¿Sopesa EE UU lanzar un ataque nuclear preventivo contra Rusia y China?

Vladímir Putin, presidente de Rusia, y Xi Jinping, presidente de China. / RR SS
Vladímir Putin, presidente de Rusia, y Xi Jinping, presidente de China. / RR SS
El libro Entre dos edades: El papel de Estados Unidos en la era tecnotrónica explica que el "poder debe pasar a manos de un nuevo orden político global basado en un vínculo económico trilateral entre Japón, Europa y Estados Unidos”.
¿Sopesa EE UU lanzar un ataque nuclear preventivo contra Rusia y China?

Zbigniew Brzezinski, autor del libro El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos (1.997), considerada la Biblia geoestratégica de la Casa Blanca como el libro de cabecera de las sucesivas generaciones de geoestrategas y politólogos, habría levantado acta del inicio del declive del imperialismo estadounidense, al afirmar que “es cierto que nuestra posición dominante en la política internacional no es la misma que hace 20 años, pues desde 1991, Estados Unidos, en su estatus de potencia mundial, no ha ganado ni una sola guerra”. En consecuencia, añade que, en su opinión “a Estados Unidos le ha llegado la hora de entender que el mundo contemporáneo es mucho más complicado y más anárquico que en los últimos años después de la Guerra Fría, con lo que la acentuación de nuestros valores así como la convicción en nuestro excepcionalismo y universalismo, son al menos prematuras desde el punto de vista histórico”.

Siguiendo con la exposición de su tesis sobre el declive de EE UU, en un discurso durante una reunión del Council on Foreing Relations (CFR), el exasesor de Carter advirtió de que “la dominación estadounidense ya no era posible debido a una aceleración del cambio social impulsado por la comunicación instantánea que han provocado el despertar universal de la conciencia política de las masas (Global Political Awakening) y que está resultando perjudicial para la dominación externa como la que prevaleció en la época del colonialismo y el imperialismo”.

Asimismo, en un artículo publicado en la revista Foreign Affaire (1970), exponía su visión del Nuevo Orden Mundial al afirmar que “se hace necesaria una visión nueva y más audaz con la creación de una comunidad de países desarrollados que puedan tratar de manera eficaz los amplios problemas de la humanidad”, esbozos de una teoría que perfilará en su libro Entre dos edades: El papel de Estados Unidos en la era tecnotrónica (1971), donde explica que “ha llegado la era de reequilibrar el poder mundial, poder que debe pasar a manos de un nuevo orden político global basado en un vínculo económico trilateral entre Japón, Europa y Estados Unidos”. Esta doctrina implicaría el sometimiento de Rusia y China e incluiría la posibilidad de un ataque nuclear preventivo por parte de EE UU utilizando misiles Trident II contra objetivos vitales rusos y chinos en el supuesto de declararse la Tercera Guerra Mundial.

¿Está evaluando EE UU un ataque nuclear preventivo contra Rusia y China?

El conflicto ucraniano habría escenificado el retorno de la Guerra Fría entre Rusia y EE UU (Guerra Fría 2.0), la reactivación de la carrera nuclear y una posible reedición de la crisis de los misiles que tendría como epicentro Kaliningrado. Así, la OTAN habría apostado por incrementar los recursos destinados al desarrollo militar además de informar de sus proyectos de colaborar en esa área con países como Ucrania, Georgia, Moldavia y Polonia tras la crisis ucraniana y habría incrementado su presencia militar en el Este europeo al emplazar cuatro batallones en los Países Bálticos y Polonia, así como 20 aviones F-16, con lo que el contingente total de sus tropas en Europa superaría los 75.000 miembros.

Ello en la práctica significaba la vulneración del Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997, por la cual la OTAN descartaba “el estacionamiento permanente de un contingente sustancial y adicional de tropas de combate en el Este de Europa” y el retorno a la Doctrina de la Contención, cuyas bases fueron expuestas por George F. Kennan en su ensayo Las fuentes del comportamiento soviético, publicado en la revista Foreign Affairs en 1947; y cuyas ideas principales se resumen en una cita: el poder soviético es impermeable a la lógica de la razón pero muy sensible a la lógica de la fuerza.

En este contexto se incluiría la posible integración de Suecia y Finlandia en las estructuras militares de la OTAN y el incremento de fuerzas militares con 4 nuevos batallones desplegados en la frontera europea con Rusia. En el supuesto de ingresar Estocolmo y Helsinki en la Alianza Atlántica y cerrar el acceso del citado enclave soviético al mar Báltico, Rusia instalaría en Kaliningrado los misiles Iskander-M, dotados de ojivas polivalentes, así como misiles antiaéreos S-400 con lo que en palabras del politólogo Vladímir Abrámov "la provincia de Kaliningrado volverá a desempeñar el papel de pistola en la sien de Europa como hace dos décadas", no siendo descartable la reedición de la llamada Crisis de los misiles.

Por otra parte, asistimos a unas sorprendentes declaraciones del exministro británico de Exteriores, Philip Hammond, recogidas por el diario The Telegrah, en las que afirma que “Londres podría acoger misiles nucleares estadounidenses en suelo británico en medio de las tensiones con Rusia”, lo que podría entenderse como el retorno a una carrera armamentista como la mantenida durante la Guerra Fría con la URSS (reviviendo el proyecto Partnership entre EE UU y Europa para proveer a Londres de misiles Polaris en 1962). Así, según The Guardian, Johnson tendría la intención de ampliar su arsenal nuclear desde las 180 cabezas actuales hasta las 260, lo que implicaría la ruptura del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

El pacto Aukus, clave

De otro lado, el acuerdo estratégico entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos conocido como Aukus simbolizaría un cambio en la cartografía geopolítica mundial al desplazar al escenario atlántico por el indo pacífico como epicentro del pulso geopolítico entre EE UU y China, con el objetivo de establecer un arco de crisis nuclear alrededor de China que abarcaría desde la Cachemira india hasta Japón, pasando por Corea del Sur y Filipinas y cerrando el arco con Nueva Zelanda y Australia. El objetivo es claro: disuadir a Pekín de su aventura de dominar el mar de la China Meridional y lograr su posterior sometimiento.

Así, EE UU tendría planificado un programa nuclear con una duración de treinta años y un coste de 1 billón de dólares, que incluiría un nuevo misil hipersónico, además de un sistema diseñado para detectar misiles de crucero en territorio estadounidense (JLENS), no siendo descartable un ataque nuclear preventivo de EE UU utilizando misiles Trident II contra objetivos vitales chinos en caso de intento de ocupar Taiwán. @mundiario

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