para limpiar la imagen de Juan Carlos, al que se presenta como un pardillo engañado por una mala mujer. Esto es lo más gracioso

Cuando la amante pisaba la alfombra roja

Que aquella que apareciera en la comitiva de Rey Juan Carlos, pisando la misma alfombra roja en un viaje de Estado, o que su amante llevó en un viaje oficial en el que iba también la reina, o que residió en una finca del patrimonio nacional, a cuenta de los contribuyentes españoles, a un tiro de piedra de su amigo, haya acabado denunciando judicialmente en Londres a su antiguo amante por acoso y otras más graves conductas, en las que implica a los servicios de inteligencia del Estado español, le exige una elevada indemnización, por daños morales y psicológicos, es toda una novela. Pero, sobre todo, la misma que recibiera como “regalo” 65 millones de euros, obtenidos por Juan Carlos I por donación del rey de Arabia Saudí no ha parado de hablar en prensa, televisiones, la radio o ante jueces e investigadores, desvelando aspectos cada vez más sorprendentes, sórdidos y nada ejemplares de quien dice que quiso tomarla en matrimonio, pero las relaciones de Corinna con Juan Carlos I presenta elementos propios de un ménage à trois social, dada las relaciones del honorífico con alguno de los ex maridos de su amante. De suyo, Corinna actuó de hecho como agente del Gobierno español en más de un negocio internacional, según ella misma.

El 29 de diciembre de 2020, Corinna presentar a ante el Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra una extensa demanda contra Juan Carlos y los servicios secretos españoles.  Fue tramitada en marzo de 2021 y el texto le fue remitido a Juan Carlos I al Palacio de la Zarzuela en Madrid y a su residencia de Abu Dabi, en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), donde vive desde el 4 de agosto de 2020. Se cree que Juan Carlos I se resistió a dar el acuse de recibo al documento de 30 folios que contiene los denominados particulars of claim, el relato del caso y de los hechos, lo que obligó a Juan Carlos a contratar al carísimo bufete Clifford Chance de Londres, ya que Corinna acusaba a su ex amante Juan Carlos y a los servicios secretos españoles de haberla sometido a acoso, vigilancia ilegal y otra serie de conductas ilegales, por lo que además de una indemnización, solicitaba que ni el rey honorífico ni los agentes del CNI, se comunicaran con ella ni que pudieran acercarse a menos de 150 metros de ella. Según la denuncia, los hechos se inician en Montecarlo, donde residía, a partir del año 2012.

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Corinna Larsen en una comitiva oficial en el pasado. / Mundiario

En su escrito, Corinna Larsen insiste en que los servicios secretos españoles son los responsables del espionaje al que ha estado sometida tanto en Londres como en Montecarlo desde el año 2012. El punto de ruptura entre ambos amantes habría sido el hecho de que Juan Carlos le exigiera la devolución de los 65 millones que le había regalado para asegurar su futuro y el de su hijo. Según la denunciante, la campaña de acoso y difamación la había ha perjudicado seriamente sus negocios, haciéndola perder mucho dinero, por lo que exigía que Juan Carlos se lo compensara. La denuncia pasó a trámite con cierto retraso y no fue puesta a disposición del tribunal hasta el 26 de julio de 2021. La señora Larsen alega que Juan Carlos le dio aquellos millones, pero que, al finalizar la relación, la acusó de robarlos, los reclamó y la difamó, hecho que le habría provocado una pérdida de ingresos de su puesto de trabajo como "consultora estratégica que trabajaba con particulares de alto valor neto y con empresas líderes de todo el mundo", pero no especifica qué resarcimiento pide, aunque apunta que sería de "decenas de millones de euros".

La demanda de Corinna, crónica viva de sus relaciones

La propia Corinna cuenta en la demanda cómo empezaron y fueron sus relaciones con Juan Carlos: “La Demandante y el Demandado se conocieron en 2004. Poco después de conocerse, la Demandante y el Demandado iniciaron una relación sentimental, y en enero de 2009 el Demandado le pidió a la Demandante que se casara con él. Sin embargo, sus relaciones íntimas concluyeron en 2009 cuando la Demandante supo que su relación no era exclusiva por parte del Demandado. […] A comienzos de 2012, el Demandado trató de persuadir a la Demandante de reanudar su anterior relación e incluso le propuso matrimonio en varias ocasiones a partir de entonces, que la Demandante rechazó”. Corinna cuenta que, tras la ruptura “El Demandado continuó presionando a la Demandante para reanudar su anterior relación íntima. Llamaba a la Demandante a diario, a menudo varias veces al día, y esperando que ella estuviera a su disposición a su voluntad. Le mostró a la Demandante los planos de un palacio en Madrid que afirmaba sería reformado para nosotros. Hacia mayo 2014, le propuso matrimonio a la Demandante, no era la primera vez. La Demandante lo rechazó, entre otras razones debido a que el Demandado estaba casado con la reina Sofía y veía a otras mujeres. En junio de 2014 el Demandado abdicó. Empezó a viajar a Londres con mayor frecuencia y afirmaba falsamente a los amigos y conocidos que él y la Demandante habían vuelto y pronto se irían a vivir juntos a Londres. Hacia finales de agosto y principios de septiembre de 2014, la Demandante expresó claramente al Demandado en Londres que no quería reanudar ninguna relación amorosa ni íntima con él. Fue cortés pero firme. En un principio, la reacción del Demandado mostraba desesperación y confusión. Después enfado e indignación por el rechazo de la Demandante ante sus proposiciones. A continuación, se negaba a aceptar la decisión de la Demandante y su actitud y maneras hacia la Demandante cada vez eran más amenazantes. Afirmó que, si la Demandante no retomaba su relación, habría consecuencias. También empezó a presionar, por primera vez, para lograr la restitución de regalos financieros y de otra índole con los que había obsequiado a la Demandante, incluida la Donación Lucum (contraviniendo el contrato de donación entre ellos), que le había entregado a ella libre e irrevocablemente”.

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Corinna Larsen camino de un juzgado en Londres. / YouTube

Dice Corinna que todos estos hechos. “han socavado su sensación de bienestar. Su forma de vida se ha visto perjudicada de manera drástica. Ha padecido gran angustia, ansiedad, falta de sueño y preocupación por su propia seguridad física y la de sus hijos. Se ha visto sometida a la amenaza continua del perjuicio físico, entrada sin autorización en su propiedad y vigilancia. El Demandado ha tratado de distanciarla de sus propios hijos, ha buscado sistemáticamente la ruptura de muchas amistades estrechas y relaciones profesionales de la Demandante, y ha intentado arruinar su reputación y sustento mediante la difusión de comentarios difamatorios y vilipendio en los medios de comunicación”. La demanda de Corinna requiere además que Juan Carlos la indemnice por los costes de su tratamiento médico de salud mental, derivados de la "instalación de medidas de seguridad personal y servicios diarios de protección", así como por la contratación de "ex diplomáticos y exfuncionarios del Gobierno" para que interviniesen con el fin de "poner fin al acoso" que sufría por parte de rey honorífico. Aunque al inicio no precisara la cantidad que requiere a don Juan Carlos, sí señaló que espera recibir los intereses correspondientes de conformidad con la ley por el importe y el periodo que el tribunal londinense considerase oportuno. En la acusación, en algunos pasajes dramáticos, viene a decir que "ha sufrido gran angustia, ansiedad, privaciones de sueño y preocupación por su propia seguridad física y la de sus hijos". Y por si falta algo por reclamar, añade que pide ser indemnizada por los gastos a los que dice que tuvo que hacer frente para contratar a su personal de relaciones públicas y comunicación para "mitigar los daños causados" a su reputación en la prensa.

Y para demostrar que se seguía considerando una señora, declaró en una entrevista en la BBC: "No me arrepiento para nada de mi relación romántica con Juan Carlos. Tengo sentimientos muy sinceros por él. Y me entristece mucho el rumbo que han tomado las cosas". @mundiario

Hasta el verano no se sabrá el final del vodevil de Juan Carlos I y Corinna Larsen
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