Sánchez cierra filas con Puente y defiende su gestión frente a las peticiones de dimisión por Adamuz
El Gobierno ha optado por una estrategia clara tras el trágico accidente ferroviario de Adamuz y la prolongada crisis de Rodalies en Cataluña: respaldo político explícito al ministro de Transportes, Óscar Puente, y cierre de filas en torno a su gestión.
El presidente Pedro Sánchez no solo ha rechazado las peticiones de dimisión procedentes del PP, sino que ha elevado la defensa de su ministro a un eje central de su discurso público, en un momento marcado por la precampaña electoral en Aragón y por el creciente malestar institucional en Cataluña.
Desde Huesca, en un acto de apoyo a la candidata socialista Pilar Alegría, Sánchez trasladó todo su “reconocimiento” a Puente y subrayó que el ministro “está gestionando y dando la cara desde el primer momento”. El mensaje no fue casual ni neutro: el jefe del Ejecutivo vinculó la respuesta del Gobierno a una forma concreta de afrontar las tragedias, diferenciándola implícitamente de la actitud de la oposición.
Con ello, el accidente de Adamuz y el caos en Rodalies dejaron de ser una crisis de infraestructuras para convertirse en un argumento político de primer orden.
La defensa de Puente se produce además en un contexto delicado, marcado por el informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), que apunta a la rotura de la vía como causa más probable del descarrilamiento en Adamuz.
Este dato ha alimentado las críticas sobre el mantenimiento de la infraestructura y ha reforzado las acusaciones de mala gestión. Pese a ello, Sánchez ha insistido en que el Ejecutivo ha puesto a las víctimas en el centro, ha actuado con transparencia y ha evitado, según su planteamiento, la “confrontación política estéril”.
Ese discurso se trasladó de forma directa al escenario electoral aragonés. En Huesca, el presidente combinó la defensa de la gestión en Transportes con una apelación al voto útil frente a lo que denominó el riesgo de la ultraderecha, aludiendo a la fragmentación del espacio conservador. De este modo, una crisis nacional se integró en la narrativa de campaña autonómica, reforzando el mensaje de estabilidad del PSOE frente a una oposición presentada como desleal u oportunista.
Sin embargo, mientras Sánchez buscaba cohesionar a su electorado en Aragón, el frente catalán se complicaba. La suspensión del servicio de Rodalies durante varios días, el despliegue de planes alternativos de transporte y la falta de una fecha clara de normalización han intensificado el desgaste político. Aunque el Gobierno central insiste en que trabaja “día y noche, codo con codo” con la Generalitat, la percepción de colapso ha abierto grietas incluso entre los socios parlamentarios del PSOE.
Todo el cariño para las víctimas de los trágicos accidentes ferroviarios en Adamuz y Barcelona y sus familias.
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) January 25, 2026
El orgullo de los servidores públicos e instituciones que han trabajado con unidad, lealtad y eficacia.
Y mi reconocimiento al ministro @oscar_puente_ por su gestión. pic.twitter.com/ycAuYbisY6
En ese contexto, Oriol Junqueras ha dado un paso al frente y ha roto la tregua política con los ejecutivos socialista en Madrid y Barcelona. El líder de ERC ha exigido la dimisión tanto de Óscar Puente como de la consellera de Territorio, Sílvia Paneque, al considerar que ambos han fallado en sus responsabilidades ante el caos en Rodalies. Con esta posición, ERC se desmarca del tono de contención que había mantenido hasta ahora y eleva la presión política sobre el Ministerio de Transportes desde un flanco distinto al de la derecha.
La entrada de Junqueras en el debate cambia el equilibrio del conflicto. Ya no se trata solo de un enfrentamiento entre Gobierno y oposición, sino de una crisis que tensiona las alianzas parlamentarias y evidencia los límites del discurso de unidad defendido por Moncloa. Cataluña, clave para la estabilidad del Ejecutivo, introduce así un factor de incertidumbre adicional en un momento especialmente sensible.
Mientras tanto, Óscar Puente ha reiterado que no contempla dimitir y que se siente plenamente capacitado para continuar al frente del ministerio. Ha subrayado que su cargo está a disposición del presidente del Gobierno y que, desde su perspectiva, no concurre ninguna responsabilidad directa por acción u omisión que justifique su salida.
Este posicionamiento refuerza la idea de que el futuro político del ministro depende exclusivamente de la decisión de Sánchez. “Soy una persona nombrada por el presidente del Gobierno y, por tanto, mi puesto está a su entera disposición siempre. Él puede tomar la decisión de cesarme o pedirme que deje el cargo cuando quiera, pero sinceramente no estoy preocupado” , ha explicado el ministro en una rueda de prensa junto al presidente de Adif. @mundiario


