Puente admite el descontrol ferroviario y pide disculpas, pero resiste la ofensiva del PP tras Adamuz

El ministro de Transportes ha reconocido ante el Congreso la gravedad de la crisis ferroviaria y pide disculpas a los usuarios por la tardanza en las soluciones, pero no da tregua al frente común del PP, Vox y Junts que reclama su cese.
Óscar Puente, ministro de Transportes. / Congreso
Óscar Puente, ministro de Transportes. / Congreso

La crisis ferroviaria que atraviesa España desde hace más de dos semanas llegó este martes al Congreso de los Diputados con un tono inusualmente crudo. Óscar Puente compareció para dar explicaciones sobre el accidente de alta velocidad de Adamuz (Córdoba), las incidencias en Rodalies y el siniestro de Gelida (Barcelona), en un contexto marcado por cortes de corredores estratégicos, retrasos generalizados, protestas sindicales y una creciente pérdida de confianza de los usuarios.

Desde el inicio de su intervención, el ministro asumió una parte del desgaste político y operativo acumulado. Pidió disculpas explícitas a los viajeros, reconoció que las soluciones están llegando más tarde de lo deseable y admitió que el sistema ferroviario ha entrado en una situación de “tormenta perfecta”. No fue un gesto menor en un escenario donde el Gobierno ha defendido tradicionalmente la solidez y seguridad de la red.

Puente, sin embargo, evitó entrar en el detalle técnico de las causas del accidente de Adamuz, en el que murieron 46 personas. Apeló a la prudencia y al trabajo de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), que apunta inicialmente a una fractura del carril previa al paso del tren Iryo. El ministro defendió que no puede establecerse aún una relación directa entre el siniestro y una falta de mantenimiento, aunque sí abrió la puerta a revisar los presupuestos destinados a esta partida en la alta velocidad.

La reapertura de la ruta Madrid-Andalucía, inicialmente prevista en 10 días, se ha retrasado por la complejidad de los trabajos y por las condiciones meteorológicas, una circunstancia que Puente utilizó para explicar parte de los retrasos acumulados. “La red ferroviaria no es una tetera, no se arregla en dos días, y cuando se abandona eso se tarda en arreglar”, resumió gráficamente en su defensa.

En el caso del corredor Madrid-Barcelona, el ministro vinculó las limitaciones de velocidad y las revisiones extraordinarias al estado emocional y a la mayor sensibilidad de los maquinistas tras la muerte de dos compañeros. Y en Rodalies, insistió en que la red arrastra problemas históricos agravados por una orografía compleja y por episodios meteorológicos extremos, aunque reconoció que el impacto en el servicio ha sido especialmente severo.

El PP endurece el ataque, pero no logra el relevo

La oposición, liderada por el Partido Popular, aprovechó la comparecencia para lanzar una ofensiva frontal contra el ministro. El diputado Héctor Palencia acusó a Puente de mentir desde el primer momento sobre Adamuz, cuestionó la supuesta “extrañeza” del accidente y denunció que se minimizara la antigüedad de algunos materiales de la vía. “Cuando un político miente se va a casa. El sistema entró en caos y usted mintió, es negligencia, dimita”, sentenció, reclamando su renuncia.

El PP también responsabilizó al ministro del accidente de Gelida, al considerar que la caída del talud era evitable y comparable a episodios anteriores en Cataluña. A estas exigencias se sumaron Vox y Junts, que elevaron el tono y reclamaron abiertamente la salida de Puente del Gobierno.

Sin embargo, la ofensiva no logró el objetivo político de forzar su dimisión. El ministro se mantuvo firme, respaldado por el grupo socialista y por una parte de los socios de investidura que, aunque críticos con la pérdida de prestigio del sistema ferroviario, optaron por no romper filas.

El respaldo incómodo de los socios

Las intervenciones de los aliados parlamentarios del Gobierno reflejaron un malestar evidente. Junts y ERC cuestionaron la gestión de Rodalies y, en el caso de los posconvergentes, se pidió directamente la dimisión del ministro. El PNV adoptó una posición más técnica y menos confrontativa, planteando una duda clave: si Adamuz es un hecho puntual o el síntoma de un problema estructural en el mantenimiento ferroviario.

Esta pregunta resume el trasfondo del debate. Puente defendió que la inversión en ferrocarril ha aumentado de forma significativa desde 2018, apoyándose en datos de la AIReF y comparando con etapas anteriores de gobiernos del PP. Pero incluso entre los socios del Ejecutivo se percibe la inquietud por la acumulación de incidencias y por la sensación de descontrol que se ha instalado entre los usuarios.

La comparecencia dejó claro que la crisis ferroviaria está lejos de cerrarse. Aunque el ministro pidió disculpas y reconoció errores en la gestión de los tiempos, el Gobierno sigue apostando por una narrativa de responsabilidad compartida con factores externos y déficits heredados. La oposición, por su parte, intenta capitalizar el malestar social, pero sin una mayoría suficiente para imponer consecuencias políticas inmediatas.

Puente sale de esta sesión parlamentaria debilitado, pero no derrotado. Ha admitido el problema, ha resistido la presión y ha ganado tiempo a la espera de las conclusiones de las investigaciones técnicas. El coste político, sin embargo, ya está en marcha, la confianza en el sistema ferroviario se ha resentido y el debate sobre si se trata de fallos coyunturales o de un problema estructural seguirá marcando la agenda en las próximas semanas. @mundiario

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