Feijóo acusa a Sánchez de “colapso” detrás de Adamuz: “el estado de las vías es el estado de la nación”

Concluidos los días de luto oficial, el líder del PP ataca al Gobierno por la seguridad de la alta velocidad y responsabiliza directamente al presidente de un “caos” que, a su juicio, es reflejo del deterioro general de los servicios públicos.
Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP. / Partido Popular
Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP. / Partido Popular

El accidente de Adamuz ha pasado, en cuestión de días, al núcleo del enfrentamiento político nacional. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo ha aprovechado el fin del luto oficial para romper la tregua y convertir la tragedia en un argumento central contra el Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusa de no garantizar la seguridad ferroviaria y de gestionar la crisis con opacidad y bandazos. “El estado de las vías es el reflejo del estado de la nación”, lanzó el jefe de la oposición.

El líder del PP niega que los siniestros de Córdoba y Barcelona —con causas distintas según las investigaciones preliminares— puedan interpretarse como hechos aislados. Para Feijóo, son síntomas de un problema más profundo: un Ejecutivo al que describe como “colapsado”, incapaz de ofrecer certezas en servicios públicos esenciales. Desde esa premisa, traslada la responsabilidad política a la cúspide del poder, señalando directamente al presidente del Gobierno y reclamando su comparecencia en un pleno extraordinario del Congreso o, en su defecto, en el Senado.

La gente quiere saber si es seguro o no subirse a un tren actualmente en España”, dijo el dirigente popular, al apelar al miedo ciudadano y legitimar la inquietud social después de sendos accidentes en la misma semana. Feijóo no afirma que no lo sea, pero subraya que la incertidumbre se ha visto agravada —según su relato— por decisiones del Gobierno como las limitaciones de velocidad y por mensajes que considera contradictorios. En su diagnóstico, la tragedia genera el temor, pero es la gestión política la que lo amplifica.

Uno de los ejes de la crítica es la falta de una “versión consistente” de lo ocurrido. Feijóo sostiene que, cinco días después, las explicaciones oficiales siguen siendo confusas, pese a la publicación del informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), que apunta a la rotura de una soldadura como causa más probable del descarrilamiento del Iryo. El líder del PP contrapone ese avance técnico a lo que define como un vacío político, la ausencia de un relato claro, dudas sobre la custodia de pruebas y una sensación de desorden que, a su juicio, incrementa la desconfianza pública.

Sánchez defiende la alta velocidad española

La crítica se amplía más allá del accidente concreto. Feijóo enmarca Adamuz en una narrativa de deterioro general de la gestión pública, evocando episodios recientes como el apagón eléctrico para sostener que España ha sufrido en menos de un año fallos graves en servicios esenciales. Desde esa óptica, descarta la “mala suerte” y habla de “mala política” e “incapacidad de gestión”, conectando la tragedia ferroviaria con una visión global del Ejecutivo.

Sin embargo, el líder popular mantiene un equilibrio calculado. Pese a la dureza de sus palabras, no ha pedido aún la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, aunque deja abierta esa posibilidad para más adelante. El objetivo político inmediato no es tanto forzar ceses concretos como elevar el foco hacia Sánchez y situarlo como responsable último de la crisis. El mensaje implícito es que la rendición de cuentas debe empezar por la Presidencia del Gobierno.

Desde Bruselas, Sánchez ha defendido la actuación del Ejecutivo y ha reiterado que la alta velocidad española sigue siendo un “orgullo” nacional. Ha prometido transparencia, apoyo a las víctimas y trabajo para recuperar la confianza ciudadana. Su respuesta, sin embargo, choca con la estrategia del PP, que insiste en que la gestión comunicativa y política ha sido insuficiente y tardía.

Adamuz se ha convertido en un campo de batalla donde se dirime la credibilidad del Gobierno en materia de gestión y la capacidad de la oposición para capitalizar el malestar social sin cruzar la línea de la instrumentalización del dolor. Mientras la investigación técnica sigue su curso, el debate político ya ha quedado fijado: seguridad, confianza y responsabilidad como ejes de una confrontación que, lejos de cerrarse con los informes, amenaza con marcar la agenda en las próximas semanas. @mundiario

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